Nueva imagen muestra cómo es el universo profundo (mírala) 📷 ✨

Ahora podemos contemplar galaxias perdidas, gracias a la luz de las estrellas.

Qué duda cabe: observar el universo es observarnos a nosotros mismos. Por eso es un placer que haya sido actualizada la imagen del universo profundo, que reclama para nuestro disfrute la luz de las estrellas que habitan esta zona cósmica desconocida. 

Captar esta imagen fue posible gracias al trabajo de un grupo de astrónomos, cautivados por la idea de desentrañar los misterios del cosmos. Los investigadores pertenecen al Instituto de Astrofísica de Canarias y a la Universidad de La Laguna.

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Las galaxias perdidas

Con ayuda de las imágenes que ha tomado a lo largo del tiempo el telescopio espacial Hubble, los investigadores pudieron crear una nueva imagen, que nos permite apreciar incluso las galaxias más lejanas y grandes

Las fotografías del Hubble fueron tomadas durante 230 horas de observación,
lo que arrojó en 2012 la primera imagen del universo profundo:

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No obstante, el método de combinación en ese momento no permitía captar los objetos más borrosos. O, dicho en otras palabras: la tecnología fotográfica no era suficientemente sofisticada.

Mediante un innovador proceso de combinación de imágenes, los astrónomos pudieron recuperar la luz de las estrellas que normalmente era sofocada por las galaxias más grandes. Según los investigadores, esto equivalió a recuperar visualmente una galaxia entera.

El proceso permitió develar que el tamaño de las galaxias antes “perdidas” en la imagen original, son mucho más grandes de lo que se creía. Además, ahora se aprecian áreas grises que antes se diluían en la imagen.

Alejandro Borlaff, quien dirigió este proceso, dijo para Science Daily:

Lo que hemos hecho es regresar a las imágenes originales, tal como se observaron en el Hubble. Mejoramos el proceso de combinación, buscando una mejor calidad de imagen no sólo para las más pequeñas y distantes galaxias, sino también para las regiones extendidas de las galaxias más grandes.  

Si esto es lo que se logró en menos de 1 década, ¿te imaginas qué podremos contemplar –y descubrir– de nuestro universo en algunos años más?



Astrofotógrafos retratan esta onírica galaxia en un collage de 4,000 fotos

Un vistazo de 240 megapixeles a una galaxia que está a 163,000 años luz de distancia.

La Gran Nube de Magallanes es una galaxia enana que permaneció oculta a los ojos de Occidente durante siglos –si bien, no a los de Oriente–. Su peculiar posición en el firmamento, exactamente en dirección al polo sur, la hace invisible para las latitudes mediterráneas. Pero hoy, lo que antes fue misterio no sólo se conoce mejor gracias a la ciencia, sino también gracias al arte.

Astrofotógrafos amateurcomo aquel que nos regaló las fotografías más preciosas de la luna– compartieron recientemente un collage de 4,000 fotografías, mismas que forman una masiva imagen de la Gran Nube de Magallanes, tan precisa como profunda y colorida. Los artistas de Ciel Austral tomaron fotografías desde julio de 2017 y hasta febrero de 2019, utilizando un telescopio refractor ubicado en un observatorio de Chile. La imagen de 240 megapíxeles fue construida con 4,000 imágenes; un precioso collage continuo que requirió más de 1,060 horas de exposición.

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Los asombrosos detalles que esta gran fotografía devela no son sólo un deleite visual, sino una forma de conocer más del universo y de las galaxias más cercanas a la Vía Láctea, como la Gran Nube de Magallanes. Y es que los colores de la imagen no son producto de una decisión de índole estética, sino que son filtros basados en los elementos químicos presentes en las “nubes” de esta galaxia onírica.

Si quieres ver esta imagen en toda su magnitud, sólo tienes que ir a la página de Ciel Austral.



Así podría llegar a su fin el universo como lo conocemos

Ya sea con un gran congelamiento o con una ruptura en el espacio tiempo, el universo llegará a su fin tarde o temprano.

«Así es como termina el mundo, no con una explosiónsino con un suspiro»

T. S. Eliot

 

Lamentamos recordártelo, pero tarde o temprano todo lo que conoces, todo lo que amas u odias, incluso tú, morirá. Como dice el refrán, “Todo lo que inicia, acaba”, y de modo semejante al ciclo de una vida humana, del nacimiento a la vejez, nuestro universo también llegará a su fin.

Pensar en la finitud de la existencia probablemente sea una de las ideas capaces de entristecer hasta al más optimista -pero no cabe duda de que imaginar las posibilidades del final también resulta fascinante desde un punto de vista científico-.

El fin de la Tierra como la conocemos es un problema menor comparado con el fin del universo. Sin contar con las tendencias autodestructivas propias de la especie humana, y asumiendo que el cambio climático no produzca cambios que vuelvan imposible cualquier forma de vida en el planeta, nuestra atmósfera seguirá siendo habitable durante 1,000 millones de años más.

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El sol de nuestro sistema solar tiene entre 7,000 y 10,000 millones de años de vida por delante antes de convertirse en una gigante roja que se expandirá más allá de su tamaño actual y engullirá a los planetas circundantes, previo a volverse una enana blanca tremendamente masiva, aproximadamente del tamaño actual de la Tierra.

Según el físico John Baez de la Universidad de California en Riverside, la vida de las estrellas rojas es de 100 trillones de años (considerando que 1 trillón equivale a 1 millón x 1 millón de años, una cifra bastante difícil de imaginar desde la escala humana). Pasado este tiempo, la estrella se apaga al quedarse sin energía, o es absorbida por otro cuerpo celeste de mayor masa y gravedad, como un agujero negro.

Esto es lo que ocurrirá también con el Grupo Local de nuestra galaxia cuando la Vía Láctea colisione con su vecina, la galaxia de Andrómeda, en menos de 6,000 millones de años. Tanto la sonda Gaia como el telescopio espacial Hubble han confirmado que ambas galaxias se encuentran en un curso de colisión de 300km/s desde el punto de vista de nuestro sol; su acercamiento definitivo tendrá lugar un poco antes, en 3,870 millones de años, y su fusión en una galaxia elíptica, en 5,860 millones de años. Ese será el fin de nuestra galaxia, que será absorbida en una nueva unidad.

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La “gran congelación” o la muerte del calor

A partir de entonces, en este lugar del universo al igual que en el resto, la gravedad de los cuerpos celestes más masivos atraerá a los más pequeños, hasta que toda la materia entre en los agujeros negros o flote como partículas libres, cada vez más lejos unas de otras.

Eventualmente, los agujeros negros también se van a evaporar. Este proceso fue descrito por Stephen Hawking, quien explicó que la vida de los agujeros negros, aunque considerablemente larga, también es finita. Calcular su duración equivale a multiplicar 10 a la centésima potencia (10^100, un gúgol). Cuando los agujeros negros se consuman, la materia restante seguirá alejándose más y más hasta que el espacio sideral quede realmente vacío y frío, tal vez para siempre.

La profesora Katie Mack, de la Universidad del Estado de Carolina del Norte, explicó que “podemos intentar entenderlo, pero no hay nada que podamos hacer para cambiarlo de ninguna manera”.

Y es que pensar en el fin del universo no solamente es un reto para los astrofísicos que lo estudian, sino que nos da un poco de perspectiva acerca del lugar de la humanidad en el universo. Es una postura entre filosófica y científica, pero sin duda de un realismo total, pues como dice la profesora Mack, “no tenemos ningún legado en el cosmos, eventualmente. Ese es un concepto interesante”.

 

El “gran desgarramiento”

Pero no todo tiene que terminar en una helada universal que dure un tiempo incalculable: otras teorías apuntan a que el universo no sólo se está expandiendo, sino que esa expansión se está acelerando. La energía oscura podría apresurar aún más esta aceleración.

La energía oscura, según los teóricos, es fuerza gravitacional repulsiva que empuja toda la materia más y más lejos desde su punto de origen, desde el principio del universo. Sin embargo, científicos como Carlos Frenk de la Universidad de Durham, afirman que “energía oscura” es solamente una forma de llamar a un fenómeno para el cual los científicos no tienen una explicación satisfactoria.

Aunque el gran congelamiento parece más probable que el gran desgarramiento, si la energía oscura en el vacío del universo acelera lo suficiente la expansión, en unos 100,000 millones de años el universo entero podría romperse, cambiando la naturaleza misma del vacío.

Imagina un vacío más “vacío” que lo que conocemos por ese nombre. El gran desgarramiento podría llevarse consigo toda la lógica con la que funciona el universo como lo conocemos, cambiando radicalmente las interacciones de la materia.

Este es el agujero negro más masivo descubierto hasta el momento.

Los investigadores piensan que el universo es estable gracias a elementos como el “campo de Higgs”, que determina la masa de las partículas subatómicas; si elementos como ése se ven afectados por el gran desgarramiento, nadie conoce a ciencia cierta las consecuencias: una destrucción potencial o el inicio de un período de “metaestabilidad”, donde las reglas cambien. Sería el inicio de una física completamente distinta. Y su final.

La profesora Mack explica que “en algún punto del universo, tendrías una burbuja de vacío auténtico que se expande a la velocidad de la luz y envuelve al universo, destruyendo todo”.

¿Un vacío a la velocidad de la luz? Y no sólo eso: un vacío capaz de absorber planetas, galaxias enteras más rápidamente que un agujero negro.

 

Inflación cósmica, ¿un nuevo comienzo?

Todas las perspectivas apuntan hacia lo mismo: en un corto plazo (en la escala del tiempo universal), la humanidad será destruida; tal vez ganemos algo de tiempo si logramos colonizar algún sistema planetario vecino, o encontrar la manera de viajar entre galaxias. De cualquier manera, con humanos o sin ellos, la maquinaria del universo sigue moviéndose en direcciones inesperadas hacia el fin… o hacia el inicio.

Si la gran expansión (Big Bang) fue el comienzo de todo, ¿cómo saber si no existió antes otra física, otro universo (o universos) cuyo resultado final fuera el comienzo del nuestro? Alan Guth, físico del MIT e inventor de la teoría de la inflación cósmica, afirma que la creación y destrucción de universos también puede estar más allá del espectro de visión de nuestras herramientas actuales.

Podrían existir secciones enteras del universo que no se vieran afectadas ni por la gran congelación ni por el gran desgarramiento; lugares más allá de nuestro propio universo donde otros universos estuvieran siendo creados y destruidos, una y otra vez, quién sabe desde cuándo y hasta cuándo.

Para Guth, esta perspectiva es la más optimista de entre todas las teorías del fin del universo, en parte, porque deja lugar a la posibilidad de que la vida resurja de maneras que simplemente no podemos imaginar.

Incluso si nuestra parte del universo se termina”, afirma Guth, “otras partes donde la vida prolifere podrían continuar para siempre.

Sea como sea, sin duda es más sencillo conceptualizar la propia muerte (tomando en cuenta que los seres humanos somos finitos, y rara vez vivimos más allá de 1 siglo individualmente) que la muerte del universo. Pero pensarlo no debe deprimirnos, sino hacernos imaginar que el universo también se comporta como un organismo vivo, que cambia, se multiplica y eventualmente será destruido.

Es poco probable que estemos ahí para atestiguar el fin de estos eventos, pero considerarlos en su infinita y destructora magnitud puede hacernos apreciar la fugacidad de nuestra existencia planetaria: un suspiro en el gran orden del tiempo universal.