La última Navidad en pandemia se dio en el año de 1918. En plena víspera de Noche Buena los ciudadanos atendieron al llamado de confinamiento, que luego daría sus frutos. 

Durante la Primera Guerra Mundial, los movimientos masivos de tropas y los espacios reducidos, ayudaron a propagar lo que fue la última pandemia conocida antes del nuevo coronavirus. El virus de influenza, también conocido como gripe española, se extendió rápidamente a nivel mundial. Tuvieron que pasar tres olas de contagios que cobraron la vida de entre 50 y 100 millones de personas en el mundo, antes de que finalmente fuera controlada.

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Voluntarios de la Cruz Roja, Boston.

Justamente en la segunda ola, la más fuerte, se atravesaron los festejos de Navidad. Esta fue la última vez que una pandemia surgió en las fiestas decembrinas. Y quizá debemos aprender mucho de cómo la enfrentó la humanidad en aquella ocasión.

La última Navidad en pandemia

Estados Unidos fue de los países más afectados por la influenza H1N1, causante de la pandemia de gripe española. En otoño de 1918, le número de contagios alcanzó su punto más alto. Según los registros, 675 mil personas perdieron la vida tan solo en aquel país, para finales de diciembre.

Como era de esperarse, la Navidad en pandemia por H1N1 no se vivió como de costumbre. Ante la amenaza del inminente peligro que representaba la influenza, los periódicos nacionales exhortaron a la población a mantenerse aislados.

El Ohio State Journal publicó una columna en advertencia a los peligros que representaba reunirse para las fiestas. Publicado el 21 de diciembre de 1918, bajo el encabezado “Luchadores contra la gripe para unas fiestas sin besos”.

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Otis Historical Archives, National Museum of Health and Medicine.

Desde luego que no fue el único que envió mensajes de aislamiento a sus pobladores. Un comunicado del comisionado de salud interino publicó en primera plana un comunicado bajo el título “Cuidado con el muérdago”. En el contenido se invitaba a los pobladores a mantenerse aislados durante las fiestas y omitir sus cenas de Navidad para evitar el aumento de contagios.

Además, la crisis sanitaria se enfrentaba a otro enemigo natural; el frío de invierno. De ahí la importancia de extremar precauciones y evitar la mayor cantidad de contagios posibles.

Fraternidad antes que celebración

Se dispusieron medidas fuertes como limitar actividades y encuentros sociales. Los pobladores finalmente atendieron a las medidas. Vivieron una Navidad aislada, sin cenas ni reuniones sociales que luego dieron sus frutos. El esfuerzo no fue en vano, ayudó a descender significativamente los contagios para finales de 1918.

Semejante que en aquel año, ahora las reuniones decembrinas tendrán que esperar. Igual que los pobladores anteriores de la Tierra, es nuestro turno de tomar consciencia y atender al confinamiento para la cena de Navidad. Más importante que nunca, es momento de vivir las fiestas de forma distinta a la que estamos acostumbrados.

Igual que en 1918, es momento de pensar en colectivo y cuidar unos de los otros. Más allá de una cena, la Navidad ahora representa la consciencia misma de la empatía y la fraternidad.

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