El plástico es omnipresente: se encuentra incluso en productos que podríamos pensar que no lo contienen. Lo cierto es que no sabemos cuándo ni cómo paso, pero de pronto este material estaba en todos lados… sobre todo en nuestra cocina. Y es que una de las mayores innovaciones que trajo consigo el plástico fue la de los contenedores resellables para alimentos: los famosos y prácticos tuppers.

Es en estos envases donde todos guardamos nuestros alimentos. Algunos, incluso, comemos directamente de ellos por practicidad, sobre todo cuando estamos fuera de casa. Es por eso que desde hace mucho ya existe toda una gama de estos productos, desde pequeños contenedores para snacks hasta botellas y biberones para bebés.

Pero los contenedores y envases de plástico tienen miles de químicos que pueden ser tóxicos.

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Entre ellos:

  • Bisfenol (presente en latas)
  • Ftalatos (presentes en plásticos y adhesivos)
  • Perfluoroalquilo (presente en papel absorbente)
  • Perclorato (presente en envases de plástico)

La American Academy of Pediatrics realizó recientemente un reporte sobre los aditivos presentes directamente en la comida, así como en los empaques donde se almacenan y en los contenedores de plástico que solemos usar en el trabajo y el hogar. Según los investigadores, muchos de estos químicos se utilizan bajo un proceso de designación “generalmente reconocido como seguro”, pero no cuentan con la aprobación de la Administración de Drogas y Alimentos (FDA) de Estados Unidos. Y como explican en el informe técnico de este reporte:

Los productos químicos [de los contenedores] que se ponen contacto con los alimentos pueden propiciar enfermedades y discapacidades.

Entre otras cosas, estos químicos pueden ocasionar disrupciones en el sistema endocrino –es decir, nuestras hormonas–, lo que es igualmente nocivo para mujeres y hombres. También puede causar disrupciones en células del páncreas y afectar el transporte de la glucosa vía adipocitos.

 

Todo esto tiene aún peores consecuencias en los niños

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Los más pequeños son a quienes hay que cuidar más de los tóxicos del plástico. Y es que, de acuerdo con el reporte, pueden ser particularmente susceptibles a los efectos de los químicos, dado que en los niños una menor exposición a los compuestos tiene mayores repercusiones –en comparación con los adultos–, y porque su organismo está en pleno desarrollo, lo que los deja más vulnerables.

Y ya que ni siquiera la FDA tiene control sobre cómo se producen los contenedores que almacenan nuestros alimentos, lo único que podemos hacer es evitar a toda costa el plástico.

Por eso es recomendable que niños y adultos por igual comamos y tomemos en platos y vasos de vidrio y que evitemos la comida procesada, industrializada o para llevar. Es mejor comer muchas frutas, verduras y pescado, así como granos y nueces que podamos conseguir a granel. De hecho, esa es la dieta de quienes viven más años.

Si quieres algunas ideas para librarte del plástico, puedes ver aquí. También existen opciones de productos para almacenar comida hechos de silicón, acero y otros materiales más saludables y más ecológicos: puedes buscarlos como productos zero waste. Y recuerda tomar líquidos siempre de botellas reutilizables (si no sabes cuáles son las mejores opciones, puedes ver aquí). Así evitarás los nocivos microplásticos presentes en las botellas desechables.

Podría parecer difícil dejas los tuppers y envases de plástico, pero si nuestros padres y abuelos vivieron sin este material, ¿por qué no podemos hacerlo nosotros?

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