Investigadores observan cómo se ve la tristeza en tu cerebro

Se trata de una inédita cartografía de la tristeza sobre el vasto territorio del cerebro.

La tristeza es como el clima: un estado psíquico fluctuante, que viene y va, quizá como una tormenta. La tristeza puede llegar en cualquier momento pero, por fortuna y hay que recalcarlo, también siempre pasará. No cabe duda de que todos la hemos experimentado, pues se trata de una condición humana primigenia. Más aún, la tristeza es una energía que potencia nuestras capacidades sensoriales y cognitivas, pues nos hace experimentar el mundo de otras maneras.

Es por eso que la tristeza ha sido el sedimento de portentosas creaciones humanas. Y por eso –ya lo decía Virginia Woolf–, hay un tipo de tristeza que algunos no buscar mitigar, sino quizá comprender y aprovechar. Pero esa gran energía que compartimos colectivamente, ¿es asequible? Al parecer, sí.

Un grupo de científicos estadounidenses pudieron ver cómo se ve la tristeza en el cerebro.

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Recientemente se realizó en la Universidad de California un estudio en el que participaron 21 pacientes de epilepsia, quienes estaban en un hospital esperando una cirugía que tardaría varios días. Los psiquiatras insertaron cables en las cabezas y sienes de los pacientes y midieron su actividad eléctrica durante 1 semana. De esta forma, los investigadores pudieron observar el tipo de comunicación eléctrica que se generaba en el cerebro de los pacientes.

Para su sorpresa, la comunicación entre redes específicas del cerebro, involucradas con la emoción y la memoria, coincidió en 13 de los 21 pacientes. La tristeza estaba asociada en ellos a un circuito neuronal particular en el cerebro, el cual conecta la amígdala, una zona del cerebro encargada de regular las emociones, con el hipocampo, principal almacenador de recuerdos.

Esto quiere decir que las emociones modifican cómo dialogan las zonas del cerebro entre sí, y cómo funcionan las redes neuronales. Éstas han sido cada vez más tomadas en cuenta en estudios sobre el cerebro y la inteligencia, e incluso se ha develado que compartimos mucho más con algunos animales de lo que creíamos, debido al funcionamiento de estas redes.

Según dijo para NPR Vikaas Sohal, uno de los autores encargados de dicha investigación:

Había una red que una y otra vez nos decía si se sentían felices o tristes.

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Así se ven los mapas de estas redes neuronales

Este estudio podría llevar a trascendentes avances para una mayor comprensión de los trastornos emocionales, pues los investigadores cuentan ahora con una cartografía más clara de la tristeza sobre el vasto territorio del cerebro. Esto podría ser especialmente importante en el caso de la depresión, pues saber más sobre las redes neuronales que activan y desactivan diversos procesos en zonas como la amígdala y el hipocampo puede ayudar a encontrar nuevos remedios para la depresión.

Podrían hacerse tratamientos específicamente para cambiar la actividad de estos circuitos neuronales.

Esta cartografía cerebral de la tristeza es una buena noticia para las millones de personas que padecen depresión, la cual será para el 2020, según la OMS, la primera causa de discapacidad en países como México. Y también es buena noticia para la conciencia contemporánea, pues con este tipo de evidencias científicas es posible cultivar una mayor empatía colectiva hacia los trastornos mentales, que sin duda modifican nuestro cerebro de maneras hasta ahora desconocidas, pero que nos atañen a todos.

 

* Imágenes: 1) Videohive, edición Ecoosfera; 2) Johnny Keethon; 3) Cell



La apatía extrema provocada por un trauma psicológico puede ser mortal (Estudio)

La muerte psicogénica es un padecimiento muy real del que apenas existen investigaciones.

Un trauma psicológico puede perturbarte a tal grado que tu cerebro se apague poco a poco, hasta la muerte. Esto queda documentado en un estudio del doctor John Leach, especialista en psicología de la supervivencia de la Universidad de Portsmouth, donde explora el fenómeno de la give-up-itis (algo así como la “rendi-titis”), un término que expresa la muerte psicogénica.

No se trata propiamente de una forma de suicidio. Leach describe la muerte psicogénica como el proceso que sigue después de que la mente de una persona sufre un trauma con el que no sabe lidiar y ante el cual la muerte parece el único fin racional. Esto puede ocurrir en cuestión de días, si no se recibe ayuda. En palabras de Leach:

La muerte psicogénica es real. No es suicidio, no está ligado a la depresión, sino que el acto de rendirse a la vida y morir usualmente en cuestión de días, es una enfermedad muy real, a menudo ligada a un trauma severo.

En términos clínicos, esta muerte autoinducida podría explicarse por un mal funcionamiento del circuito cingulado anterior, una zona del cerebro responsable de la motivación y el comportamiento dirigido a la consecución de objetivos. Cuando el trauma sufrido por la persona interfiere con la motivación, “la apatía es casi inevitable”.

Sin embargo, no todo está perdido. Para Leach:

Revertir la caída de la rendititis hacia la muerte tiende a llegar cuando el sobreviviente encuentra o recupera el sentido de elección, de tener algún control, y tiene que ver con que esa persona se sobreponga a sus heridas y encuentre un interés renovado en la vida.

Es importante conocer e identificar las cinco etapas de la rendititis:

1. Aislamiento social

Luego del trauma, la gente se aísla e interrumpe el ritmo normal de su vida hasta un grado de extrema pasividad. Según Leach, esta puede ser una estrategia de afrontamiento, pero si se extiende puede dar pie al aislamiento absoluto.

 

2. Apatía

Descrita como una melancolía desmoralizante, la apatía no se parece a la ira, la tristeza ni la frustración. Se traduce en gestos como falta de limpieza y cuidado de uno mismo, así como una falta total de energía para realizar tareas en apariencia sencillas.

 

3. Abulia

Severa falta de motivación que va de la mano con una respuesta emocional estancada, así como falta de iniciativa e incapacidad para tomar decisiones. En este punto, la gente puede dejar de hablar y comer. Tampoco reaccionan frente a los intentos de otros por ayudarlos, y ni siquiera frente a los ataques físicos.

 

4. Acinesia física

La persona está consciente, pero parece ausente, e incluso se muestra indiferente ante el dolor físico. Aparece la incontinencia urinaria y fecal, y la persona puede quedarse tendida sobre sus propios desechos.

 

5. Muerte psicogénica

La etapa final entre acinesia y muerte psicogénica toma entre 3 y 4 días. A menudo se presenta un breve lapso de conciencia. Leach describe este estado como semejante a cuando un prisionero de un campo de concentración decidía fumarse un cigarrillo. Los cigarros eran escasos, y por lo tanto, muy valiosos: un prisionero podía intercambiarlos por raciones extra de comida o protección. El gesto de fumar denotaba que la persona en realidad no tenía interés en continuar viviendo en esas condiciones.

 

Recuerda que aun frente al trauma psicológico extremo, no todo está perdido. Si alguien que conoces está en una situación similar, procura ayudarle a buscar tratamiento psicológico especializado.



Los beneficios de la tristeza: tips para lo inconcebible

La tristeza no puede ser un hábito perpetuo. Pero como sentimiento transitorio es sumamente benéfica…

Existir es nada más que un transito. Un flujo repleto de incertidumbres que, llegado el momento, se detiene. En lo que dura ese fluir, lidiamos con la oscilación de nuestros sentimientos: energías que van y vienen entre la felicidad, la tristeza y la infinita gama de sentimientos que se desprenden de estos dos estados primigenios del ser.

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Ninguna de estas emociones, sean de felicidad o de tristeza, deben convertirse en un hábito perpetuo: todas son momentos del tránsito de la vida. No obstante, existen exaltaciones de la tristeza y la felicidad en todas las culturas, pero rara vez se encuentra en estas expresiones humanas un equilibrio entre los estados anímicos, como aquel que refleja la metáfora japonesa de los cerezos, los cuales son ejemplo de una “tristeza alegre”.

Pero contrario a esta dualidad dinámica que distingue a la cultura japonesa, es más común encontrar –sobre todo en Occidente– una suerte de “aferramiento” a un solo sentimiento. En nuestra sociedad contemporánea, la tristeza crónica –o depresión– parece ser la emoción a la que nos hemos aferrado. Y lamentablemente, lo hemos hecho de forma negativa.

beneficios de la tristeza

Pero la tristeza no es el problema, sino su arraigo en nuestra psique y nuestro corazón.

Porque la tristeza no tiene por qué ser depresión, y ni siquiera es forzosamente un sinónimo de negatividad. La tristeza es una conducta típica y necesaria que incluso forma parte de la naturaleza –y la podemos ver hoy más que nunca en el reino animal, precisamente porque vivimos tiempos convulsos–.

Aun así, no tenemos que rendirnos ante la tristeza depresiva. En cambio, podemos dejar que los beneficios de la tristeza impulsen nuestra salud física y mental.

 

Beneficios de estar triste

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En un estudio reciente se descubrió que experimentar sentimientos más cercanos a la tristeza que a la felicidad promueve el bienestar físico. Para esta investigación, 365 personas realizaron seis test diarios durante 3 semanas para saber cómo su estado anímico afectaba su salud. El estudio incluyó entrevistas previas para saber el estado emocional actual de los participantes, así como sus hábitos de integración social.

El equipo de investigadores encontró que la relación entre los estados mentales “negativos” y una mala condición de salud era más común en quienes creían que la tristeza y otros estados emocionales derivados son negativos, en tanto que aquellos individuos que consideraban a las emociones “negativas” como “útiles” presentaban un mejor estado de salud.

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Así que, mientras la tristeza no sea vista sólo como algo negativo, puede potenciar nuestra salud. Y más aún: la tristeza inspira cosas que la felicidad sencillamente no puede, pues como se ha comprobado en otros estudios, la tristeza desata la creatividad, algo que Yoko Ono sintetizó magistralmente:

Experimentar tristeza y enojo puede hacerte sentir más creativo, y siendo creativo puedes ir más allá de tu dolor o negatividad.

Si quieres aprovecharla, haz que la tristeza se vuelva un ímpetu creativo. Puedes dibujar, hacer manualidades o escribir –si es a mano, mucho mejor–. O también puedes utilizar este sentimiento para entrar en contacto contigo mismo y entablar un diálogo propositivo.

Reinventa tu tristeza y llévala más allá del dolor, la negatividad o el arraigo.

 

Imagen principal: Johnny Keethon; cianotipos: Public Domain Review; fotografía: Maya Beano