Existir es nada más que un transito. Un flujo repleto de incertidumbres que, llegado el momento, se detiene. En lo que dura ese fluir, lidiamos con la oscilación de nuestros sentimientos: energías que van y vienen entre la felicidad, la tristeza y la infinita gama de sentimientos que se desprenden de estos dos estados primigenios del ser.

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Ninguna de estas emociones, sean de felicidad o de tristeza, deben convertirse en un hábito perpetuo: todas son momentos del tránsito de la vida. No obstante, existen exaltaciones de la tristeza y la felicidad en todas las culturas, pero rara vez se encuentra en estas expresiones humanas un equilibrio entre los estados anímicos, como aquel que refleja la metáfora japonesa de los cerezos, los cuales son ejemplo de una “tristeza alegre”.

Pero contrario a esta dualidad dinámica que distingue a la cultura japonesa, es más común encontrar –sobre todo en Occidente– una suerte de “aferramiento” a un solo sentimiento. En nuestra sociedad contemporánea, la tristeza crónica –o depresión– parece ser la emoción a la que nos hemos aferrado. Y lamentablemente, lo hemos hecho de forma negativa.

beneficios de la tristeza

Pero la tristeza no es el problema, sino su arraigo en nuestra psique y nuestro corazón.

Porque la tristeza no tiene por qué ser depresión, y ni siquiera es forzosamente un sinónimo de negatividad. La tristeza es una conducta típica y necesaria que incluso forma parte de la naturaleza –y la podemos ver hoy más que nunca en el reino animal, precisamente porque vivimos tiempos convulsos–.

Aun así, no tenemos que rendirnos ante la tristeza depresiva. En cambio, podemos dejar que los beneficios de la tristeza impulsen nuestra salud física y mental.

 

Beneficios de estar triste

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En un estudio reciente se descubrió que experimentar sentimientos más cercanos a la tristeza que a la felicidad promueve el bienestar físico. Para esta investigación, 365 personas realizaron seis test diarios durante 3 semanas para saber cómo su estado anímico afectaba su salud. El estudio incluyó entrevistas previas para saber el estado emocional actual de los participantes, así como sus hábitos de integración social.

El equipo de investigadores encontró que la relación entre los estados mentales “negativos” y una mala condición de salud era más común en quienes creían que la tristeza y otros estados emocionales derivados son negativos, en tanto que aquellos individuos que consideraban a las emociones “negativas” como “útiles” presentaban un mejor estado de salud.

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Así que, mientras la tristeza no sea vista sólo como algo negativo, puede potenciar nuestra salud. Y más aún: la tristeza inspira cosas que la felicidad sencillamente no puede, pues como se ha comprobado en otros estudios, la tristeza desata la creatividad, algo que Yoko Ono sintetizó magistralmente:

Experimentar tristeza y enojo puede hacerte sentir más creativo, y siendo creativo puedes ir más allá de tu dolor o negatividad.

Si quieres aprovecharla, haz que la tristeza se vuelva un ímpetu creativo. Puedes dibujar, hacer manualidades o escribir –si es a mano, mucho mejor–. O también puedes utilizar este sentimiento para entrar en contacto contigo mismo y entablar un diálogo propositivo.

Reinventa tu tristeza y llévala más allá del dolor, la negatividad o el arraigo.

 

Imagen principal: Johnny Keethon; cianotipos: Public Domain Review; fotografía: Maya Beano