El enorme proyecto capitalista reconocido como el Tren Maya avanza sigilosa y críticamente en Yucatán. Los riesgos de esta construcción son tan palpables que es imposible reconocer que este sea un paso hacia la modernidad. Ante este escenario, es un gran paso difundir que las comunidades yucatecas lograron frenar por un tiempo esta construcción. Pero ¿por qué interponernos a esta falsa idea de modernidad?

Aunque el gobierno mexicano, liderado por Andrés Manuel López Obrador, exponga los maravillosos beneficios turísticos del Tren Maya. La realidad es que este proyecto trabaja en beneficio de unos cuantos.

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Recientemente los municipios de Chocholá, Mérida e Izamal lograron la suspensión provisional del Tramo Golfo 2 que se extenderá por 167 km. La Asamblea de Defensores del Territorio Maya Múuch´Xíinbal y Kanan Derechos Humanos detallaron que habitantes de dichos municipios promovieron un juicio de amparo en contra de la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales y del Fonatur por la falta de información durante la consulta pública del proyecto.

Poco después, las organizaciones Kanan y Múuch´Xíinbal indicaron que la Dirección General de Impacto y Riesgo Ambiental (DGIRA) reconoce la ausencia de información durante la consulta pública, hecho que ayudó a ampliar el amparo y detener la construcción.

Desde este panorama, la Semarnat y Fonatur “fueron demandadas como corresponsables al incumplir con sus obligaciones para la protección del medio ambiente, la transparencia, acceso a la información y participación pública durante el proceso de consulta al público”, informa el comunicado.

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La fragmentación del Tren Maya 

Al día de hoy estas comunidades en Yucatán lograron frenar un etnocidio y ecocidio que avanza sigilosamente. Pero estos habitantes no son los únicos al enfrentarse a un monstruo turístico. Aunque el gobierno pinte de modernidad este proyecto, distintas comunidades indígenas en toda la ruta avecinan efectos nocivos para la vida.

Entre las consecuencias más preocupantes están: la estabilidad ecológica, el abastecimiento seguro de agua, la masiva exposición al turismo, el peligro para las especies nativas como el jaguar, la eliminación de manglares, afectaciones culturales, etcétera.

El esquema entero del Tren Maya amenaza la estabilidad tanto social como ecológica de los lugares que atraviesa. “El proyecto está repitiendo un esquema de desarrollo que trae grandes impactos a la sostenibilidad y pareciera que no hemos aprendido la lección”, agrega Xavier Martínez, director operativo del Centro Mexicano de Derecho Ambiental (Cemda).

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MARTÍN ZETINA /CUARTOSCURO.COM

Además de que se construye sin consulta y sin preguntas a las comunidades, está claro que este proyecto responde a intereses ajenos a los de los habitantes. De acuerdo con un informe de la organización Poder, el 90% de las licitaciones del Tren Maya se han adjudicado de forma directa, sin concurso y con un tinte sospechoso de corrupción.

Mientras tanto, el Director de Gestión Estratégica y Enlace Institucional de Fonatur, Manuel Santiago Quijano, defiende el Tren Maya como un proyecto que saldará la deuda histórica con los pueblos indígenas. Sin embargo, para las comunidades el escenario es muy distinto. Nuevamente el gobierno hace oídos sordos y lo que se presenta como un proyecto a beneficio de las comunidades, en realidad sólo será negocio de los empresarios dentro de él.

Modernidad vs estabilidad ambiental y social 

Los impactos del proyecto no se miden solo en beneficios económicos. El atractivo turístico y financiero es tan sólo uno de los tantos efectos, pero hay otros aspectos tanto positivos como negativos.

El lado positivo, claro está, se mide en el ámbito económico y turístico. La zona sur del país se convertirá en un atractivo irresistible que puede traer un derrame económico fascinante para los empresarios. Sin embargo, los efectos negativos son mucho mayores de lo que visibiliza esta inversión. Están los aspectos ambientales, los cuales implican: desequilibrio en los recursos naturales, afectación a las especies endémicas, proliferación de tráfico ilegal de especies, tala clandestina, etcétera.

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Cemda

Asimismo, hablamos de derechos ambientales y sociales. En este último, los pueblos y comunidades afectadas por la construcción del Tren Maya deberán participar en asambleas para conocer las implicaciones del proyecto. De no ser así, las autoridades correspondientes estarán violando el derecho esencial de consentimiento y/o participación de las comunidades. De forma que eliminarán por completo la posibilidad de rechazo.

Naturalmente los efectos del Tren Maya no son pocos, ni simples. Pero los hechos van encaminándose a pesar de las herramientas legales que distintas comunidades presentan. Hoy, las comunidades yucatecas con éxito dan un paso hacia el freno de la construcción. Pero, mientras el resto de los tramos continúen, las posibilidades de frenarlo se desvanecen.

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