Sí, el Tren Maya fue una de las propuestas de campaña del presidente de México, Andrés Manuel López Obrador. Pero eso no quiere decir que las y los ciudadanos, hayan o no votado por él, no tengan derecho a conocer cada detalle del proyecto u oponerse por completo a que se desarrolle. La transparencia ha sido, más bien, un juego de simulación que el gobierno no parece tener intenciones de abandonar. 

Este es el proyecto de obra pública más ambicioso del gobierno de López Obrador, junto con el Corredor Interoceánico del istmo de Tehuantepec, y es el más polémico también. Cuenta con una extensión de 1,525 kilómetros, tendrá 18 estaciones y recorrerá cinco estados del sureste de la república mexicana (Chiapas, Tabasco, Yucatán, Campeche y Quintana Roo). En esta zona viven actualmente diversas poblaciones indígenas y campesinas, además de ser una de las regiones más biodiversas del mundo. Así, el paso del tren por esta zona implica la fragmentación de uno de los pulmones forestales más importante de América Latina. Este hecho es sólo uno de los puntos potencialmente criticables del proyecto

Según el Centro Mexicano de Derecho Ambiental:

el trazo final del ferrocarril se desconoce, así como el exacto número de estaciones o de nuevas zonas de desarrollo que se quieren realizar. El proyecto pretende aprovechar la infraestructura ferroviaria ya existente en algunos de los estados, usando el derecho de vía del ferrocarril. Para el resto de la ruta (68% del proyecto), se tiene que gestionar el derecho de vía. Asimismo, se plantea la urbanización de muchas regiones de la península de Yucatán, vinculada con el desarrollo que, se espera, creará el Tren Maya.

Aquí hacemos un breve recuento de las polémicas en torno al proyecto pero, además, nos interesa hacer un metanálisis del discurso que ha manejado el gobierno. Queremos entender cómo se traduce en la práctica, cómo afecta directamente a las personas del país (y el mundo) y al medioambiente. 

 

El mal llamado Tren Maya: cuando una forma de vida se impone a otra

“El Tren Maya constituye una oportunidad para potenciar el desarrollo social, cultural y económico de la península de Yucatán”, asegura uno de los documentos técnicos proporcionados por el gobierno. De esta aseveración hay que rescatar dos cosas: primero, el nombre del proyecto y, segundo, la idea de desarrollo. 

¿Por qué se acuñó la palabra maya cuando no es un proyecto diseñado por el pueblo maya, ni por otro pueblo indígena en México? Si tomamos en cuenta que la cultura maya es popular a nivel mundial, hace sentido que el gobierno quiera tomar el nombre para hacer más atractivo el proyecto. Una buena estrategia de marketing necesita tener una idea que vender, y todo empieza con el nombre del producto. Pero el acto de apropiación no es inocuo, no se trata de tomar una serie de letras y acomodarlas a un lado de la palabra tren. Al apropiarse de la palabra maya, el gobierno se está apropiando de una denominación cultural indígena, de una forma de vida que está lejos de ser representada por los objetivos del proyecto

Este punto nos lleva a la idea de desarrollo. Para este gobierno esta idea está estrechamente ligada a una noción moderna. Y vale la pena hacer un ejercicio de reflexión al que nos invita Yuk Hui:

“¿Qué significa estar todavía dentro del paradigma de la modernidad? Sugiero que significa que socava la necesidad de localidad y diversidad, porque insiste en una episteme universal y en el concepto de progreso”. 

Desde esta visión, el Tren Maya responde a una idea de progreso que no necesariamente representa los intereses, necesidades o formas de vida locales que tienen otra relación con la tierra, en contraposición con la idea de territorio (como un espacio privado que responde a los individuos y al mercado). Así, el proyecto parte de una falsa dualidad entre la ecología y la máquina, separando al entorno de los individuos y a la tecnología de lo natural. 

tren-maya-riesgos-ambientales-construccion
Tren Maya

Como explica el Centro Mexicano de Derecho Ambiental

En otros proyectos con un esquema de desarrollo de industria turística masiva, se ha observado el despojo de tierras y tradiciones culturales, así como la comercialización de las culturas, de los sitios sagrados, de los saberes y las memorias ancestrales y de los productos artesanales”.

Desde otra trinchera, el biólogo Omar Martínez del colectivo U Yóol Che’ expresó (en el podcast U Muk’iil Ko’olelo’ob/La fuerza de las mujeres) su preocupación por las oportunidades de trabajo que el proyecto del Tren Maya trae consigo. El desarrollo de zonas urbanas y el fomento del turismo no parecen apostar por una mejora en la calidad de vida de las personas; en todo caso se apuesta por un cambio en las dinámicas sociales, donde lo que está a la base es el servicio al otro. Y ahí, según Martínez, hay un conflicto con la idea de la libre determinación de los pueblos, además de los cuestionamientos legítimos sobre la seguridad alimentaria y el manejo de los recursos naturales de la zona. 

También en Ecoosfera: Donde matan jaguares: pobreza, corrupción e inversiones de China

 

Objetivos desorientados

Los objetivos del proyecto son profundamente confusos, porque es difícil entender de qué manera justifican el desarrollo del proyecto. Por ejemplo, uno de los objetivos principales es “Restaurar la conectividad biológica de áreas naturales para cuidar a los animales y la vegetación”, pero resulta complicado no preguntarse: ¿cómo es que el desarrollo de zonas urbanas, la renovación de 547 kilómetros de vías existentes y la deforestación de 2,500 hectáreas de selvas húmedas y secas van servir para alcanzar ese objetivo?

Podemos hacer otra lectura: el objetivo no está respondiendo al proyecto, sino, más bien, a las críticas externas que ha recibido el gobierno por parte de la sociedad civil, activistas y miembros de las comunidades de la zona en la que se piensa desarrollar el proyecto. En cualquiera de los casos, y a pesar de las potenciales buenas intenciones del gobierno, el plan de desarrollo del proyecto tiene muchos más vacíos que aspectos claros y concretos sobre su ejecución. Parece que importa mucho más la idea en abstracto del Tren Maya que las implicaciones reales que tendrá en el medioambiente y las personas que habitan en la zona (e indirectamente, todas las que no). 

tren-maya-riesgos-ambientales-construccion-calakmul

 

La esfera ambiental del Tren Maya  

Antes de revisar los riesgos ambientales del Tren Maya, hay que tener en mente una serie de cosas. Como ha comentado la bióloga Julia Carabias, las zonas por las que pasará el tren son de los pocos lugares en México donde la masa forestal aún está bien conservada y es compacta. En nombre del desarrollo, para favorecer a las comunidades más pobres, se apuesta por un proyecto que no tiene una evaluación de impacto ambiental completa. Y, si hacemos un zoom out, hay otros elementos preocupantes sobre el contexto. El gobierno le ha quitado dinero, según Carabias:

al control forestal, a la actividad turística comunitaria, al pago por servicios ambientales, a la Conabio (Comisión Nacional para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad) y la Conanp (Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas) que contrataba mucha gente para el monitoreo y la vigilancia.

El cuidado del medioambiente es una apuesta que no debería ser negociable, porque no atender la crisis climática promete un fin inminente. Si las ideas románticas sobre el cuidado de la Tierra no te convencen, hay que tener en cuenta que la biodiversidad tiene un valor global cercano a los 145 billones de dólares al año que es irremplazable. En ese sentido, no parece haber una perspectiva que permita conciliar una idea de futuro que no busque, desde lo social, lo político y lo económico, un sistema integral y sustentable. 

Como se mencionó con anterioridad, no hay una evaluación de impacto ambiental completa de todo el proyecto. En ese sentido, es difícil mapear con precisión los riesgos e impactos ambientales. Sin embargo, se han hecho estimaciones acertadas que han sido apoyadas por académicos y científicos. Incluso el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt) ha dicho que el Tren Maya y las obras conexas causarán diversos riesgos e impactos ambientales. 

Entre los aspectos más preocupantes del desarrollo del proyecto, según el Centro Mexicano de Derecho Ambiental, se encuentran la fragmentación de territorio, el agotamiento y contaminación del acuífero de la península de Yucatán, la deforestación, la extinción de la flora y la fauna, la generación de residuos y la generación de ruido

Revisemos algunos de los puntos por separado.

tren-maya-consecuencias-ecologicas

 

La fragmentación de territorio

Cuando se rompen y dividen los ecosistemas terrestres se pierde la conectividad ecológica, lo que perjudica directamente la conservación y diversidad de las especies, porque fomenta el aislamiento de la flora y la fauna. Además, esto afecta el cambio de los microclimas y transforma el hábitat. Esta fragmentación afectará a 23 Áreas Naturales Protegidas, siete Regiones Terrestres Prioritarias, once Regiones Hidrológicas Prioritarias y diez Áreas de Importancia para la Conservación de los Aves. 

 

El agotamiento y contaminación del acuífero de la península de Yucatán

Es posible que muchos pensemos que el agua en la zona del sureste de México es un recurso abundante pero, en realidad, la única fuente de abastecimiento de agua para todos los usos en la península de Yucatán es el agua subterránea del acuífero. A la fecha hay varias comunidades que se encuentran sin disponibilidad de agua, por ejemplo, en el poblado de Champotón en Campeche. El Tren Maya afectará diversos cuerpos de agua superficiales, punto en el que concuerda Omar Martínez. Además de la gestión del agua, le preocupa su uso para fines turísticos, porque se presta al exceso y al desperdicio. Habrá menos agua, más basura y más contaminación. Según el CONACyT, el proyecto también afectará el anillo de cenotes que es una Reserva Geológica desde 2013.  

 

La deforestación

Se calcula que la deforestación será de 2,500 hectáreas. Además del efecto que esto tiene en la capacidad de captura de carbono, el desarrollo del proyecto implica una aceleración en el cambio de uso de suelo para fomentar actividades como la agropecuaria, cuyo impacto ambiental es de los más notables a nivel mundial. 

 

Réplicas discursivas (un estudio de caso más significativo de lo que parece) 

Detengámonos un minuto para revisar la imagen de arriba. Es una captura de pantalla de una de las preguntas que aparecen en el apartado de “Preguntas Frecuentes” dentro de la página oficial del Tren Maya

Desmenucemos primero la pregunta: la palabra estudio está entre comillas. Eso, de entrada, crea un terreno de escepticismo. Es difícil saber si las preguntas originales fueron fraseadas de esa forma, pero en todo caso hay una intencionalidad clara de tener dominio sobre los saberes que tienen que ver con el proyecto del Tren Maya. 

Ahora, revisemos la respuesta: hay un seguimiento claro del discurso que desprestigia al cuerpo académico del país sostenido desde presidencia. El asunto aquí no es debatir si hay cosas cuestionables sobre la academia en México, sino lo que representa la postura tomada por el gobierno. En un sistema que apuesta por la separación de poderes, es preocupante que el discurso presidencial tenga tanto peso como para permear una respuesta en un sitio que, en realidad, está a cargo de FONATUR. En la respuesta dicen que los autores hacen suposiciones, parten de prejuicios y opiniones, pero ¿no se podría decir lo mismo del proyecto del Tren Maya, considerando que no se han hecho buenos estudios de impacto ambiental y que las consultas populares fueron mal clasificadas a nivel mundial? (Las consultas se apegaron a la ley, sí, pero es importante recordar que no porque algo sea legal es necesariamente justo)

 

Descalificaciones vacías

La siguiente forma de descalificación tiene que ver con credenciales. Parece que sólo es válido opinar desde una preparación en temas ferroviarios. Pero aquí hay un problema: en realidad el proyecto no tiene que ver con el tren, sino lo que el tren representa en términos de desarrollo. Si el proyecto realmente sólo se trata del tren, vale la pena que el equipo de FONATUR haga una revisión de sus objetivos. Es peligroso pensar que un solo cuerpo de conocimiento esté a cargo de determinar lo que es adecuado o no. Podríamos argumentar que parte del problema económico, social y ambiental actual deriva, en cierta medida, de que no hemos fomentado trabajos multidisciplinarios con dinámicas interdisciplinarias; todos los problemas son complejos y ninguna perspectiva por sí sola puede ofrecer una solución que dé el ancho. 

Este manejo de información es engañoso y replica estructuras de discursos polarizantes (hay un “ellos” y un “nosotros”). No se trata de una polarización material, es simbólica y los efectos de esa construcción van a tener consecuencias duraderas, fisuras difíciles de reparar (que se van a traducir en cosas tangibles). Esta tendencia polarizante es como estirar una liga poco a poco. Pero va a llegar un momento donde sólo habrá dos opciones: dejar de estirar la liga, apostando por el diálogo, la escucha y la negociación; o romper la liga. Si la liga se rompe, es difícil imaginar que la podríamos arreglar. Las posibilidades para discutir no sólo serían escabrosas, serían improbables. En ese caso, deberíamos preguntarnos de una vez: ¿qué hacer con lo irreconciliable?, ¿estamos dispuestas y dispuestos a pagar ese precio?

jaguar-tren-maya

 

Lo que el Tren Maya revela sobre las nociones de Estado y gobernanza

Definamos rápidamente dos conceptos que se han debatido durante años en la academia, especialmente desde la política pública: Estado y gobernanza. Según autores como  Jean L. Cohen y Andrew Arato, el Estado no es igual ni equivalente al gobierno. Si tuviéramos que explicarlo de forma burda, el Estado sería igual a la suma del gobierno, la sociedad civil y el mercado. Esto quiere decir que, en un modelo democrático como el de México, el gobierno debería reconocer que no es el único actor que puede proponer nuevas reglas del juego o modificar ciertas estructuras. Un Estado exitoso, desde esta perspectiva (que vale la pena cuestionar, lo cual dejaremos para otro momento), depende del trabajo conjunto de los actores que lo integran. 

Por otro lado, tenemos el concepto de gobernanza. Según Luis F. Aguilar,  la gobernanza es un proceso de dirección, requiere una instancia-agencia de gobierno para hacer frente a problemas de la acción colectiva, es una actividad de organización intencionada, es técnico-gerencial e implica decidir sobre objetivos y actividades que derivan en diversas actividades políticas de intermediación de intereses entre los participantes. Aunque el listado es algo abrumador, hagamos un ejercicio para simplificarlo. La gobernanza no es lo mismo que el acto de gobernar (que sí está en manos del gobierno). La gobernanza opera bajo la lógica de Estado, en ese sentido podemos imaginar que es como una red donde participan diferentes actores y cada uno corresponde a un nodo. Una gobernanza ideal se vería como una red relativamente equilibrada, con pesos y contrapesos, que se mantiene en un debate constante, con la intención de responder al bien común. El gobierno, en todo caso, está a cargo de favorecer y fomentar la participación de los diversos actores, en el entendido de que el Estado también depende de ellos. 

 

Ahora, ¿esto qué tiene que ver con el Tren Maya?

El comportamiento del gobierno en torno al desarrollo del Tren Maya  ha permitido evidenciar que su idea de Estado y de gobernanza está muy centralizada, está ensimismada. No saben reconocer la importancia de tomar en cuenta voces que no respalden su visión, su forma particular de ver el mundo. El principio de saber escuchar es estar dispuesto a cambiar de opinión, en el entendido de que no hay manera de que una sola forma de mirar o comprender el mundo pueda ofrecer una explicación totalitaria sin que sea sesgada. Escuchar es una apuesta por la diversidad, mientras que oír apela sólo a un receptor vacío. 

El gobierno no se ha hecho responsable de su posicionamiento; simula, y opera desde una abstracción de ideales que va a tener efectos concretos en la vida de la gente. Sin embargo, también valdría la pena hacer un pequeño paréntesis: la sociedad civil aún no logra soltar ese horizonte de expectativas (del Estado proveedor) que permitiría hacer propuestas desde la periferia, poco ortodoxas, para resolver o por lo menos navegar con dignidad los problemas que hemos generado durante siglos, y que no hemos logrado corregir. La relación entre sociedad civil y democracia (y democratización) tiene una brecha significativa entre la teoría y la práctica.

A cualquier persona que no sea mexicana, ¿por qué debería importarle el tema del Tren Maya? Porque los impactos ambientales tendrán repercusiones mundiales. Analicémoslo desde la perspectiva de un bien universal. Pero primero, tiene que quedar clara la idea del bien público, que es aquello cuyo consumo es indivisible y que puede ser compartido por todos los miembros de una comunidad sin exclusión”. El alumbrado público, los parques nacionales, las bibliotecas, la seguridad nacional, son ejemplos de este término. Ahora, un bien universal (o público global) sería, siguiendo la misma lógica y según el Nobel de Economía Joseph Stiglitz, la estabilidad económica, la seguridad internacional y el medioambiente (y aquí entra la discusión sobre el Tren Maya).

 

Bienes públicos vs bienes público globales 

¿Qué se hace cuando los bienes nacionales se contraponen a los bienes globales? ¿Qué se hace cuando los bienes globales se contraponen a los nacionales? El tema del cambio climático es un buen fenómeno para analizar el cruce entre estas dos preguntas porque, a diferentes escalas, hay intereses encontrados que no parecen ser compatibles. En el caso del Tren Maya, hay un interés nacional (concentrado en la presidencia) que se contrapone al interés internacional (no necesariamente eficiente) que busca reducir la huella de carbono

El nivel de sofisticación de los fenómenos naturales es inmenso. Hoy sabemos que la Tierra es un sistema altamente interconectado; los elementos de la naturaleza, por más distancia que haya entre uno y otro, están estrechamente vinculados. Los desiertos del otro lado del continente, por ejemplo, son vitales para el bienestar del Amazonas. Así, no importa qué tan lejos o cerca vivas de México, el impacto ambiental que tendrá este megaproyecto te afectará de forma directa, en mayor o menor medida, porque atenta contra uno de los bienes públicos globales más importantes: el aire que respiras, la diversidad de flora y fauna de la que dependes y el agua que tomas. Todo esto sin considerar los efectos secundarios y brutales que ya derivan de la crisis climática como la migración climática, que se convertirá en un problema sustancial en los próximos años

Posicionarse sobre el proyecto del Tren Maya es una forma de enunciar el futuro que nos interesa; un futuro al que, eventualmente, ya no perteneceremos. Es imposible saber en qué van a derivar los dilemas actuales, pero plantar semillas de horizontes hipotéticos parece un camino que tiene más sentido. 

 

Sigue leyendo: El Tren Maya avanza arrastrando ecocidio y etnocidio en México