Un grupo de investigadoras del Centro de Investigación Científica de Yucatán y de la Universidad Autónoma de Yucatán, Casandra Reyes García, Celene Espadas Manrique, Alejandra García Quintanilla y Manuela Tamayo Chim, explican los motivos de preocupación de los biólogos (y no sólo de ellos) por los efectos que podría tener el Tren Maya.

El llamado Tren Maya puede provocar “un colapso ecológico” en la península de Yucatán. Definen “colapso ecológico” como la situación en la cual “el ecosistema sufre una serie de cambios irreversibles que afectan a gran parte de sus organismos y resulta en una extinción masiva”.

Este colapso no afecta solamente a la flora y a la fauna, “sino que repercute directamente sobre todos los seres vivos, incluyendo los humanos, que nos beneficiamos de los servicios que la selva nos brinda”. Algunos de estos servicios son: que los bosques o selvas favorecen la formación de nubes por el vapor de la transpiración y promueven la lluvia, y que las raíces de los árboles favorecen la infiltración del agua al manto freático.

La fauna de las selvas contribuye “al control natural de plagas, así como a servicios de polinización”. La polinización permite la producción de frutos. Los jaguares y pumas “controlan la proliferación de herbívoros ayudando a la regeneración de las plantas en los bosques”. La selva además da madera, leña, frutos, plantas medicinales, colorantes, especias, animales para la caza, y brinda servicios culturales, “la naturaleza es parte intrínseca del ser de los pueblos originarios, son un importante valor intangible”. Estos pueblos han mantenido durante milenios una relación armoniosa con la naturaleza. Señalan que:

Las estaciones Tulum-Carrillo Puerto-Bacalar y Bacalar-Calakmul-Escárcega atraviesan porciones de la península de Yucatán que aún albergan zonas de vegetación conservada, donde se encuentran dos de las áreas naturales protegidas más importantes de México: la Reserva de la Biósfera de Calakmul que por su extensión de selva continua constituye la segunda reserva más importante de América tropical, sólo después de la Amazonia y la reserva de la Biosfera de Sian Ka’an, que alberga un sinnúmero de ríos subterráneos de agua dulce que interconectan con cenotes y petenes, y que ha sido declarada Patrimonio Intangible de la Humanidad por la UNESCO.

En la Reserva de Calakmul “se encuentra una zona arqueológica que ha sido denominada Patrimonio Mundial Mixto por la UNESCO y que se pretende potenciar como atractivo turístico”. Esta zona está hoy poco comunicada y recibe 40,000 turistas al año. “Al conectarse con el tren se espera que de los casi 17 millones de turistas que llegan a Cancún, 3 millones lleguen a visitar Calakmul”.

Un adelanto puede verse en la Riviera Maya. Si bien se dijo, escriben las investigadoras, “que se iba a mantener un desarrollo responsable con el medioambiente y de bajo impacto, y que traería consigo bienestar”, lo que ha ocurrido es que la población local fue reubicada y la biodiversidad ha sido fuertemente impactada. Ha habido ecocidios “tanto en el mar como en la tierra, donde el coral, las selvas y los manglares han muerto”.

La ONU ha advertido que frente a los problemas ambientales “es necesario adoptar medidas urgentes a una escala sin precedentes para detener y revertir esta situación y proteger así la salud humana y ambiental”.

Las investigadoras comentan: “si el proyecto del Tren Maya no hace un análisis exhaustivo del impacto ambiental, social y económico que causaría, claramente impactará primero a los más pobres”; son ellos quienes “verán la disminución de miel en sus apiarios y de las cosechas en sus milpas”. Y concluyen: “es importante detenerse y hacer un verdadero análisis de los impactos del Tren Maya y modificar su ruta para salvaguardar la selva”.

La voz de los pueblos mayas al respecto puede leerse en el Pronunciamiento de Organizaciones Mayas de la Península de Yucatán del 19 de junio. Su posición en torno al tema fortalece lo expresado por las investigadoras.

Así como hoy vemos islas formadas con los desechos de plástico que hemos arrojado al mar, un día veremos, si se insiste en construir este tren, cómo “cambiarán las lluvias, se vaciarán los mantos freáticos, subirán las temperaturas y los cultivos no serán polinizados”. Esto no sólo afecta a la península de Yucatán; nos afecta a todos.

 

* Imagen destacada: SEMARNAT