Como seres humanos vivientes y en crecimiento, estamos anclados a la evolución, o al menos, la historia de la vida en el planeta nos ha enseñado que la supervivencia depende de ello. Desde etapas tempranas, nuestras células aprenden a beneficiarse del cambio, es decir, a practicar la transfiguración

La transformación no sólo es física, también hay un proceso que ocurre en lo profundo del ser. La transfiguración retoma la evolución interna, que se expresa físicamente, de cómo crecemos para desarrollar un ser más “perfecto” o evolucionado.

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La religión, por ejemplo, habla de la transfiguración a través de la experiencia de Jesús al convertirse en un ser radiante, la pura manifestación de su naturaleza divina o su gloria. Sin embargo, el trasfondo de la transfiguración, alejado de lo teológico, es en sí mismo fascinante.

Hablamos de la transfiguración como la evolución hacia un ser humano plenamente desarrollado. En el budismo, por ejemplo, Buda enseñó que el samsara (el mundo) es un circuito cerrado, en el cual estamos condenados a sufrir mientras nos aferremos a creer que nuestra identidad es algo absoluto y sólido.

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El sentido de la transfiguración para el ser

La esencia del samsara radica justamente en comprender que somos sujetos separados de aquellos objetos impermanentes. Hay una dualidad, algo que nos hace distintos a ellos, y ahí está el principio del despertar o la transfiguración. Al cambiar de perspectiva y comprender que la felicidad no está en el deseo y el ego encontramos inmediatamente la libertad, el desapego. El significado cambia y el mundo se transforma, al igual que nosotros.

El fin es reconocer que todo, incluso el yo, es impermanente. Si no hay un yo o una noción absoluta de las cosas, no hay a qué aferrarse. Parece inconcebible pensar que la existencia y la realidad no están definidas, pero ese es justamente el valor de la evolución: nunca se define como unívoca. El famoso texto budista Dhammapada dice:

Somos lo que pensamos.

Todo lo que somos surge con nuestros pensamientos.

Con nuestros pensamientos construimos el mundo.

Habla o actúa con mente impura

y los problemas te seguirán.

Como sigue la carreta al buey ensimismado.

El mundo, en este sentido, es resultado de nuestra mente, de nuestro propio sentido de transfiguración. Estos videos capturan en esencia el proceso de evolución. Como seres, caminamos por el mundo, pero nunca nos definimos como uno solo.

Aquí la tecnología reconstruyó desde cero el proceso de transfiguración de un ser, el cual jamás se define de manera absoluta. Transformándose en caramelo, fuego, rocas, humo, arbustos, flores, vidrio, etc., este ser nos demuestra que podemos ser todo lo que queramos. ¿Ya elegiste quién quieres ser hoy?

 

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