Conoce la “Tierra Profunda”, el ecosistema con formas de vida nunca antes vistas

Ecosistemas milenarios prosperan sin luz solar en el fondo de la Tierra y del mar, revela un estudio de 10 años del Deep Carbon Observatory.

Me recliné sobre una roca avanzada hacia su interior y dirigí hacia abajo mi mirada. Mis cabellos se erizaron instantáneamente. El sentimiento del vacío se apoderó de mi ser. Sentí desplazarse en mí el centro de gravedad y subírseme el vértigo a la cabeza como una borrachera. No hay nada que embriague tanto como la atracción del abismo.

Julio Verne, Viaje al centro de la Tierra

El espacio exterior no es el único territorio por explorar: recientemente, investigadores del Deep Carbon Observatory presentaron avances de una investigación donde describen una biósfera subterránea de 2,000 millones de kilómetros cúbicos, compuesta de numerosas especies nuevas de microorganismos.

Algunos de éstos son formas de vida nunca antes observadas, que pueden vivir en estado de animación suspendida durante miles de años y soportar temperaturas mayores a 120

El equipo encargado de este descubrimiento se compone de más de 1,200 científicos de 52 países, provenientes de disciplinas como la física, la química, la geología y la microbiología. Durante 10 años han tomado muestras de pozos de perforación, tanto en la superficie terrestre como en el fondo del mar, a más de 5 kilómetros de profundidad. Sus resultados serán presentados en la reunión anual de la American Geophysical Union de este mes. 

 

Descubrir la Tierra Profunda

A partir de los avances presentados, los investigadores creen que los descubrimientos de la biósfera profunda (llamada también Tierra Profunda) implican nuevas perspectivas que revolucionarán el entendimiento de la vida en el planeta. Calor extremo, ausencia de luz, bacterias “zombi”, formas de nutrición y reproducción nunca antes vistas son sólo algunas de las características de estos microorganismos y de la biósfera que conforman. 

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Metanógeno hallado a 2 kilómetros de profundidad en el mar de Japón (Imagen: Hiroyuki Imachi)

Los resultados sugieren que más del 70% de la población de bacterias terrestres habita bajo la superficie, incluidas algunas como la Geogemma barossii, un organismo unicelular que puede vivir en pozas hidrotérmicas en el fondo del mar a más de 120, así como metanógenos que producen metano para sobrevivir. Muchos de estos organismos no se reproducen sino que aparentemente “reemplazan” sus partes muertas o caducas, lo que les permite sobrevivir durante miles de años.

Rick Colwell, experto en microbios de la Universidad Estatal de Oregon, explica que “nosotros los humanos estamos orientados a procesos relativamente rápidos, ciclos diurnos basados en el sol, o ciclos lunares basados en la luna; pero estos organismos son parte de ciclos lentos y persistentes en escalas de tiempo geológicas”.

La diversidad genética encontrada en la Tierra Profunda es comparable o incluso mayor a la que se aprecia en la superficie. Se necesitan nuevos tipos de clasificación geográfica y taxonómica para estudiar a estos organismos pues, por poner un ejemplo, existen bacterias presentes en lo profundo de todo el planeta, y sus migraciones dependen de ciclos geológicos amplios, como los que rigen el movimiento de placas tectónicas, terremotos o erupciones volcánicas en lo profundo de la corteza terrestre.

Los métodos de investigación también cambiarán, pues ahora se sabe que la vida puede prosperar a profundidades de 10.5 kilómetros bajo la superficie del océano, a presiones 400 veces mayores a la del nivel del mar.

Por su parte, Karen Lloyd, profesora asociada de la Universidad de Tennessee en Knoxville, afirma que:

Es como encontrar toda una nueva reserva de vida en la Tierra. Estamos descubriendo formas nuevas de vida todo el tiempo. Existe más vida en el interior de la Tierra que en la superficie.

Este descubrimiento también abre la posibilidad de que al explorar otros planetas no encontremos formas de vida “animal” o vegetal similares a las que estamos acostumbrados debido a la familiaridad con nuestro propio hábitat, lo cual no debe sorprendernos; si gracias a la tecnología actual estamos descubriendo que la vida es más amplia de lo que imaginábamos, ¿qué nos hace pensar que en el espacio exterior sabremos dónde buscar? 

Aunque esta veta de investigación ha sido planteada explícitamente por los científicos, actualmente los esfuerzos se dirigen a entender la interacción entre la biósfera de la Tierra Profunda y la de la superficie del planeta, de la cual formamos parte, así como a clasificar y hacer un inventario de lo que se ha descubierto hasta ahora.

 

* Imagen principal: Eucariota no identificada (Imagen: Gaetan Borgonie)



La ciudad subacuática de Grecia que no fue construida por humanos (FOTOS)

Pese a que las estructuras tienen una semejanza a las ruinas de pilares antiguos, no hay evidencia que sugiera una civilización humana.

Cuando unos turistas, al ir buceando en las islas griegas de Zakynthos, encontraron unas estructuras que parecían estar hechas por humanos, creyeron que habían encontrado una ciudad antigua. Sin embargo, conforme las investigaciones de Julian Andrews, un científico ambientalista de la Universidad de East Anglia, en Reino Unido, fueron tomando lugar, se descubrió que al sitio le faltaban algunos de los signos más comunes de la presencia humana. 

Pese a que las estructuras tienen una semejanza a las ruinas de pilares antiguos, no hay evidencia que sugiera una civilización humana: “No hay cerámica ni monedas ni cualquier otra cosa que acompaña normalmente a este tipo de objetos.” Fue así que tras el análisis de los compuestos químicos de las rocas, encontraron que las estructuras habían sido construidas por bacterias. Sí, bacterias. 

Andrews descubrió que lo que parecía ser roca, era realmente una formación mineral natural que normalmente se forma alrededor de fuentes naturales de metano, los cuales pueden emitirse como desintegraciones de materia orgánica o fugas de metano del gas natural que proviene del suelo oceánico: “Conforme algunas especies de microbios se alimentan de metano, producen un mineral llamado dolomita que normalmente se forman en sedimentos del mar.”

Zakynthos se encuentra cerca de una zona de hidrocarburos, en el Golfo de Patras, lo que explicaría tanto la formación de metano, como la presencia de las bacterias y las estructuras de dolomitas. En este caso, las fugas de metano han llevado a los microbios generar estructuras con formaciones de columnas y de donas, con una corteza cercana a fuentes pequeñas de comida: “Básicamente, lo que hay ahí son bacterias que están fozilando el sistema de plomería.”

Las estructuras parecen datar de la época del Plioceno, de hace aproximadamente 2.6 millones de años. Esto ha permitido compararlas con otras similares alrededor del mundo, como en Monterrey Bay, en California, EE.UU., el Golfo de Cádiz en el Mediterráneo o en el Mar del Norte: “Este tipo de cosas que en el pasado se han reportado en aguas muy profundas, miles de metros de profundidad. Por lo que es inusual que estas estructuras griegas se encuentren cerca de la superficie del mar. Su presencia sugiere que hay una falla, una ruptura parcial, justo por debajo del suelo marítimo de esta región.”

*Dale click a la imagen para verla en pantalla completa.

[Smithsonian]

 



Después de leer esto, no volverás a beber un vaso de agua que dejaste toda la noche a lado de tu cama

Un vaso de agua que se queda a la intemperie en temperatura ambiente, pasa por un proceso de invasión de microorganismos a lo largo de la noche.

Tras una larga sesión de sueño, cuando el cuerpo utiliza las reservas de agua para mantenerse hidratado, lo más recomendable es beber un vaso de agua casi al momento de despertarse. Para ello, antes de levantarnos, sólo estiramos nuestro brazo hacia la mesa de noche y tomamos el vaso de agua que, preventivamente, colocamos la noche anterior. Sin embargo, ¿has notado que esa agua tiene un sabor diferente?

De acuerdo con el Dr. Kellogg Schwab, director de Johns Hopkins University Water Institute, este vaso de agua que se queda a la intemperie en temperatura ambiente, pasa por un proceso de invasión de microorganismos a lo largo de la noche. Si bien el agua tratada contiene cloro que controla la presencia de estas pequeñas comunidades, a temperatura ambiente éstas empiezan a multiplicarse rápidamente. Así que, sin importar si se trata de agua limpia ni de un vaso limpio, uno está bebiendo una mezcla de gérmenes en ese líquido incoloro. Eso sin mencionar el polvo del ambiente que pudo caer en el vaso a lo largo de esas horas.

Sin embargo, esto no es lo único que provoca la fiesta de gérmenes habitando en nuestro vaso de agua (ni que tenga un sabor un poco menos refrescante). Podríamos decir que uno de los factores principales es el dióxido de carbono: tras doce horas sin haber tapado el agua, el agua empieza a mezclarse con el dióxido de carbono del aire, lo que provoca que disminuya su pH y, en consecuencia, su sabor. Aunque, sigue siendo bebible (salvo por los gérmenes que nadan a e nuestra bebida matutina). 

En cuanto a las botellas de agua hechas con plástico que se quedan bajo los rayos solares dentro de un automóvil, lo ideal es alejarse de ellas. Las botellas de plástico contienen BPA (el químico  tóxico interruptor del funcionamiento óptimo de las hormonas), el cual se libera con el calor del sol. Esto significa que, aunque lo laves y lo reutilices, el BPA continúa en la estructura de la botella, provocando consecuencias fuertes en la salud.