La ciencia dice que la percepción del tiempo está en nuestro cerebro. Esa es la respuesta a la siguiente interrogante que todo adulto se ha hecho alguna vez: ¿por qué a veces el tiempo pasa más rápido? Sin embargo, lo único que nos hace falta es saber cómo detener el tiempo o, mejor dicho, hacerlo más lento.

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Kelsey Dake

Detener el tiempo puede ser algo muy relativo, y realmente depende de nuestra percepción sobre el paso de las horas. Los expertos apelan a que nuestra conciencia tiene la última palabra cuando se trata de ralentizar el tiempo.

Pero tal vez no todo lo debamos dejar en manos de nuestras experiencias —en las que parece que el tiempo toma un papel importante— sino en los procesos psicológicos que hay detrás de esas situaciones.

Para esto, hay dos elementos para comprender los más profundos modos de operar del cerebro y controlar el paso del tiempo. El único objetivo es controlar esa percepción que nos invade, haciéndonos creer que el tiempo pasa más rápido a medida que vamos creciendo.

Lo que necesitamos es expandir nuestra experiencia del tiempo, y esta guía con dos sencillos pasos serán el método idóneo para que no te pierdas en el camino. 

 

Vuelve lento el tiempo en tu mente

Lo que pasa con el cerebro es que cuando recibe información nueva o realiza alguna actividad que no tenía registrada antes, tarda un poco más en comprender lo que sucede. Realmente el tiempo pasa de la misma forma, sólo la percepción del cerebro es distinta cuando se expone a nuevas experiencias.

Puede ser ver una película nueva, leer un libro, aprender un idioma, salir de viaje o armar un rompecabezas. Todo es cuestión de brindarle información nueva, incluso lo puedes intentar cambiando de ruta al trabajo. Cuando aumentas la experiencia de aprendizaje, tu cerebro automáticamente expande las horas haciéndote sentir que lo aprovechaste de mejor manera y no fue algo fugaz. Por lo tanto, sentiremos que nos tomó mucho tiempo hacer esa actividad.

El segundo paso es un elemento muy interesante, ya que puedes aplicarlo a una situación que suele formar parte de tu rutina. Sabemos que no siempre es posible estar experimentando cosas nuevas a cada minuto, y una buena manera de salvar esas actividades de rutina es a través de la atención.

Trata de encontrar un enfoque distinto de algo que siempre haces, por ejemplo: cuando te vayas a bañar, puedes agregar a tu rutina un par de canciones para bailar en la regadera, o tal vez hacer un masaje con un exfoliante.

Así de sencillo es dirigir una experiencia común hacia algo nuevo. Pero ten cuidado con querer cambiar todo, pues a veces eso ni siquiera es necesario. Préstale atención al momento que vives, dale tu máximo interés y no caigas en distracciones; eso también permite que la situación que estés experimentando se vuelva más valiosa y para tu cerebro sea algo nuevo y excitante.

 

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