De cómo Joan Jett y The Runaways demostraron que los estereotipos son para aplastarse

¿Cuál es el legado de la primera banda de rock femenina que cosechó éxito internacional?

La música ha sido esencial para la evolución humana. Y no solamente en términos de cómo la música moldeó nuestras capacidades cognitivas, sino también por la manera como ha estado íntimamente ligada a prodigiosas revoluciones culturales.

Joan Jett tenía 15 años cuando fundó su banda, The Runaways, la cual rompió con todos los estereotipos que persistían en la década de 1970.

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A casi medio siglo de distancia, podría parecer cualquier cosa que existiese una banda de rock integrada sólo por mujeres. Pero para llegar hasta ahí, Joan Jett y su banda tuvieron que conquistar el miedo contra la misoginia e insistir sin tregua hasta tener un lugar en la androcéntrica industria musical. Una industria que tras bastidores no tenía excusados, sino sólo urinales: Joan Jett recuerda en una entrevista para The New York Times que solía usar tazas cuando quería ir al baño. La vocalista sólo prevenía a los demás al respecto de que la taza en la que bebían café podía no estar muy limpia.

Por supuesto, ese y otros problemas no impidieron a Joan Jett y a The Runaways convertirse en símbolos contraculturales. Ni siquiera que un profesor de guitarra le dijera a Jett que “las chicas no tocan rock and roll ­–anécdota que la vocalista rememora en el documental Bad Reputation– le impidió fundar la primera banda de rock femenina que cosechó éxito internacional.

Por eso, el ascenso de The Runaways al mundo del rock, y la vida entera de Joan Jett, son un lúcido ejemplo de cómo la música ha abierto portales para la evolución social. Pero nada de esto ha sido gratuito, y menos aún para las mujeres. Vale la pena preguntarse cuántos de los cambios que supusieron Joan Jett y The Runaways siguen siendo vigentes para las nuevas generaciones femeninas. O para la humanidad en su conjunto.

 

Más allá de estereotipos: la gente debe ser lo que quiera ser

En una entrevista reciente con Courtney Smith, Jett insiste en una idea que guió la conformación de The Runaways: la gente debe ser lo que quiera ser. Pero en el terreno de las aspiraciones las cosas parecen estar todavía impregnadas de desigualdades, sobre todo para las mujeres. A decir de la vocalista:

Creo que todo es básicamente igual a como era hace muchos años. La apariencia dice que las mujeres han avanzado mucho, y quizá en algunos niveles así sea, pero hasta que las mujeres no incidan realmente en posiciones de poder […] no creo que las cosas cambien mucho.

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Es por eso que hay que ir más allá de todo estereotipo. Incluso de aquellos que el activismo social ha engendrado. Porque para Joan Jett no es cuestión de etiquetas, ya que éstas también tienen límites. En el fondo se trata de algo más simple: el apoyo mutuo.

Encuentra alguien que te apoye; quizá tus amigos o tu familia. Es importante tener a alguien, incluso si no ve lo que tú ves, para apoyarte y ofrecerte un hombro sobre el cual llorar.

Es por eso que el ejemplo de Joan Jett y The Runaways sigue siendo vigente para inspirar a las mujeres contemporáneas, pero también a cualquier agente de cambio que luche por la equidad en la sociedad contemporánea.

Después de todo, lo único que ellas querían era tocar rock and roll. ¿No es eso, de alguna manera, lo que todos queremos?



Podríamos tener un sexto sentido magnético (nuestro cuerpo como una especie de brújula)

Ya existe la primera prueba neurocientífica de que podemos sentir los campos magnéticos.

Mucho antes de que se inventaran las brújulas, es probable que los primeros humanos se orientaran a partir de una especie de sexto sentido magnético. Por lo menos a eso apuntan algunas investigaciones; la más reciente de ellas con evidencia neurocientífica. Más aún: es probable que aún tengamos vestigios de un sentido que antes quizá estuvo más desarrollado, como también lo estuvieron otros primigenios sentidos ligados a la intuición que aún poseemos. 

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Podría sonar a ciencia ficción, pero este poder podría no ser sino parte de nuestra evolución como seres vivos. Ello no nos haría únicos: más de 50 animales, desde abejas hasta perros, tienen este “súper poder” llamado magnetorrecepción. De hecho, las aves no sólo tienen esta capacidad alojada en el cuerpo, sino en sus ojos, ya que, al parecer, una proteína en su retina les permite detectar campos magnéticos con la mirada.

¿Por qué y cómo nosotros tendríamos este poder?

El primer experimento que se realizó para saber si los seres humanos también somos una brújula andante lo hizo el geofísico Joe Kirschvink. Éste hizo pasar campos magnéticos rotativos a través de algunos voluntarios mientras medía su actividad cerebral. Para sorpresa de Kirschvink, cuando el campo magnético giraba en sentido contrario a las agujas del reloj, ciertas neuronas actuaban de manera irregular, generando un aumento en la actividad eléctrica del cerebro.

No obstante, aún no se sabía si esta actividad era nada más que una reacción. Para que nuestro cuerpo fuese una brújula, tendría que procesarse cierta información que sirviera para la navegación, aunque fuese de manera intuitiva. Además necesitaríamos de células que funcionaran como magnetorreceptores, como en el caso de la proteína Cry4 que se aloja en la retina de las aves.

La cuestión es, ¿tenemos magnetorreceptores?

Las hipótesis de Kirschvink han sido lo suficientemente sólidas como para atribuírseles un campo de estudio propio. Y es que, de encontrarse que tenemos un sentido magnético, podríamos saber más sobre cómo la superficie de la Tierra influenció nuestra evolución. Asimismo, podríamos hacer más y mejores hipótesis sobre las condiciones geológicas de hace millones de años.

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Muestra 3D de la cámara de pruebas de magnetorrecepción el Caltech

Por eso, Kirschvink formó un grupo de investigación conformado por él mismo, así como un neurocientífico y un neuroingeniero. Este equipo colocó a más de 30 voluntario al interior de una cámara especial en la cual pueden manipular los campos magnéticos a voluntad. Ahí llevaron a cabo diversas pruebas para registrar la actividad del cerebro a través de electroenefalografía. Los investigadores encontraron que los campos magnéticos en cierto ángulo promovían una respuesta fuerte en el mismo ángulo del cerebro, lo que sugiere un mecanismo biológico estimulable, según escribió el propio Kirschvink para The Conversation.

Esto es ni más ni menos que la primera evidencia neurocientífica de que tenemos un sentido magnético. Si éste no se encuentra alojado en una zona en específico, sino que varía según las condiciones, quiere decir que tiene una función, y que de alguna forma debe traducirse en información orgánica útil para la navegación. 

Quizá este sexto sentido magnético fue más fuerte en el pasado, pero quizá lo podamos estimular e incluso evolucionar. Las preguntas –y las posibilidades– siguen abiertas.

 

*Imágenes: 1 y 2) Public Domain Review