TEST: ¿Cuánta maldad vive en ti? (Investigadores crearon estas preguntas para averiguarlo)

Este test de maldad es parte de una interesante investigación que puede arrojar nuevas pistas sobre nuestras emociones más extremas.

Según la concepción de las emociones en las religiones occidentales, la maldad no existe. Tal comportamiento no es en realidad sino la ausencia de bondad: el hombre nace bueno, pero el medio lo corrompe.

Sin embargo, desde otras perspectivas, como la de la psicología o la neurología, las emociones son consideradas como algo más complejo. Se ha encontrado, por ejemplo, que algunas áreas del cerebro relacionadas al amor se activan también cuando odiamos. ¿Quién hubiera pensado que amor y odio están tan relacionados?

Y según algunas ramas de la psicología, todos albergamos un poco (o un mucho) de maldad.

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Una fascinante nueva investigación publicada en Scientific American le llamó el D-factor (o “factor oscuro”) a lo que parece ser el núcleo común de maldad que todos tenemos. Ya sea el que injuria, el narcisista, el sociópata o aquel que goza con la crueldad, o incluso a quien sólo ocasionalmente le vienen pensamientos malvados: al parecer, todos los comportamientos derivados de la maldad tienen una génesis en común.

De acuerdo con los investigadores, el D-factor está relacionado con la supervivencia individual y con buscarla aunque conlleve comportamientos malévolos. La cuestión es que dichos comportamientos pueden ser más o menos inocentes y más o menos inofensivos, pero el nivel de D-factor es lo que determina qué tanto nos dejamos llevar por nuestro lado oscuro.

Por eso, y con base en estas indagaciones, los científicos dividieron la maldad en nueve rasgos, que entre otras cosas ayudan a medir tal comportamiento de manera más o menos precisa mediante un test de maldad.

¿Te atreves a saber si tu lado oscuro te domina? Haz el test de maldad

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Según el doctor Scott Barry Kaufman, encargado de estas indagaciones psíquicas en busca del núcleo de la maldad, el test de nueve preguntas estima de manera razonable cuánto D-factor forma parte del comportamiento individual.

Aquí te dejamos el set de preguntas, rediseñadas en forma de un test de maldad que te dirá cuánta oscuridad albergas. Si quieres indagar en la investigación de Kaufman, puedes consultar su interesante y extenso artículo en Scientific American.

 



El axolote (un animal casi fantástico con el que tal vez te identificarás)

El axolote es un ser de características muy particulares con el que seguro podrás identificarte.

El axolote es un ser simplemente maravilloso. Navega en la frontera entre la biología y la fantasía, y sin duda ocupa un lugar muy especial en el imaginario mexicano. Quizá su característica más impactante es que los axolotes son jóvenes por siempre. A diferencia de otros anfibios, estos misteriosos seres jamás completan el proceso de adultez y, en cambio, retienen sus características originales desde el nacimiento.

¿Qué más? Pues desarrollan pulmones sin perder sus branquias, y presumen un cuerpo híbrido que vive entre el agua y la tierra. En pocas palabras, son una curiosa excepción a las reglas de la naturaleza.

Hay algo en los axolotes que se conecta con la experiencia humana. Casi nadie pasa limpiamente de la juventud a la adultez. El proceso de crecer es mucho más complejo: hay obstáculos y caminos que te llevan a lugares a los que nunca creíste llegar. Esta historia de crecimiento, con la que seguro puedes identificarte, se retrata en Chicuarotes, la nueva película dirigida por Gael García Bernal que se estrena en cines el 27 de junio.

Los protagonistas son dos chicos que, como los axolotes, viven entre dos realidades: la de su pueblo, San Gregorio Atlapulco, en Xochimilco, y aquello que está afuera. Ellos también sueñan con una metamorfosis a pesar de las dificultades propias de su realidad. Conoce más datos extraños sobre los axolotes: mira lo similares que son a estos dos Chicuarotes y, de paso, a cualquiera de nosotros. A fin de cuentas el axolote es, también, un precioso espejo de los mexicanos.

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Viktor Frankl: el psicólogo que recetaba un poco de “sentido de la vida” a sus pacientes

Parece simple, pero esta podría ser la mejor medicina contra los trastornos psíquicos contemporáneos.

Los tiempos que corren son tiempos de psiques aturdidas y espíritus cansados. Faltaba más: cada día, las noticias nos recuerdan que el mundo como lo conocemos hasta ahora está colapsando, mientras que nuestras experiencias cotidianas parecen querer convencernos de que nuestra vida no tiene sentido. Esto nos conduce a la ansiedad y a la depresión, trastornos que son ya epidémicos pero siguen siendo muy poco comprendidos.

No obstante, y aunque decenas de filósofos y pensadores han asumido que la vida carece de razón alguna, lo cierto es que hay quienes se resisten a pensar que así sea. Quizá el mejor exponente de un pensamiento positivo –más no ingenuo–, y que diverge con mucho de la escuela moderna, sea el de Viktor Frankl.

Este psicólogo vienés, sobreviviente del holocausto, tenía razones para pensar que cada vida tiene un porqué. Lo creía tan firmemente que todo su método terapéutico se basaba en convencer a los pacientes de ello, por lo cual les recetaba un poco de “sentido de vida”. La logoterapia se basa en la “voluntad de sentido” como principal motor de la experiencia humana, por encima de la “voluntad de placer” en la que creía Freud. Suena simple, pero el método terapéutico de Frankl se basaba en las reflexiones que tanto su profesión, como sus experiencias en los campos de concentración, le habían proveído.

El sentido de recetar “sentido de la vida”

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Para Frankl, el sentido de la vida provenía de tres fuentes primordiales: el trabajo significativo, el amor y el coraje. Tanto el trabajo como el amor debían basarse en disfrutar de la experiencia sin pensar en obtener felicidad, mientras que el coraje es un rasgo de la personalidad que debe fortalecerse para asumir los golpes de la vida. Porque para este psicólogo, una queja al estilo de “por qué me pasa esto a mi” no era valida, ya que a todos nos determinan cosas como lo son la naturaleza o la sociedad. Esto no significa que todos estemos en igualdad de condiciones, pero sí que, en última instancia, todos pasamos por momentos que parecerían “injustos” o “demasiado malos”.

Si todos estamos conformados por condiciones externas a nosotros mismos, no podemos pensar que específicamente nuestra vida es la que carece de sentido. Por eso, Frankl centró parte de su análisis en lo que significa la libertad. Y sin duda, lo que reflexionó al respecto en su libro El hombre en busca de sentido parece la mejor medicina contra los trastornos psíquicos contemporáneos.

Pero ¿qué pasa con la libertad humana? ¿No hay libertad espiritual con respecto al comportamiento y las reacciones a un entorno dado? [… ] ¿No tiene el hombre opción de acción ante tales circunstancias?

Podemos responder a estas preguntas desde la experiencia, así como desde los principios. Las experiencias de la vida en los campamentos muestran que el hombre tiene una opción de acción. … El hombre puede preservar un vestigio de libertad espiritual, de independencia mental, incluso en condiciones tan terribles de estrés psíquico y físico.

[…] Todo puede ser tomado del hombre, excepto una cosa: la última de las libertades humanas. Elegir la propia actitud que se tomará en todo conjunto de circunstancias, es decir, elegir el camino propio.

Hay que asumir el sufrimiento 

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Para Frankl, cada momento es un momento en el que podemos decidir dejar a nuestros demonios. Porque son nuestros, y no del entorno exterior. Sea como sea nuestra realidad en un momento dado, a nosotros nos toca mantener a raya a nuestros demonios. Y es que estos, por cierto, pueden aparecer hasta en los buenos momentos. Así que aprender a lidiar con la depresión, la ansiedad, el estrés o los comportamientos compulsivos es algo que sólo podemos lograr plenamente aprendiendo a cultivar el coraje, y no buscando la felicidad en todos lados, sino viviendo plenamente cada experiencia.

En ese sentido, el sufrimiento no es sino un elemento con el que hay que aprender a vivir. Porque, de hecho, para Frankl el sufrimiento podría tener significado en sí mismo, y quizá ser uno de los componentes fundamentales del propio sentido de la vida. Algo parecido a lo que enseñaban algunos monjes zen, con respecto a cómo lidiar con los pensamientos obsesivos.

Si hay un significado en la vida, entonces debe haber un significado en el sufrimiento. El sufrimiento es una parte ineludible de la vida, incluso como el destino y la muerte. Sin sufrimiento y muerte la vida humana no puede ser completa.

Así que la felicidad no lo es todo cuando se trata de encontrar sentido a la vida. Una vez que entendemos esto, podemos entablar un diálogo con nuestros demonios y aprender a convivir con ellos y con las malas experiencias.

*Imágenes: 1) CC edición Ecoosfera; 2 y 3) Maya Beano