Distintas teorías han deshecho y reconstruido a la ciencia una y otra vez. En búsqueda de una explicación sobre el origen del universo, los expertos proponen e investigan teorías convencidos de conseguir las respuestas a nuestras dudas. Entre las tantas propuestas sobre el nacimiento del cosmos se encuentra la fabulosa teoría de cuerdas.

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En busca de una explicación a nuestro origen  

Una de las incógnitas que se ha planteado el ser humano desde que le fue posible investigar el universo es: ¿de qué está hecho el mundo? Por suerte, no entraremos en un dilema científico que pueda confundir tu mente; sólo trataremos de abordar la teoría de las cuerdas, una propuesta que busca explicar el génesis del espacio.

En las últimas décadas, esta teoría ha aparecido en el mapa científico persiguiendo un ambicioso proyecto: describir completa, unificada y consistentemente la estructura fundamental del universo. Incluso, en el mundo científico a veces la llaman “la teoría del todo”.

 

¿Qué es la teoría de cuerdas?

En resumen, esta teoría propone que todas las partículas fundamentales (es decir, electrones, neutrones, protones, fotones, gravitones, etc.) son, en realidad, distintas manifestaciones de un objeto básico: una cuerda. Pero, ¿cómo funciona esto exactamente?

Al imaginar un electrón es posible que todos lo veamos como un punto simple y sin estructura interna, pero un punto realmente no puede hacer mucho más que moverse. Bajo los efectos de la teoría de cuerdas (si es que es correcta), al utilizar un microscopio veríamos que el electrón es un lazo, no un punto.

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En realidad, sería algo así como una cuerda capaz de moverse y oscilar, lo cual puede transformarlo en un fotón o un quark. De esta manera, el universo entero estaría formado por cuerdas. No obstante, la ciencia ha fallado en la comprobación de esta teoría, ya que hasta el momento no existe evidencia comprobada de que la teoría de cuerdas sea una descripción acertada del universo. Pero entonces, ¿por qué la ciencia considera esta opción?

 

La ciencia de las teorías científicas

En su época, el filósofo británico Karl Popper propuso el principio de la falsabilidad. Este criterio demarca hasta qué punto la ciencia se distingue de la “no ciencia”. Por ejemplo, una teoría (como la de cuerdas) sólo se considera científica si hace predicciones que son susceptibles de refutación.

Si pensamos en las predicciones de la astrología, éstas no pueden considerarse como científicas porque son muy vagas, no ofrecen datos críticos para demostrar si son correctas o erróneas. En cambio, la ciencia se basa en conjeturas que después se pueden refutar e ir puliendo hasta conseguir el resultado correcto.

En este sentido, la teoría de cuerdas forma parte de una revolución científica respecto a las hipótesis sobre el origen del universo, la cual se basa en la estructura de las partículas fundamentales. Hasta el momento, los expertos no han podido pulir lo suficiente dicha teoría como para demostrar que el cosmos esté hecho de cuerdas. No obstante, sus propuestas siguen vigentes debido a que su idea principal se mantiene en un paradigma que indica una predicción fallida y mientras haya un error, habrá investigación.

 

Lo que la teoría de cuerdas demuestra sobre la ciencia

La ciencia es una disciplina que intenta reunir los componentes exactos para explicar algo. En el caso de la teoría de cuerdas, que comenzó a desarrollarse a finales de los años 70 del siglo pasado, los postulados que la conforman se complejizaron conforme la investigación avanzó.

Previamente, los científicos habían descubierto al menos cinco variaciones que hacían posible esta teoría y contaban con recursos limitados para identificar la más funcional. Después, el programa se complicó aún más cuando en 2006 se consideró que esta teoría había perdido todo contacto con la realidad.

Pero hubo esperanza cuando Imre Lakatos, filósofo de la ciencia, propuso que la hipótesis de Popper era un tanto restrictiva para la ciencia. Su argumento explica que cada teoría tiene un núcleo y alrededor de ella existen hipótesis auxiliares con dos propósitos claros: uno, conectar el núcleo de la teoría con el mundo empírico a través de predicciones; dos, aislar el núcleo para hacerlo esencialmente irrefutable. A partir de esto último, la teoría de cuerdas recobró esperanza.

Esta metodología propone una nueva visión de la demarcación de Popper, ya que las hipótesis permiten que los científicos desarrollen hechos empíricos nuevos.

El problema aparece cuando una teoría no predice nada nuevo o sus predicciones no pueden ser probadas, entonces es mala ciencia. Pero si la teoría se traduce en pruebas empíricas que van refinando las hipótesis hasta hacerla evolucionar y convertirla en un proyecto progresivo, entonces será exitosa.

Hasta ahora, la teoría de cuerdas permanece suspendida entre la completa falsedad y una posible verdad histórica para la ciencia. Será cuestión de tiempo para descubrir si es un fracaso o un éxito.

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