3 experimentos que puedes hacer en casa para comprobar tus dones telepáticos

Todos tenemos esta poderosa capacidad psíquico-intuitiva. ¿Quieres comprobar que tú también puedes hacer telepatía?

La telepatía es la capacidad psíquica que permite experimentar la mente del otro desde lejos, algo que probablemente a todos nos ha pasado y le llamamos casualidad. Y precisamente, lo que ha hecho pensar a esta forma de comunicación como un fenómeno “paranormal” es el hecho de que se desconoce el medio a partir del cual se transmiten los mensajes.

Pero, ¿y si se trata de algo que no podemos percibir, como el éter? Rupert Sheldrake, biólogo de la Universidad de Cambridge y apasionado de la telepatía –estudia este fenómeno incluso entre las mascotas y sus dueños–, ha propuesto algo parecido.

Según Sheldrake, existen campos mórficos en los que transita una especie de información transhistórica: una memoria inherente a la existencia que es “heredada” de generación en generación, y que podría explicar la telepatía. Esta teoría embona con la visión cuántica del espacio-tiempo, de acuerdo con la cual podrían existir sustancias desconocidas e imperceptibles en el cosmos, como el éter.

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Gareth Halliday

Asimismo, una explicación a nivel cuántico para una especie de telepatía o de campo mórfico es la del “enlazamiento” entre partículas. Según la física cuántica, no importa que un par de moléculas subatómicas jamás hayan compartido el mismo espacio o el mismo tiempo: aun así se influenciarán mutuamente, en el pasado o en el futuro –algo que, por lo demás, funciona como una maravillosa metáfora cuántica del amor–.

Pero como explica el gurú científico Michio Kaku, sería demasiado difícil desarrollar la telepatía mediante esta interconexión subatómica, pues implicaría coordinar nuestros trillones de átomos con los de otra persona para que vibraran al unísono en cada mente.

En realidad, la telepatía podría ser algo más intuitivo. ¿Cómo comprobarlo?

Sheldrake ha estudiado la telepatía como un fenómeno evolutivo, pensándola como una extensión psíquica y una capacidad comprobable empíricamente. Es por eso que ha desarrollado algunos experimentos para que cualquiera pueda poner a prueba sus innatas dotes telepáticas y, de paso, ayudar a sus investigaciones sobre el tema.

Esto y un poco de mímesis te abrirán las puertas a nuevas e insospechadas formas de comunicación psíquica. ¿Te atreves a probarlo? Aquí tienes tres experimentos para empezar.

 

1. ¿Puedes saber cuando alguien te ve a la distancia?

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Para este experimento necesitas un amigo, una computadora con Internet y relojes sincronizados. Debes conectarte al mismo tiempo con tu amigo y ambos deben compartir un video del otro en tiempo real. Cada uno debe ver su video a intervalos, apuntando los momentos en los que hayan visto el video a lo largo de 5 minutos, y también los minutos o segundos que hayan creído haber sido vistos por el otro.

Eso es todo. Se trata de probar si podemos percibir cuando estamos en la mente del otro, concretamente cuando nos esta aprehendiendo con la vista, y si los efectos de esa percepción cambian, por ejemplo, dependiendo la distancia o de si hay más observadores (lo cual es válido en el experimento).

Puedes hacerlo por tu cuenta o a través del portal de Rupert Sheldrake.

 

2. Telepatía telefónica

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Otro de los experimentos de Sheldrake consiste en utilizar las llamadas telefónicas para saber qué tan lúcida es nuestra intuición telepática. Aunque el experimento sólo se ha llevado a cabo en el Reino Unido, Estados Unidos y Canadá, lo cierto es que tú mismo lo puedes intentar con otras tres personas.

El experimento consiste en que una persona reciba seis llamadas al azar de tres personas distintas (pueden escoger sus turnos mediante un juego de dados o algo que lo deje completamente a la casualidad). Quien recibe las llamadas, debe intentar saber quién lo está llamando.

Puedes jugar con la distancia, así como con el grado de familiaridad que tengas con los demás, pues según ha comprobado Sheldrake, un 61% de los aciertos se han dado cuando las llamadas son entre personas muy cercanas.

 

3. Mimetízate con el otro

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Es probable que la telepatía, al ser algo muy intuitivo, se desarrolle de manera más potente (incluso al punto de la mímesis) entre individuos que conviven constantemente. Con aquellos con quienes pasamos mucho tiempo es más fácil sentir y crear conexiones insospechadas, lo que se comprueba cotidianamente cuando sabemos espontáneamente lo que el otro hará o dirá. Puedes probar a indagar en esta mímesis telepática mediante una sesión con alguien con quien vivas o trabajes.

Intenta encerrándote con otro en una habitación o yendo a un lugar tranquilo donde se puedan concentrar sólo el uno en el otro: mírense a los ojos por un período prolongado y luego intenten adivinar por turnos lo que el otro piensa o siente. Así comprobarán su grado de mímesis y qué tanto existe una comunicación psíquica entre ambos.

 

Prueba estos pequeños juegos telepáticos y comprueba el poder comunicativo de tu psique. Esta es también una buena forma de mostrar nuestro grado de empatía.

 

* Ilustración principal: Man Repeller



Intuiciones: ¿por qué podemos saber cuando alguien nos mira?

Seguro has sentido una mirada, ya sea a tu espalda… o a la pantalla de tu celular.

La intuición es una de esas habilidades que todos tenemos, pero en la cual no todo mundo cree. Y es que se trata de un tipo de percepción sensible, más que racional. No obstante, y aunque parezca increíble, la intuición no es un instinto neuronal o un simple rezago de nuestra animalidad, sino una habilidad clave para conducirnos por el mundo.

De hecho, la intuición es un mecanismo refinado.
Gracias a él podemos saber cuando alguien nos mira.

¿Alguna vez te habías preguntado por qué podemos sentir una mirada, aunque estemos de espaldas? Sucede por un mecanismo neuronal ligado a la intuición. El psicólogo Edward Titchener le llamó “escopaestesia”, habilidad que permite detectar de forma extrasensorial si alguien nos está mirando.

Lo curioso es que, aunque todos lo hemos sentido, los experimentos tanto de Titchner como del biólogo Rupert Sheldrake –realizados 1 siglo después, en el año 2000– han negado la existencia de esta habilidad extrasensorial. Sheldrake hizo un experimento en el cual sólo la mitad de las personas estudiadas parecían saber cuando se les estaba mirando, porcentaje que le pareció insuficiente. Y aun así, este biólogo ha planteado que en la naturaleza existe un principio de memoria llamado la “resonancia mórfica”: un campo de información que tiene influencia sobre todas las formas de vida y sobre cada generación.

Si para Sheldrake todos estamos conectados más allá del espacio-tiempo gracias a los “campos mórficos”, ¿sería alocado pensar que ese mismo tipo de conexiones nos hacen poder presentir al otro de manera extrasensorial?

 

La neurociencia ha comprobado que la escopaestesia sí existe

A través de diversos estudios neurológicos, como uno publicado en NHBI, los investigadores han encontrado que ese presentimiento de que “alguien nos mira” pone en funcionamiento una compleja red neuronal, y que las células del cerebro que se activan mediante esta intuición son muy precisas. Basta con que alguien deje de mirarnos y mire a unos centímetros de distancia para que la sensación desaparezca.

No obstante, aún no se sabe mucho de esta habilidad extrasensorial. ¿Cuáles son exactamente el grupo de neuronas relacionadas? Sucede como con las neuronas encargadas de procesar la música en el cerebro: apenas se ha descubierto que no pertenecen al mismo circuito encargado de procesar el lenguaje.

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Lo que hasta ahora sabemos es que son neuronas conectadas a las regiones encargadas de la vista, incluida la corteza visual. Por otro lado, ciertas áreas que se activan cuando nos hallamos en peligro, como la amígdala, deben de estar implicadas. Porque la actividad extrasensorial de presentir miradas tiene como función prevenir ataques por la espalda. Otra zona involucrada podría ser el giro supramarginal, relacionado con la empatía.

Lo curioso ahora es que este fenómeno también ocurre cuando alguien se le queda mirando a la pantalla de nuestro celular. En este caso ello podría estar todavía más ligado a la intuición, ya que ésta es también un producto de nuestras experiencias. Mediante los recuerdos podemos predecir sucesos, gracias a que nuestro cerebro descarta algunas posibilidades e incluye otras de forma inconsciente. Este proceso reduce el margen de error en la especulación intuitiva.

Por eso, cuando creemos que nos están observando…
es muy probable que lo estén haciendo.

Normalmente asumimos que alguien nos puede estar viendo, y más aún, que puede estar mirando nuestra pantalla, ya que ésta es tan llamativa. Quizá sea por ello que el presentimiento se siente todavía más fuerte.

Como puedes ver, la intuición es muy real, y así como otras habilidades –por ejemplo, la telepatía o la capacidad de prever el futuro– es parte de ese mecanismo orgánico que es nuestro cerebro.

 

* Imágenes: Chris Marker



La primera “red social” telepática funcionó: 3 personas lograron conectarse mentalmente

Esta red es apenas una especie de “braile” telepático, pero podría abrir nuevos paradigmas de comunicación.

Como lanzar una botella al mar con un mensaje y esperar que llegue a su destinatario. Así también fantaseamos con la idea de poder comunicarnos telepáticamente. Y es que la telepatía es una capacidad psíquico-intuitiva que todos tenemos y podemos explotar. La telepatía es un fenómeno que incluso sucede a nivel cuántico, lo que da pie a cósmicas metáforas.

Ahora, la ciencia quiere crear una enorme red cerebral.

Un grupo de neurocientíficos de la Universidad Cornell lograron conectar tres cerebros: un curioso sistema al que han llamado BrainNet, o “red cerebral”. Los participantes de sus experimentos pudieron intercambiar pensamientos mientras jugaban un tipo de Tetris.

Los investigadores utilizaron electroencefalogramas para registrar los impulsos eléctricos de los participantes, y estimularon las neuronas mediante campos magnéticos. 

Al respecto, escribieron en un comunicado:

Presentamos BrainNet que, hasta donde sabemos, es la primera interfaz multipersona no invasiva y directamente conectada al cerebro, que sirve para la solución colaborativa de cerebros.

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Para comprobar que esta red cerebral funciona, los científicos probaron a varios grupos de tres personas. En cada experimento, dos de los tres participantes eran conectados a electroencefalogramas. Luego se les pedía jugar un tipo de Tetris en el cual iban cayendo bloques de lo alto de la pantalla, mismos que debían colocar en cierta posición.

Mientras lo hacían, se les pidió que miraran una de dos luces LED que parpadeaban a cada lado de la pantalla, una a 15 Hz y otra a 17 Hz. Así, cada una producía diferentes señales que los científicos podían observar e interpretar.

Las decisiones de los dos jugadores respecto a si rotar o no cada bloque eran emitidas al tercer participante mediante una gorra que generaba estimulación magnética transcraneal. Ésta producía, simultáneamente, destellos fantasma de luz en la mente del tercer participante, que fungía como receptor.

El receptor no  veía el juego, pero tenía que rotar el bloque tal como los dos jugadores cuando una señal de luz era emitida. Lo sorprendente es que en más del 80% de las pruebas que se hicieron con diversos grupos, el receptor pudo rotar el bloque en la posición correcta.

Adicionalmente, el receptor era “mensajeado” telepáticamente, diciéndole si había tomado la decisión correcta respecto al bloque.

Los receptores pudieron detectar cuál de los jugadores era de mayor confianza, basándose en esta comunicación cerebral.

Por ahora es una especie de “braile telepático”. Pero los científicos creen que el BrainNet puede ayudar a desarrollar tipos de comunicación cerebral más refinados. ¿Te imaginas? Esto haría innecesaria la existencia de plataformas o gadgets de otro tipo, o los distópicos chips cerebrales de algunas obras de ficción.

Así, este tipo de telepatía electrónica abre las puertas a nuevos paradigmas de comunicación, y hace revivir a nuestra fantasía más sci-fi.

 

* Ilustración principal: Nathalie Lees