Emociones en tus sueños que son señal de ansiedad

La ansiedad en el mundo real afecta tu mundo onírico. ¿Qué puedes hacer?

Los sueños son una suerte de metáfora de la vida. En ellos, la realidad se vuelve una narrativa onírica que refleja lo que en la vigilia sentimos, pensamos y experimentamos. Para quien esté despistado, incluso sueño y realidad se pueden confundir, generando una experiencia que serpentea entre la fantasía y lo cotidiano.

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Gundula Blumi

Y es que nuestros sueños siempre manifiestan diversas emociones. De hecho, mientras más fuerte sintamos una emoción, más probable es que la soñemos. Curiosamente –o no tanto, pensando en que habitamos un mundo repleto de estrés–, muchas de las emociones presentes en los sueños suelen ser “negativas”. Éstas son:

  • Enojo
  • Tristeza
  • Miedo

De esto se desprenden estados anímicos recurrentes y a sentimientos como la incertidumbre, la aprehensión, la culpa, el rencor o la irritabilidad, todos disparados por la ansiedad.

80% de los sueños de hombres y 77% de los sueños de mujeres compilados en The Content Analysis of Dreams contienen emociones “negativas”.

 

La ansiedad: el gatillo que dispara todo

Antes de intentar comprender por qué se expresan estas emociones en nuestros sueños, debemos saber diferenciarlas de la ansiedad: saber que la ansiedad es un instinto, antes que una emoción. Es la respuesta involuntaria frente a peligros que sucedieron o sucederán, pero fundamentalmente, frente a los que podrían suceder: a las amenazas. Es un mecanismo de defensa premonitorio.

Pero a veces se desencadena una ansiedad extrema que no nos protege, sino que nos boicotea.

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Gundula Blumi

Para millones de personas esto no es poca cosa, pues la ansiedad es un problema tan real que en México es el trastorno mental más común. Y es tan real que termina por invadir nuestro mundo onírico. ¿Qué consecuencias tiene esto?

Soñar la ansiedad dispara mayor ansiedad en la realidad, volviéndose una espiral sin fin.

Se ha comprobado que los sueños de ansiedad son más comunes en quien se encuentra recurrentemente en situaciones estresantes. Este tipo de situaciones son cada vez más usuales en los ambientes urbanos, y a ellas abona el ruido, los constantes distractores, las largas jornadas laborales e incluso las noticias en periódicos y otros medios.

A su vez, la ansiedad que esto provoca en el mundo onírico afecta nuestro descanso. Además, los sueños tienen la función de estabilizar nuestras emociones, por lo que si sólo soñamos cosas negativas, no sólo se interrumpirá el ciclo de reparación nocturno, lo cual darñará a todo el metabolismo, sino que afectaremos también nuestras reacciones emocionales en la vigilia.

Esto es lo que hace tan difícil salir de la espiral de la constante ansiedad y de sus consecuencias.

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Gundula Blumi

 

¿Cómo resguardar nuestro mundo onírico de la ansiedad?

La ciencia de los sueños es realmente complicada. Tanto así, que los psicólogos de todo el mundo no terminan por ponerse de acuerdo sobre la función de soñar. Para algunos los sueños no tienen ninguna función, y son sólo una suerte de residuo. Para otros, sirven como una simulación que nos prepara para afrontar el mundo real.

Lo cierto es que encontrar un por qué de los sueños quizá ya no depende de la selección natural, sino de nosotros mismos. Aprender más allá del instinto es algo que sólo el ser humano puede hacer, y quizá sea momento de que lo hagamos con nuestros sueños. Los sueños producidos por la ansiedad deben servirnos para hacernos conscientes de que vivimos en un mundo estresante. Porque si algún propósito tuvieran, éste sería el de mostrarnos que necesitamos hacer cambios en nuestra vida.

Por eso, y antes que nada, es importante tener buenos hábitos antes de dormir. No comer por lo menos 2 horas antes de acostarse para que la digestión no perturbe el sueño, no tomar estimulantes como la cafeína o las bebidas alcohólicas y no hacer actividades que involucren exponerse a la nociva luz de las pantallas.

Pero si queremos dejar de tener estos sueños, quizá lo más importante sea hacernos de hábitos para repeler la ansiedad y rodearnos de mejores ambientes: salir más seguido a la naturaleza –darnos un baño de bosque–, realizar prácticas relajantes como el yoga, el mindfulness y las meditaciones en movimiento, caminar, aprender a respirar y alejarnos de las personas tóxicas.

De esta manera, los sueños de ansiedad sí tendrán un propósito evolutivo: hacernos cambiar nuestra realidad cotidiana, para que nuestro mundo onírico refleje también nuestro bienestar. Así que intenta aprender el lenguaje de los sueños, y descifra lo que tus emociones expresan a través de ellos. En el caso de los sueños promovidos por la ansiedad, puede que incluso descubras algo que te perturba y de lo cual no te habías percatado. No lo dejes pasar.



Cómo transformar tus pesadillas en un valioso aliado terapéutico

Las pesadillas pueden ayudarnos a afrontar situaciones traumáticas, al obligarnos a reconocerlas dentro de nuestra memoria a largo plazo.

Si la literatura de los sueños es amplia y variada, la de las pesadillas es apenas un pie de página de ésta. Además de alguna mención en De la interpretación de los sueños, el clásico moderno de Sigmund Freud sobre el tema, Borges las explicó así en una conferencia inolvidable: “Los sueños son el género; la pesadilla, la especie”.

Desde la antigüedad, y para diversas culturas, las pesadillas constituyen también una especie paralela a esos designios o visiones que envían los dioses durante los sueños: griegos (efialtes), latinos (incubus) y sajones (niht maere, que produce el inglés nightmare), todos coinciden en culpar a un espíritu o demonio externo.

Discutir el contenido de los sueños con una persona autorizada (probablemente un intérprete o chamán) solía ser parte del proceso terapéutico hasta hace muy pocos siglos. En su vertiente terapéutica, el sueño tuvo en el psicoanálisis freudiano una revaloración fundamental; pero no ocurrió lo mismo con la pesadilla, cuyas funciones (e incluso aplicaciones terapéuticas) quedaron relegadas a un segundo plano.

 

¿Qué es una pesadilla?

En su libro El secreto del sueño, el neurólogo y especialista en investigaciones sobre el sueño Alexander Borbély define al menos dos modalidades distintas de ese fenómeno complejo al que sintetizamos como pesadilla:

Es una experiencia onírica preñada de angustia, que por lo general se presenta en la segunda mitad de la noche, con el sueño REM, y que concluye con un sobresalto repentino. El sueño [angustiante] es recordado, pero se sabe que sólo se trata de un sueño. Otra cosa es el llamado pavor nocturnus, que se da en la fase profunda del sueño sin REM. El soñador despierta aterrado, con un grito estremecedor, y se sienta en la cama, jadeando, bañado en sudor y aterrado. Aun ya despierto, no es del todo dueño de sí ni consigue comunicar su experiencia. En los niños pueden requerirse de 5 a 10 minutos para que pase el susto.

La vertiente junguiana de los sueños está más relacionada con el arquetipo y la noción de inconsciente colectivo –una continuidad simbólica entre las expresiones culturales de diversas civilizaciones a través del tiempo–. Carl Gustav Jung, discípulo irredento de Freud, creía que los sueños hablaban en un lenguaje que solamente era asequible o legible para el propio soñador. Un código personal que, sin embargo, apuntaba a referentes comunes. A lo largo de sus sesiones terapéuticas, Jung fue almacenando una importante base de datos sobre sueños; una más de entre sus muchas investigaciones abiertas.

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Johann Heinrich Füssli, The Nightmare (la pesadilla, pero también “la yegua nocturna” de Borges y Shakespeare)

Otro tanto hizo, en la década de los 50 del siglo XX, un profesor de psicología de la Universidad Case Western Reserve. En su libro Dreamland: Adventures in the strange science of sleep, David Randall nos presenta casos como estos y el del doctor Calvin Hall, quien se dio a la tarea nada menos que de documentar y catalogar más de 50,000 sueños como si fuesen ficheros de libros en una biblioteca: constaba la información de la persona, su edad y nacionalidad, así como diálogos, número de personajes, género y el contenido mismo de la anécdota onírica.

Siguiendo una intuición que ya había tenido Jung, Hall no trataba de interpretar los sueños, sino de entender cómo funcionan a nivel estadístico. Sorprendentemente, llevar la estadística a la almohada lo llevó a una conclusión diametralmente opuesta a la de Freud. Para el padre del psicoanálisis, los sueños cumplían una función básica de satisfacción de deseos no reconocidos, una suerte de placebo nocturno para el hambre de la vigilia. Pero según Hall, los sueños no tenían ningún significado. De hecho, su intrigante familiaridad resulta del hecho de que son tan monótonos y fascinantes como la vida de las horas diurnas.

Los adultos tienden a soñar con gente que conocen, los niños sueñan generalmente con animales. Tres de cada cuatro personajes en el sueño de un hombre tienden a ser otros hombres, mientras que en los sueños de las mujeres aparecen hombres y mujeres en igual número. La mayoría de los sueños ocurren en las casas y oficinas de los soñadores, y si necesitan desplazarse a otro sitio, conducen autos o caminan por ahí. Y, para sorpresa de nadie, los estudiantes universitarios sueñan con sexo más a menudo que los adultos de mediana edad.

 

Curar mediante el miedo

Otro médico, el profesor Ernest Hartmann de la Escuela de Medicina de la Universidad Tufts, ha propuesto que los sueños pueden incluso tener una función terapéutica incluida en la configuración original de nuestra mente. Los beneficios de dormir están más que comprobados a nivel fisiológico, pero los de soñar son más difíciles de evaluar. Y la razón es que el mundo donde los sueños cumplían una función sumamente precisa ha cambiado.

Hartmann piensa en el hombre de las cavernas, el Homo sapiens original. Su vida debía ser un infierno de traumas constantes: sus amigos y familia devorados por bestias, enfermedades inexplicables, escasez de alimento… Probablemente, la supervivencia favorecía a aquellos que eran capaces de mantener la estabilidad emocional, y para eso tenían los sueños.

Para Hartmann, la evidencia es que nuestras pesadillas repiten una y otra vez los mismos eventos aterradores que hemos vivido en la vigilia. Su nitidez y detalle nos obligan a repasar los momentos traumáticos, pero también a instalarlos en la memoria a largo plazo (una de las funciones más reconocidas del dormir y el soñar). Para los investigadores, dicha integración es un signo de que el sistema emocional del sujeto pudo recuperarse y seguir adelante.

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Aprender a recuperarse de las pesadillas pudo representar una ventaja evolutiva para los primeros Homo sapiens

Para aprender de dicha experiencia, el cerebro tiene que repasarla una y otra vez. Pero en algunas personas, esto simplemente parece no ocurrir. Las pesadillas recurrentes pueden presentarse luego de eventos traumáticos, personales o sociales, como una medida evolutiva para ayudarnos a aceptarlos. Los pacientes con estrés postraumático suelen tener alteraciones del sueño similares a estas, y existen personas que en la vejez tienen pesadillas sobre cosas que les ocurrieron de niños.

 

Futuras investigaciones terapéuticas del sueño y la pesadilla

Una prometedora investigación sobre los sueños de pacientes con depresión y ansiedad ha notado que los depresivos no recuerdan sus sueños, a pesar de que sus cerebros muestren una extraordinaria actividad en los centros emocionales durante sus ciclos REM (la fase del sueño en la que ocurren las imágenes más vívidas). En The twenty-four hour mind: the role of sleep and dreaming in our emotional lives, la doctora Rosalind D. Cartwright comenta:

Un supuesto propósito de lo que logran los sueños (conocido como la función de regulación emocional en la teoría de sueños) es que soñar modula las perturbaciones emocionales, regulando aquellas que se vuelven problemáticas. Mi investigación, así como la de otros investigadores en este y otros países, apoya esta teoría. Los estudios muestran que los sentimientos negativos se regulan durante la noche. Pero la pregunta de por qué ocurre esto ha gozado de menor atención.

También en Ecoosfera: Tus sueños pueden ayudar a sanar heridas psicológicas (estudios)

Para Cartwright, los sueños son una amalgama de las emociones diurnas que, a su vez, se unen en una red de asociaciones emocionales almacenadas en nuestra memoria. Esta unión de recuerdos y emociones tiene tanta incidencia en nuestra vida emocional como la que ocurre cuando organizamos los fragmentos de nuestra vida en una sesión de psicoterapia. En sus propias palabras:

De este modo, el sueño distribuye la carga emocional del evento y también prepara al soñador para despertar listo para ver las cosas en una luz más positiva, para comenzar de nuevo.

Además de posteriores investigaciones científicas, Cartwright sugiere que la mejor manera de investigar esta función es observar los cambios en nuestros propios sueños o pesadillas: su recurrencia y las pequeñas variaciones anecdóticas pueden indicar importantes reorganizaciones afectivas.

Tal vez el sueño pueda curarnos literalmente de la noche a la mañana, si le prestamos atención durante el día para conocer su fascinante funcionamiento nocturno.



Tus sueños pueden ayudar a sanar heridas psicológicas (Estudios)

Las experiencias oníricas pueden ayudarnos a sobrellevar traumas psicológicos y reconocer deseos no expresados.

El mundo de los sueños ha fascinado a la imaginación desde hace siglos. Aunque la psicología y la ciencia modernas no cuentan todavía con una explicación extensiva de por qué soñamos o cuál es la función del sueño, su aplicación terapéutica ha tenido una historia fascinante, la cual ofrece resultados promisorios.

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Edie Sunday

Desde la Antigüedad, los sueños han sido leídos o interpretados como mensajes del más allá: de los dioses, de otros mundos, etc. No fue sino hasta el siglo XIX, cuando el psicoanalista vienés Sigmund Freud les prestó atención (en su obra fundamental De la interpretación de los sueños), que los sueños comenzaron a entrar en la cultura popular como una ventana hacia los deseos reprimidos y su satisfacción.

Para Freud, los sueños son una vía para satisfacer un deseo, el cual no siempre es evidente para el soñador –ya sea porque se trata de un deseo reprimido o porque el sueño es sencillamente una simbolización de algo a lo cual no podemos acceder por la vía lúcida–.

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Monty Kaplan

El alumno hereje de Freud, Carl Gustav Jung, dedicó gran parte de su experiencia clínica a recabar, analizar e interpretar sueños de la mano de sus pacientes. En su experiencia, no existe una sola clave para interpretar los sueños, sino que cada paciente (junto al analista) debe llegar al sentido último de las vivencias oníricas.

En Oriente, los sueños tampoco han sido dejados de lado. Para el budismo Bö, los sueños pueden utilizarse como medio de adivinación o como vía para expandir la conciencia y acceder a otros estados de claridad mediante el ejercicio del sueño lúcido.

Los pioneros estudios de Stephen LaBerge y Howard Rheingold demostraron que, en condiciones controladas, los sueños lúcidos eran una realidad: los sujetos de estudio podían comunicarse con los investigadores mediante un patrón de movimiento ocular.

La revisión de realidad (reality check), popularizado en la película Inception, es una herramienta sencilla para diferenciar el mundo de la vigilia del de los sueños

A pesar del amplio corpus documental que avala la existencia del sueño lúcido, su aplicación terapéutica sigue siendo motivo de discusión, y se le asimila a otras formas populares de magia, como el tarot o la astrología.

 

Exploradores modernos del sueño

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Monty Kaplan

Vivimos una era de gran interés para el estudio de los sueños. Según el psicólogo Rubin Naiman, de la Universidad de Arizona, “tan pronto comenzamos a poner atención a nuestros sueños, nos damos cuenta de que ahí yace una forma de inteligencia. Hay sabiduría. Hay compasión. Hay profundidad y puede abrir nuestros corazones para ver la vida de una manera completamente distinta”.

Y es que, para Naiman, los sueños cumplen una función similar a la del aparato digestivo en el terreno de la mente:

El sueño digiere. Metafóricamente, [el sueño] mastica, traga, asimila y filtra, y decide qué es lo que va a excretar. Nos nutren las experiencias cotidianas, y si no digerimos nuevas experiencias constantemente, nos desnutrimos psicológicamente. La gente que no sueña bien no recibe diariamente la nutrición de nuevas experiencias.

En un reciente estudio del Sleep and Neuroimagining Lab de la UC Berkeley se halló que una reducción del sueño REM (el estado de sueño profundo donde tienen lugar los sueños más intensos) disminuye considerablemente nuestra capacidad de afrontar la complejidad emocional que necesitamos para funcionar en nuestro día a día.

Los inductores de sueño lúcido pueden ayudar a enviar señales luminosas que debes interpretar dentro de tu sueño, para ayudarte a “despertar” dentro del mismo

Otro estudio señala que las emociones intensas que experimentamos en ciertos sueños (como las pesadillas) se vinculan a la amígdala y el hipocampo, las áreas de nuestro cerebro responsables de procesar la memoria a corto y largo plazo. De acuerdo con la investigación de Naiman, una falta de sueño en su fase REM puede estar ligada a la aparición de depresión.

 

¿La terapia de sueños es real?

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Edie Sunday

El trabajo de los terapeutas oníricos comienza por familiarizar a los pacientes con sus propios sueños. La primera vía para hacerlo es el registro diario de sueños a través de un diario. Según LaBerge y Rheingold, la capacidad para recordar los sueños es algo que puede desarrollarse mediante la práctica. Al principio, basta con anotar algún objeto o emoción predominante; con el tiempo, encontraremos que nos resulta más y más sencillo recordar episodios, diálogos, y familiarizarnos más profundamente con los paisajes del sueño.

Posteriormente, los sueños se llevan al terapeuta, el cual, dependiendo del tipo de enfoque, le ayuda al paciente a generar una interpretación. ¿Sueñas a menudo que tratas de meter ropa a una maleta pero ésta nunca cierra? Probablemente debes hacer frente a tus emociones, en lugar de ocultarlas. ¿Sueñas que un monstruo horrible te persigue mientras tus pies se derriten? Tal vez si dejas de escapar de lo que te angustia y te permites observarlo, verás que el monstruo se convierte en una figura familiar y amistosa que tiene algo hermoso que mostrarte.

Este tipo de terapia de sueños fue solamente uno de los recursos de los principios del psicoanálisis, así como una vía para encontrar alternativas lúcidas a situaciones estresantes incluso desde la Antigüedad. Pero no es necesario un acercamiento desde la religión o la ciencia para comenzar a familiarizarnos con nuestros sueños: basta un poco de voluntad en el día a día para programar nuestra mente con el objetivo de soñar, así como de recordar nuestras experiencias oníricas durante el día.

Después de todo, los sueños ocurren dentro de cada uno de nosotros. Son parte de nuestra experiencia vital, y aunque sucedan en el terreno de nuestra mente, no son experiencias menos reales que las que vivimos al despertar. La relación con los sueños es algo que puede cultivarse, y como demuestran las investigaciones anteriores, pueden ayudarnos a tener una vida psicológica más rica y plena.

 

* Fotografía: Monty Kaplan y Edie Sunday