Para Stanley Kubrick la perfección era una inspiración. Muchos podrán tomar esto como una cualidad bastante subjetiva, pero el cineasta encontró en ella la ecuación para fabricar películas con un laberinto de símbolos y secretos obsesivamente elegidos para cada escena fotográfica.

No sorprende entonces que Kubrick se haya interesado en temas tan complejos como el origen (cósmico) del hombre, y que haya creado una de las más aclamadas películas de todos los tiempos: 2001: A Space Odyssey. Dicho trabajo le valió el reconocimiento de ser una de las mejores promesas de la industria del cine.

Fue justo en aquel momento cuando la revista Playboy realizó una de las entrevistas más cautivadoras, en la que Stanley Kubrick detalla su visión sobre el universo, la vida y el hombre.

La vida es tanto como uno quiera que sea, y Kubrick pensaba que la vida obliga al hombre a crear su propio destino. Al inicio de ella todos somos exploradores constantes, sedientos de experimentar todo lo que nos sea posible, después, todo se convierte en una “conciencia de la muerte y la decadencia que empieza a impregnarse”.

¿De este sinsentido de la vida puede, realmente, crecer un propósito? ¿Seremos capaces de alcanzar el genuino significado de nuestra existencia?

 

Stanley Kubrick nos dice si vale la pena vivir:

 

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