Es indudable que la música, como el lenguaje completamente alternativo que es, modula y moldea la realidad. Nos hace sentir parte de una comunidad y sentir el mundo al mismo ritmo, asociando nuestras vivencias con las mismas melodías y tonos que el otro o los otros. No obstante, desde la más perversa psicología de masas la música es susceptible de usarse de maneras poco éticas.

Y es que, lamentablemente, el potencial de la música para evocar emociones –y conducir acciones– está siendo utilizado en favor de la economía de la atención y de un amplio mercado, específicamente por parte de la plataforma Spotify.

Un nuevo libro, Spotify Teardown: Inside the Black Box of Streaming Music, es el resultado de años de intensa investigación por parte de un grupo de académicos. El libro devela las formas en las cuales la plataforma sueca manipula las emociones. Además, hace un recorrido por la biografía de sus fundadores, Daniel Ek y Martin Lorentzon, que es por demás esclarecedor.

Spotify utiliza algoritmos para saber qué escucha cada usuario.

Pero también para saber qué música recomendar a partir de su estado de animo. 

spotify-emociones-manipulacion-venta-datos-economia-atencion

Al más puro estilo de una perversa psicología de masas, Spotify está usando inteligencia artificial para vendernos soundtracks que vayan de acuerdo con nuestro estado anímico. Y aunque podríamos pensar que Spotify sólo reporta ganancias cuando compramos una membresía Premium, o cuando aparecen comerciales, esto no es así.

Las listas de reproducción personalizadas se monetizan en el preciso momento en que los usuarios hacen clic. Según los autores de Spotify Teardown, la música es sólo una de las tantas capas que escuchamos sobre “una cacofonía de otros datos”.

Con ayuda de un programador, los investigadores descubrieron que al menos 22 empresas relacionadas principalmente con la publicidad están rastreando los hábitos del usuario según lo que esté escuchando, y proporcionando análisis en tiempo real desde que da clic en el botón de play. De acuerdo con los investigadores, estos datos se empaquetan y revenden.

Sabido es que la economía de la atención se basa en otras trampas psicológicas que alientan nuestra adicción al Internet y a las redes sociales. Así, Spotify nos podría estar haciendo adictos a la música melancólica y estar profundizando estados depresivos. O podría, por el contrario, estar recomendando “música alegre” para mejorar el estado de ánimo de manera artificial. Sea como sea, nada de esto favorece nuestra libertad. Más bien, atenta contra nuestra privacidad.

 

¿Y por qué esto es una psicología de masas?

spotify-emociones-manipulacion-venta-datos-economia-atencion

La psicología de masas es un conjunto de estudios del comportamiento colectivo. Es normal que esta disciplina subestime al conjunto de individuos que llama “masa”, acuñándole características negativas, como la impulsividad, la inconsciencia y la proclividad a la manipulación. Para Gustave Le Bon, uno de los más importantes teóricos de esta corriente, los sentimientos de la masa son siempre simples y exaltados.

Todo esto ha sido usado desde los comienzos del marketing para despertar el deseo de consumo en las masas. De hecho, el comienzo de la publicidad es indisociable de este enfoque negativo sobre las masas. Así lo demuestra el documental de Adam Curtis, The Century of the Self. En él se revela cómo el sobrino de Freud hizo de la psicología una herramienta para favorecer a las empresas en Estados Unidos.

Quizá parece que no podemos hacer mucho ante esta situación. Pero por ahora todos debemos estar al tanto de esto, para no vivir al margen de los problemas contemporáneos, ni rendirnos ante la posibilidad de construir un mundo en el cual podamos desarrollarnos con ayuda de la tecnología sin temor a ser vigilados o manipulados.