Desde tiempos antiguos hemos creído que, de una u otra forma, el ser humano se conecta con el universo. No sabíamos hasta qué punto nuestro organismo está compuesto de polvo de estrellas, pero esta conexión es más profunda de lo que imaginábamos. Hoy la ciencia ha comprobado que hay una relación entre la actividad solar y nuestra psique.

La fuerza del sol es escalofriante y al mismo tiempo hipnotizante. Esta inmensa estrella del cosmos parece influenciar no sólo a los planetas, sino también a nuestra mente. Los científicos se dieron a la tarea de analizar la relación entre la intensidad del viento solar y nuestro cuerpo, y encontraron grandes conexiones.

 

Período de máximo solar

El poderoso aumento de los rayos solares cósmicos, llamado máximo solar, es un ciclo que se repite cada 11 años. Este fenómeno se hace visible porque aparecen grandes cantidades de manchas en la superficie del sol y los niveles de radiación aumentan cerca de 0.1%.

La intensa actividad del sol no sólo provoca que estemos muy atentos a las emisiones de radiación o a las erupciones solares, sino que también alimenta la curiosidad de los expertos sobre los efectos que este ciclo tiene en nosotros.

 

Intensa actividad solar… ¿caos humano?

Los hallazgos indican que los fenómenos ambientales energéticos afectan los procesos psicofísicos de las personas. Es decir, durante esta época es posible que los individuos perciban cambios en su grado de sensibilidad, autocontrol o estado de salud.

En un estudio en el que se analizan los efectos psicológicos, fisiológicos y de comportamiento durante este ciclo del sol se explica que “las alteraciones geomagnéticas están asociadas con aumentos significativos en los ingresos hospitalarios por depresión, trastornos mentales, ingreso psiquiátrico, intentos de suicidio, homicidios y accidentes de tráfico”. Además, se cree que las variaciones repentinas en la actividad solar pueden alterar los procesos reguladores afectando el equilibrio de la melatonina y la serotonina, así como la presión arterial, entre otros.  

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El primero en investigar la correlación entre la psique y las fuerzas del universo fue Winfried Otto Schumann, en la década de 1950. Schumann midió frecuencias que eran similares a un modelo matemático que predijo una resonancia de onda magnética entre la Tierra y la ionosfera, y descubrió que todas las frecuencias más altas que detectó se sobreponían “estrechamente con ondas cerebrales alfa (8–12 Hz), beta (12–30 Hz) y gamma (30–100 Hz)”.

El resultado del estudio mencionado fue fascinante cuando los científicos notaron que durante el ciclo de esta lluvia magnética, los ritmos cerebrales fueron similares a las variaciones del máximo solar. Esto sugiere que, bajo ciertas condiciones que aún desconocemos, el viento solar u otros fenómenos pueden afectar la actividad cerebral.

En la actualidad se mide el aumento en las radiaciones que emite el sol y su posible impacto a través de los índices que se observan en el campo magnético de la Tierra. Estos índices de radiación son las señales que los científicos intentan traducir para explicar los cambios que estas energías producen en la Tierra y en nosotros.

Todavía queda mucho por investigar. El objetivo es determinar de qué forma se relacionan estas frecuencias con el ritmo del cerebro. ¿Cómo es que esta energía masiva se conecta con nuestras más íntimas funciones cerebrales? Sabemos que hay muchos elementos en la Tierra y el cosmos que pueden afectar a la mente, pero ¿exactamente cómo funciona el máximo solar? Por ahora, la incógnita sigue viva.

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