Las ciudades sobrepobladas sí tienen beneficios

En teoría, las ciudades sirven para centralizar en una misma geografía poblaciones y servicios diversos. ¿Por qué no estamos sabiendo aprovecharlas?

Las ciudades son organismos que crecen sin control, y de entre todas ellas, las ciudades de Latinoamérica están entre las más densamente pobladas de todo el mundo. Y cuando pensamos que ya no cabe nadie más… siguen creciendo.

Pero la alta densidad de población podría ser una ventaja que las ciudades no están aprovechando.

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Jeffrey Milstein

Según un reciente estudio del Banco de Desarrollo de América Latina (CAF), la centralización de lugares de trabajo, viviendas y servicios de las grandes concentraciones urbanas presenta una ventaja frente a las ciudades “de antes”: al menos en teoría, si todo está más cerca, todo debería ser accesible para todos.

La densidad de población es una escala que mide la cantidad de personas que viven en un territorio dado. Mientras que en zonas rurales mexicanas la densidad de población promedio es de 61 habitantes por kilómetro cuadrado, en la Ciudad de México esta cifra es de casi 6,000 habitantes por kilómetro cuadrado.

El problema es que las ciudades han crecido sin planeación, con transportes públicos deficientes, con mercados inmobiliarios que encarecen y gentrifican zonas a medida que se expanden, además de una ineficacia gubernamental que no ha sabido modificarse para unificar en lugar de separar.

“La capacidad de las ciudades de aumentar la productividad, la riqueza y el bienestar en mayor proporción que el tráfico, la contaminación, el crimen, la informalidad y la pobreza depende de las políticas públicas, y de que éstas logren aprovechar los beneficios de la urbanización”, afirma el estudio.

Un ejemplo de todos estos factores es la megalópolis de la Ciudad de México: luego de que se impulsaron grandes proyectos de vivienda a finales de los años 80 y principios de los 90 en el siglo pasado, la zona metropolitana se convirtió en una especie de anexo a la ciudad.

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Vista aérea de Ecatepec, en el Estado de México (Imagen: Javier Salinas)

Las grandes distancias con los centros de trabajo y los deficientes servicios públicos y de salud, sin contar los alarmantes índices de delincuencia, convirtieron a lugares como Chalco, Ciudad Neza y Ecatepec en focos rojos.

 

Grandes distancias, grandes atrasos

A pesar de que, según cifras de la OCDE, los mexicanos son la población que trabaja más horas al año, esto no se refleja en el ingreso general. Las distancias para llegar al trabajo hacen que el trabajo parezca una hazaña aún más titánica.

Si el trabajador latinoamericano promedio tarda 40 minutos en llegar de su casa al trabajo, en la Ciudad de México, en Bogotá, en São Paulo y Lima el 25% de los trabajadores tardan hasta 1 hora en llegar.

¿Cuál es la solución, según el estudio del CAF? Una alcaldía o gobierno metropolitano que transforme las ciudades actuales, hervideros de caos, en metrópolis interconectadas, con servicios de salud eficientes, transporte público a base de energías limpias y suficientes créditos para acceder a viviendas dignas.

¿Pero realmente será una buena solución darle más poder al gobierno? Si estas medidas no se acompañan de mecanismos de rendición de cuentas (como en el caso actual de la Guardia Civil mexicana, propuesta por el presidente Andrés Manuel López Obrador), el ejercicio de los gobiernos seguirá atrapando a los ciudadanos en programas costosos y de poca utilidad. De hecho, muchas ciudades latinoamericanas ya cuentan con este tipo de gobierno, y se sigue esperando que ocurran cambios.

Lo que debe cambiar no es solamente la administración pública, sino la idea misma que tenemos de ciudad. Las fronteras políticas entre delegaciones, alcaldías, ciudades conurbadas y zonas metropolitanas hoy son flexibles, no fijas. No solamente en términos de información sino de movimiento de personas, mercancías e incluso de problemas.

Hasta que no entendamos que los problemas de una comunidad tarde o temprano afectarán a las demás, no estaremos listos para enfrentar los retos del siglo XXI desde una perspectiva realmente planetaria.

 

* Imagen principal: Daily Overview 



El origen de la vida es poesía pura y demuestra que todo está conectado

Un experimento demostró cómo la vida se originó en el fondo del mar (a partir de moléculas provenientes del espacio).

Tenemos cuentas pendientes con nuestro más remoto pasado. La idea de encontrar nuestros orígenes nos sigue fascinando, quizá porque simbólicamente sería como un regreso a lo natural. Y vaya que nos hace falta reconectarnos con todo eso que fuimos hace mucho, mucho tiempo. Porque además, en nuestros orígenes está la prueba de que todo está conectado.

Pero, ¿cómo empezó todo?
No sólo la vida humana, sino la vida en la tierra.

Al parecer, la respuesta está en el fondo del mar. Un estudio publicado en la revista Proceedings imitó las condiciones del océano para observar cómo las moléculas inertes cobraban vida.

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El agua caliente que generaban estos respiraderos hidrotermales en el océano antiguo crearon condiciones químicas que permitieron la formación de aminoácidos. Estos fueron los componentes básicos de las proteínas, encargadas de las primeras funciones metabólicas. Tales condiciones, así como la composición del océano, es lo que los investigadores de la University of Southern Denmark imitaron.

Su maqueta era una mezcla de agua alcalinizada, calentada a 70 grados y que constaba de minerales y moléculas como el piruvato y el amoníaco, que fueron precursores de los aminoácidos y abundaban en la Tierra primitiva. También agregaron “óxido verde”, el término común para el hidróxido de hierro.

El equipo pudo observar la formación de un par de aminoácidos tan pronto como se introdujeron pequeñas cantidades de oxígeno en el agua, un elemento escaso en aquel entonces.

Así, podemos saber de qué tipo de entornos específicos surgió la vida.

Si el océano tuvo tanto que ver con la formación de primigenias moléculas orgánicas, estaríamos ante un fenómeno por demás poético y casi mitológico. Una correlación de sucesos que demostraría cómo todo ha estado conectado desde el origen.

Y es que tanto el cielo –la atmósfera– como lo más profundo de la Tierra –el océano– hubieron de trabajar en conjunto para que surgiera la vida. Incluso el universo conspiró para crear vida en nuestro planeta, ya que más de la mitad de los átomos que conforman nuestro cuerpo podrían provenir de galaxias más allá de la Vía láctea. En eso acuerdan la mayoría de los astrónomos. Así también, es probable que el origen del agua sea cósmico. De hecho, este líquido vital es más antiguo que el sol y la luna, y podría tener más de 4 mil millones de años en caso de que esta teoría esté en lo correcto.

Es así que la vida no puede pensarse sino como un auténtico milagro natural, cuyos orígenes nos hacen pensar que si todo nació conectado, el futuro depende de que todo siga en sintonía.

 

 

*Imágenes: 1) un modelo de protocélula, NSF (edición Ecoosfera); 2) Richard Bizley/SPL