Slow living: evolucionando la calidad de vida con sencillos hábitos

La vida es un vértigo que necesita de ritmos lentos y pausas más prolongadas para poder disfrutar de sus más ínfimos detalles.

Detenerse un momento. Observar y no sólo mirar. Escuchar y no sólo oír. Inhalar profundo y percibir los aromas, descifrando todo lo que nos rodea: a nuestra ajetreada vida le hacen falta estos ritmos.

El slow living es un movimiento que supo captar la delicia detrás de la lentitud, convirtiéndola en un modo de vivir que ha encontrado muchos entusiastas en todo el mundo, antes asolados por la idea de que la vida contemporánea parece sólo ir en fast track, sin pausas ni mediaciones. Ante este vértigo, el slow living propone lo opuesto para reconectarnos con nuestras capacidades cognitivas, nuestra sensibilidad e incluso nuestras tradiciones.

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A paso lento…

Todo empezó en 1986 con el movimiento slow food en Italia, antes llamado Arcigola, que fue creciendo lentamente, hasta tener en la actualidad más de 100 mil miembros en 132 países. A esta iniciativa se fueron sumando otros elementos que han hecho de la lentitud una característica revalorada en muchos campos de la vida, que hizo eco en miles de personas y que sin duda tiene mucho que aportar en la construcción colectiva de un mundo diferente (y mucho más pausado).

El slow living propone un consumo sin impacto, preferentemente orgánico, local y no procesado. Es una revolución de la lentitud, una “batalla épica”, según la define su fundador, Carlos Petrini. Este profesional gourmet vio entrar con recelo la vorágine del boom económico en Italia tras la segunda guerra mundial. Sabía que los cambios económicos ocasionarían la aceleración de la vida en la barroca Italia, muchas de cuyas localidades seguían siendo virtualmente idénticas a como eran siglos atrás.

Cuando Petrini supo de la apertura, en 1986, del primer McDonald’s en Italia, se convenció de que había que tomar acciones para defender las tradiciones italianas. Más aún, defender lo sustentable y local tenía que ser más que un pasatiempo, sobre todo tras la muerte por intoxicación de 19 personas que tomaron un vino barato adulterado.

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Con el tiempo, este movimiento fue ampliando sus horizontes hasta convertirse en slow living: una propuesta integral para cambiar por completo los ritmos con los que habitamos el mundo (que, lamentablemente, asemejan más a los de una fábrica o los de Wall Street que a los de la naturaleza o nuestros antepasados).

Para Petrini, las generaciones futuras que hereden este movimiento deben luchar por regresar a la pequeña escala, lo hecho a mano, la distribución local, y un cúmulo de cosas que suenan como un plan de emergencia perfecto ante las crisis sociales, económicas y ambientales que enfrentamos, que nos están llevando directo al colapso mundial a una velocidad asombrosa.

Aquí te dejamos unos pequeños hakcs para que pongas en práctica el slow living paso a paso…

Haz de cada rutina un ritual

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Un café, preparar las comidas, limpiar la casa, hacer la cama, pasear al perro: todo puede ser más que un hábito rutinario y convertirse en un ritual de relajación y limpieza mental (lo cual es precisamente lo que recomienda la filosofía zen).

 

Detente a comer

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Siéntate en una mesa o donde quiera que puedas comer con tranquilidad y comodidad. Aleja cualquier distractor y disfruta tu comida: saboréala, mírala, mastícala lentamente. Y trata de comer acompañado y hacer sobremesas placenteras.

 

Ralentiza el paso

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Vayas a donde vayas, no lo hagas corriendo o con prisa. Intenta que tus horarios te permitan ir a un paso relajado y que no te obliguen a tomar algún transporte a los lugares a los que podrías ir a pie. Si tu trabajo o escuela queda muy lejos, intenta desplazarte cuando no hay tráfico y aprovecha las horas libres para hacer otras actividades de manera relajada, como meditar o leer.

 

Evita ver televisión o navegar en redes sociales

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Netflix y YouTube son tentadores, y parecen momentos de relajación. Pero le quitan muchas horas a tu día, que podrías usar para poder hacer tus ocupaciones más relajadamente o, sencillamente, para contemplar el cielo o la vista desde la ventana.

 

Cultiva tu comida

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La filosofía del slow living es consumir local y orgánico: ¿qué más local y orgánico que algo cultivado por ti? Puedes intentar cultivando tus alimentos, por ejemplo, lo que también requerirá que hagas un poco de composta. Esto te hará apreciar más lo que comes y promoverá tus hábitos de slow living.

 

* Imágenes: Haarkon



Haarkon: paseos por invernaderos y una invitación a (re)conectar con tu vitalidad

Este precioso proyecto digital (y visual) inspirará en ti nuevos ritmos para vibrar la existencia.

Invernaderos de cristal, aventuras de relajación y mucha calma natural: en suma, un ritmo completamente distinto. Eso es lo que nos comparten India y Magnus, una pareja de fotógrafos radicados en la ciudad de Sheffield, Inglaterra; juntos crearon Haarkon, un blog que, lejos de limitarse al mundo digital, es un complejo orgánico cuya exploración resulta obligatoria.

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Haarkon se siente casi como un modo de vida: viajes a lo largo de Europa y otros lugares del mundo a un paso completamente distinto, descubriendo los rincones y vericuetos verdes de cada comunidad y ciudad que visitan; preciosas fotografías de espacios frescos, verdes y agradables que comparten a través de su cuenta de Instagram, y por supuesto, su proyecto de invernaderos de cristal…

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Este último es tal vez el proyecto más idílico de la pareja inglesa. Se trata de una colección de invernaderos de cristal que han adquirido en sus experiencias de viaje, finamente capturados en hermosas fotografías; espacios oníricos repletos de la más hermosa y diversa botánica. Además de ser visualmente impactante, estas fotografías han sido reunidas en un libro, y ofrecen una serie de ensayos fotográficos en torno a un contenido como probablemente no hay otro igual.

A menudo los lugares no promueven sus invernaderos y no mucho es dicho sobre ellos […] ¡No podríamos imaginarnos tener algo tan hermoso en nuestro jardín y no gritar desde los techos que ahí está!

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Harkoon es además un aprendizaje que se lleva a la par con el de India y Magnus, quienes poco a poco han ido nutriendo su estilo de vida con la sabiduría minimalista del Slow Living, así como con una genuina curiosidad por la botánica y el mundo de las plantas. No es que siempre supieran al respecto, como mencionaron en una entrevista para MBG:

Cuando llevamos nuestra primera planta a casa, era meramente por la estética, pero caímos en cuenta de que teníamos que procurar su vida para que mantuviera su belleza, así que nos pusimos a leer y comenzamos a reaccionar a lo que la propia planta nos decía.

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Sin duda, lo más radiante de este proyecto es que es en sí mismo un todo orgánico en el cual se refleja visualmente la filosofía de sus creadores, pero también un aprendizaje que se va construyendo sobre una marcha de paso tranquilo. Te invitamos a conocer y visitar su sitio web, y a que empapes tu día de frescura.

 

 

🌱🏢➕🌿 #HaarkonGreenhouseTour

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John at @claptontram sure knows a thing or to about how to display a plant 😁🙌🏼🌿

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Nature is always boss. 💪🏼🌿 #HaarkonGreenhouseTour

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El arte japonés de la moderación: una forma de cambiar tus hábitos alimenticios expandiendo la conciencia

Tener una mejor nutrición puede no ser tanto cuestión de dietas como de espiritualidad, tal como lo demuestra la sabiduría oriental.

La manera en la que nos alimentamos puede decir mucho de nuestra sociedad, y es a la par una expresión individual de nuestra espiritualidad, así como de la forma en la que navegamos la existencia. Porque los hábitos alimenticios de cada cultura son una reminiscencia de prácticas y creencias milenarias, las cuales subyacen tras las modificaciones que el pasar del tiempo ha impuesto en la nutrición de cada comunidad humana.

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Alimentarnos es, así, mucho más que el simple acto de comer. Ínfimas cuestiones como pueden ser el tipo de vajilla que elegimos o cuántas veces masticamos un bocado, reúnen el total de rituales que giran en torno a la nutrición, mismos que trascienden el momento de comer y que pueden tener un impacto –positivo o negativo– en el resto de nuestras prácticas.

Incluso pueden incidir en nuestra longevidad

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Por eso, un principio básico de la filosofía japonesa –desde el zen hasta Confucio– es el de la moderación: una norma que permea todos los aspectos de la vida, incluido el de la alimentación. Pero por moderación no debemos entender una restrictiva dieta hipocalórica, sino una visión multidimensional de la vida, misma que parte de la nutrición y que confía a la sabiduría de nuestro organismo el destino de nuestro bienestar en el plano material.

Y como siempre en la filosofía oriental, no hay pensamiento disociado de la práctica. Esta es la base del hara hachi bu, un principio del confusionismo que instruye a la gente a comer hasta que estén llenos en un 80% de su capacidad, lo que significa una ingesta de entre 1,800 y 1,900 calorías al día. 

En cambio, el mexicano promedio puede llegar a consumir hasta 3 mil calorías por día, pues solemos comer mucho más allá de la saciedad.

El principio del hara hachi bu es desarrollado a lo largo de los textos del confusionismo. En el libro 7 de las Analectas de Confucio, una sentencia nos dice:

Cuando el Maestro estaba cerca de alguien que estaba en duelo, nunca comía hasta la saciedad. 

Y en el libro 10: 

Aunque su arroz sea de la mejor calidad, no come en exceso; aunque su carne esté finamente picada, no la engulle.

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Hara hachi bu

¿Cuánto no cambiaría si adoptásemos nuevos hábitos alimenticios desde un enfoque filosófico y práctico como el del confusionismo? Podría parecer exagerado, pero una autotransformación sólo puede empezar desde la base. Y esa base, en el confusionismo, son los alimentos y la manera en la que nos relacionamos con ellos desde la conciencia.

Así que no se trata solamente de contrarrestar lo que los malos hábitos alimenticios ocasionan –cientos de enfermedades producto de la obesidad, o una “mala” apariencia física–. El objetivo no es ni siquiera vivir más tiempo –como los japoneses: la población más longeva de la Tierra, gracias a sus hábitos alimenticios–. Esas son, digamos, metas secundarias; se trata, en realidad, de que toda práctica se sustente en una conciencia expandida: desde cómo comemos y qué comemos, hasta cosas aparentemente más importantes como el cuidado que prodigamos a nuestros proyectos personales.

Por supuesto que, adicionalmente a poner en práctica el mantra hara hachi bu antes de ingerir cualquier comida, vendrán a la par todos los beneficios que podríamos esperar de cualquier dieta, e incluso más en términos de salud. Pero ello estará sustentado en una primigenia reconexión con las bases mismas de la vida, que es lo que fundamentalmente nos enseña la filosofía oriental.