El código que rige todas las computadoras del mundo podría haberse inspirado en el I Ching

El yin y el yang y el sistema binario de Leibniz tienen un mismo origen: el antiguo libro chino I Ching. El sistema binario que hoy maneja cada computadora tuvo su origen en la filosofía.

Gottfried Wilhelm Leibniz, filósofo y matemático del siglo XVII, desarrolló el sistema de números binarios (problemas de decisión cuya respuesta se reduce a “sí” o “no”) que se usa en la actualidad, con referencias directas a los hexagramas y las ideas cosmológicas encontradas en un manual del siglo IX, el I Ching.

Leibniz imaginaba una máquina capaz de computar algoritmos y abordar problemas de decisión, y la idea de utilizar el sistema binario para dicha máquina la obtuvo de un sacerdote jesuita que estaba evangelizando en China y que había conocido el I Ching.

El antiguo libro chino fue escrito hace miles de años y tuvo un poderoso impacto en la cultura, la medicina y la ciencia de la antigua China y otros países. ‘El libro de todas las respuestas’ también introdujo, entre otros conceptos, el sistema de símbolos del yin y el yang (equivalentes a 0 y 1).

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Leibniz, el sistema binario y los hexagramas del I Ching

Desde el punto de vista moderno, el I Ching resalta la importancia de los grupos diádicos de números binarios para la naturaleza, utilizando el sistema representado por las tablas con grupos de cuatro bigramas, ocho trigramas y 64 hexagramas, que fueron declarados como arquetipos fundamentales de la naturaleza.

Un trigrama es una figura formada por tres lineas horizontales, en la cual cada línea es un yang (línea ininterrumpida) o un yin (línea interrumpida). La bandera de Corea del Sur, por ejemplo, contiene los trigramas de cielo, agua, fuego y tierra. Un hexagrama está compuesto por seis líneas, y los hexagramas se forman combinando los ocho trigramas.

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Inspirado en los trigramas y hexagramas y en la relación de dualidad del yin y el yang, Leibniz publicó su texto Explication de l’Arithmétique Binaire, donde menciona los símbolos binarios utilizados por matemáticos chinos. Leibniz decidió utilizar el 0 y el 1 para dicho sistema, y mostró en su texto la correspondencia entre números expresados en base decimal y en base binaria, así como las operaciones básicas (suma, resta, multiplicación y división) en sistema binario.

En el texto, Leibniz observa el código binario del I Ching, representado como yin y yang. Leibniz argumentó que toda la materia se puede representar en secuenciación binaria como unos y ceros o, como se expresó en la literatura antigua, mediante el yin y yang, que identifica como términos que representan conceptos abstractos polares.

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Extracto de Explication de l’Arithmétique Binaire

Leibniz escribió sobre su propia fascinación con el manual y señaló que los hexagramas del texto se correspondían con los números binarios de 000000 a 111111, argumentando que los autores eran mucho más avanzados en matemáticas de lo que creían sus contemporáneos.

Tras descubrir la representación binaria en los textos antiguos, Leibniz continuó escribiendo sobre su propio conocimiento de sistemas binarios. Esto, a su vez, se convirtió en el lenguaje de la informática moderna que todavía se utiliza en la actualidad, y así se vincula un texto de 5,000 años de antigüedad con la formación de la era digital.



Encuentran elixir de la inmortalidad en tumba china (y tiene más de 2,000 años de antigüedad)

¿Qué dice esto sobre la concepción china de la vida y la muerte?

Recientemente, un grupo de arqueólogos encontró, al interior de una tumba con 2,000 años de antigüedad, una sustancia amarillenta con aroma a alcohol. Ésta se encontraba dentro de una olla de bronce y, al parecer, se trata del “elixir de la inmortalidad”, elaborado por alquimistas taoístas para diversas dinastías en la antigua China.

En la tumba hallaron los restos de un noble, así como objetos de jade y bronce, entre otras cosas. Pero fue el extraño líquido el que más sorprendió a los arqueólogos, según el portal Gizmodo. En un principio, pensaron que se trataba de vino de arroz, el cual se usaba en ceremonias. Sin embargo, analizando la extraña sustancia descubrieron que está compuesta de nitrato de potasio y alunita. Estos son dos ingredientes que los alquimistas taoístas usaban para crear elixires de la inmortalidad.

Hasta ahora se sabe muy poco de estos elixires, también llamados “de la vida”.

Y es que sólo se menciona a los elixires en los antiguos textos de los alquimistas taoístas y en la mitología. También existen registros sobre los emperadores y nobles que murieron por tomar sustancias tóxicas presentes en las pócimas. Pero más allá de esto, no había pruebas fehacientes.

Es por ello que los arqueólogos consideran que el hallazgo de un auténtico elixir de la inmortalidad ayudará a entender mejor la concepción de la vida y la muerte en la antigua China, lo cual es ciertamente emocionante.

 

¿Por qué buscaban la inmortalidad?

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Pintura de Utagawa Kuniyoshi que retrata la expedición que mandó el alquimista tao, Xu Fu, al Monte de los Inmortales

Quizá el anhelo por la inmortalidad, o por lo menos las ansias por la longevidad, estén presentes en todas las culturas del mundo. Pero cada tradición ha tenido distintas concepciones, que pueden privilegiar más ya sea a la vida, a la muerte, o a ambas por igual.

En el caso de la filosofía china, la vida –vista como una fuerza productiva cósmica– ostentaba un mayor privilegio. Como se puede leer en el ensayo Life and Immortality in The Mind of Han China, de Ying-shih Yü, la idea de la vida ocupaba un papel prominente en las mentes de la antigua China, apareciendo constantemente en literatura, inscripciones y textos de toda índole. Y como rescata este mismo texto, queda claro por qué Confucio dijo alguna vez que:

Mientras no conozcas la vida, ¿cómo puedes saber sobre la muerte?

La vida era, pues, sagrada: una virtud del Cielo que debía ser cuidada en la Tierra. Por eso, no extraña que el elixir de la inmortalidad haya sido encontrado en la tumba de un noble. La sepultura se remonta a las épocas de la dinastía Han del Oeste, que perduró del 202 a. C. al año VIII de nuestra era. Para entonces, China ya había sido unificada bajo la idea del tianxia, una concepción del mundo para la cual todo lo que estaba “bajo el cielo” (tianxia) debía estar unido y ser salvaguardado. Por ejemplo, con una kilométrica muralla –la Muralla China–.

Al parecer, no es que los antiguos chinos no tuvieran en mente los conflictos y dualidades en los que se basa la existencia. Pero tenían muy claro que la vida debía preservarse. En ese sentido, ¿será que entendían por “inmortalidad” lo mismo que nosotros? Quizá no, y es lo que hallazgos arqueológicos como el de este elixir nos ayudarán a ir develando.



Wu wei (o sobre cómo aprender las ventajas de la no-acción)

El wu wei es una parte importante de la filosofía taoísta que nos recomienda la no-acción como método para “hacer sin hacer”.

El Tao constantemente no actúa pero todo lo hace. Si príncipes y reyes pudieran retenerlo, todo se transformaría por sí solo. Si surgen deseos, consérvalos en el fondo, en aquella simplicidad que no se puede definir. La simplicidad que no tiene nombre está libre de deseos. Si no hay deseos todo está en paz y el mundo se endereza por sí mismo.

De este modo dejó escrito el legendario sabio Lao Tsé su concepción sobre el correcto gobierno. El gobernante debía apaciguar sus ansias, moderar sus deseos y limitar sus injerencias para que el pueblo, como una planta que crece sin esfuerzo y por su propio impulso natural, se gobernase a si mismo inspirado por la quietud elocuente de su rey. Este modo de gobernar representa la esencia del wu wei, una parte fundamental de la filosofía taoísta que puede traducirse literalmente por “no acción”.

Por norma general, nuestras vidas están organizadas en base a la acción; nuestros días se componen de actividades programadas que debemos cumplir con abnegación: el trabajo, las disciplinas físicas, los deberes cotidianos…una atosigante actividad que desemboca habitualmente en estrés y todo tipo de tensiones nerviosas. Como si quisiéramos atrapar el futuro próximo en nuestras manos, nos aferramos a los proyectos y a sus resultados, tensamos nuestro espíritu en el desarrollo de actividades que bien pudieran enfocarse de otra manera. 

tao the king lao tse ensenanzas

¿Cómo comprender que el Tao constantemente no actúa pero todo lo hace? Desde la limitada lógica occidental, basada en el principio de contradicción, una proposición como esta puede resultar absurda. En seguida optaríamos por comprender el axioma desde la más indolente holgazanería: puesto que Lao Tsé recomienda la no acción, entonces no hagamos nada, y veamos a ver que sucede. 

Nada que ver. El Tao, “el camino” o “la vía”, es la esencia innombrable del universo, el fundamento inmanente de su funcionamiento natural; todo está regido por el Tao: el lento crecimiento de un Ciprés, la polinización de las plantas, el movimiento impredecible de las masas nubosas…todo en el universo se rige por la misteriosa fuerza que gobierna la naturaleza y de cuya actividad se deriva siempre un estado de equilibrio dinámico. 

Gif: Sunxin Biu

El wu wei, o ‘no acción’, cree en la posibilidad de que el ser humano, como miembro indisoluble de los procesos cósmicos, pueda interiorizar esta esencia y construir su vida según sus dictados. Las cosas, una vez que esa fuerza inexorable es asimilada, se ordenan y se consolidan sin que nuestra voluntad deba intervenir en su consecución. Las actividades dejan de ser una tensión de la conciencia: del mismo modo que el duramen de la corteza del árbol crece en anillos concéntricos porque esa es su naturaleza, nosotros podemos actuar sin actuar, dejando que las cosas se hagan en nuestra presencia, que lejos de ser pasiva es intensamente activa, pero solo aparentemente. 

El wu wei es el modo de hacer sin que nuestro espíritu deba vincularse a la acción a través de la ansiedad, producto del posible resultado, o de la frustración por las previsiones erradas. 

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En un capítulo de sus Ensayos, Montaigne reflexionaba sobre algunas empresas militares:

Cuando estudio de cerca las empresas más gloriosas de la guerra, paréceme que los que las dirigen no usan los proyectos y decisiones más que para guardar las formas; y que abandonan a la fortuna la mayor parte de la empresa…

Esa fortuna de la que habla Montaigne guarda una estrecha relación con el wu wei del taoísmo. Saber dejar al azar gran parte de nuestras decisiones es usar esa no acción que el taoísmo recomienda. Pero como en casi todo el pensamiento oriental, la paradoja esta presente: el azar es liberado sólo para ser encauzado después, a través de esa sabiduría proveniente del tao, a nuestro favor.

A pesar de ser una filosofía originaria de China, el wu wei ha sido empleado, consciente o inconscientemente, por muchos creadores en todo el mundo. Un ejemplo claro es la concepción del cine del director Robert Bresson. En sus Notas sobre el cinematógrafo, Bresson cita al pintor pre-impresionista Corot:

No hay que buscar, hay que esperar.

lao tse ensenanzas tao the king. filosofia orientalCorot, al igual que Bresson, comprendió que estando abierto al movimiento natural de las cosas, su pintura crecía sin apenas intervenir en ella. Por su parte, Bresson, manejaba en sus rodajes el azar, abriendo su creatividad a esos movimientos de la realidad apenas perceptibles pero susceptibles de ser captados mediante la intuición. La magia presente en la mayor parte de sus películas, su poesía, deriva de este sabio uso del azar, de la no intervención, o la no acción.

Si logramos comprender el valor del wu wei, que una lectura atenta del Tao Te King de Lao Tsé o de los textos de Confucio puede facilitarnos, quizás seamos capaces de afrontar el trajín diario desde otra perspectiva, observando como las horas del día van dejando tras de sí todas nuestras actividades y obligaciones cumplidas con la sensación de no haber realizado ningún esfuerzo, con la misma calma y serenidad de un gobernante que, sin moverse de su trono, ve como su reino se ordena y funciona con la perfección de un organismo vivo e independiente.

 

Referencias:  

“Montaigne. Ensayos I.” Red Editorial Iberoamericana México.

Robert Bresson. Notas sobre el cinematógrafo. Árdora ediciones, Madrid.

Lao Tsé, Tao Te King