La amistad es sagrada: 12 síntomas de que no eres un buen amigo

Te sugerimos 12 aspectos que puedes revisar y si es necesario, cambiar para mejorar tu entorno.

Los seres humanos vivimos en continua interrelación, desde la pequeña familia nuclear hasta la gran familia de la humanidad y el mayor pilar, o el más perdurable nexo, es la amistad.

Las buenas amistades se basan en la honestidad, el apoyo y el respeto mutuo, y pueden contribuir a una buena salud. Está comprobado que una red de apoyo entre amigos puede reducir el estrés, ayudarte a sobrellevar los malos momentos y fomentar un comportamiento positivo. En contraste, tener una amistad tóxica puede causar desde diabetes, enfermedades cardíacas y cáncer, hasta la muerte.

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La amistad es un tema serio

Se dice que a mayor comunicación, mejores relaciones. Sin embargo, el conocimiento de uno mismo es un complemento esencial de toda comunicación y de toda relación. Aprender a escuchar es lo primero si pretendemos comprender. No es posible introducirse en el mundo interior de nadie si previamente no se tiene un interés y un nexo con él. Este interés ha de ser no egoísta y con miras a dar algo, a dejar algo, a aportar una parte de sí al proceso del otro. 

Por eso, te sugerimos 11 aspectos que puedes revisar y si es necesario, cambiar para mejorar tu entorno.

 

12 síntomas de que eres un mal amigo

No eres confiable

Un buen amigo es alguien con quien puedes contar para llevarse tus secretos a la tumba, sin importar cuán interesante pueda ser la información. La capacidad de ser confiable puede hacer o romper una amistad, según señala la doctora Suzanne Degges-White en un artículo en Psychology Today.

 

Juzgas a los demás

A menos de que tu amigo te pida su opinión, es mejor que te guardes tu comentario. Puede que no estés de acuerdo con todas las decisiones que toman tus amigos, pero no es tu lugar decirles cómo vivir sus vidas. Nadie quiere que constantemente se le diga que todo lo que hace está mal.

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No cuentan contigo

Tu amigo necesita saber que eres solidario cuando se necesita. Si inventas excusas para evitar eventos importantes (bodas, despedidas, cumpleaños), es urgente que revises las razones.

 

Cruzas los límites

Haces cosas inapropiadas, por ejemplo, interrumpes los momentos privados de tus amigos, te presentas en su casa o en el trabajo sólo porque necesitas atención. Aunque es cierto que puedes contar con tus amigos, también debes ser prudente y crear límites sanos.

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Estás ocupado con el celular

Tus amigos merecen toda tu atención. Trata de no estar pegado a tu teléfono celular cuando convivas con amigos. No hay nada peor que tratar de tener una conversación con alguien que está constantemente revisando su teléfono, respondiendo mensajes y tuiteando todo el tiempo que están juntos.

 

Estás en competencia

Tratar de ser mejor que la otra persona es mezquino y una señal de que tu amistad no es tan sólida como podría ser. Parte de ser amigos está en apoyarse mutuamente y celebrar las victorias de ambos.

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Dejas que otras relaciones afecten tu amistad

¿Eres el amigo que desaparece cuando empieza a salir con alguien? Cuando un romance es nuevo, es fácil querer pasar cada momento con tu pareja, pero no te olvides de los amigos que estuvieron allí para ti antes de conocer a tu nuevo romance, y quienes probablemente estarán para ayudarte a recoger los pedazos si las cosas no salen bien.

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Siempre pides dinero prestado

Si siempre estás buscando a alguien más para que pague la cuenta, podría ser una señal de que estás aprovechando la situación. Los amigos deben estar allí el uno para el otro cuando los tiempos son difíciles, pero si sabes que la salida que tus amigos planean rebasa tu presupuesto, es mejor que lo rechaces y te dediques a ahorrar.

 

Te sientes celoso de otras amistades

Sueles criticar las amistades de tus amigos y los culpas de que por ellos no recibes la atención que mereces. Utilizas frases como “Yo te necesito más que ellos y tú eres el único amigo que tengo”. 

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Todo debe ser a tu manera

Las relaciones requieren de compromiso, y las amistades no son la excepción. Ya sea que discutan sobre la película que van a ver o el nuevo restaurante que quieren probar el viernes por la noche, debes estar dispuesto a ser flexible de vez en cuando. Tú y tus amigos no siempre estarán de acuerdo, pero eso no significa que la relación vaya a fracasar.

 

Los haces responsables 

Es común pedir consejos a los amigos; sin embargo, siempre está en ti la decisión de considerarlos o no. Si decides seguir un consejo, debe ser por tu voluntad y debes asumir las consecuencias. No hagas a los demás responsables de lo que tú decides, sobre todo si los resultados no son los que te gustarían.

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Siempre se trata de ti

Si todo gira en torno a ti, es hora de una autorreflexión. Si tus conversaciones con amigos siempre giran alrededor de ti, tu relación no es equilibrada. Asegúrate de que mientras te quejas de tu jefe o de tu vecino, también te tomas el tiempo para escuchar lo que tus amigos quieren decir.



Sumérgete en la mente depresiva (y aprende a entenderla)

Entender la depresión es un ejercicio de empatía que todos debemos hacer.

La tristeza es un sustrato de la psique, y una conducta típica que define nuestra condición humana. Sin ella, la narrativa civilizatoria no tendría sentido, pues la tristeza es una energía capaz de mover el mundo –tanto, o más todavía, que cualquier emoción.

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Johnny Keethon

Pero cuando la tristeza se convierte en un hábito de la psique individual, debemos hablar de depresión: una enfermedad mental que produce una tristeza profunda y permanente, la cual afecta a más del 5% de la población mundial.

Pese a su gran prevalencia –y el hecho de que en países como México se habla ya de una epidemia depresiva la depresión no está libre del estigma y el prejuicio que pesa sobre la mayoría de las enfermedades mentales. Quienes no sufren depresión creen que ésta es decisión de quien la padece: que curarla es cuestión de voluntad, y que el enfermo sólo tiene que decidir dejar de estar triste.

Lo más grave de esta actitud colectiva hacia la depresión es que provoca aún más aislamiento en quienes padecen esta condición. Así, la sociedad entera se vuelve victimaria de las personas deprimidas, haciéndoles mucho más difícil superar su situación.

Debemos sumergirnos en la mente depresiva y aprender a entenderla

Lo que ocasiona esa característica fragmentación de la psique depresiva, así como las disrupciones cotidianas que todo paciente experimenta, es producto del papel azaroso e impredecible que juegan los químicos y las hormonas en el cerebro. Es decir que la depresión es fundamentalmente un desbalance químico, por lo cual es considerada estrictamente como una enfermedad mental.

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Maya Beano

El problema es que la sociedad no alcanza aún a dimensionar lo que esto significa.

Para quienes padecen depresión, resumir su estado anímico con las palabras “desbalance químico” no es suficiente, al igual que tampoco curar su trastorno depende sólo de fármacos. Porque la depresión es también producto de las experiencias vividas: los traumas, las desilusiones, los fracasos, las traiciones. Incluso los grandes sucesos sociales promueven la depresión –como pueden ser condiciones violentas, inseguras o precarias.

Y precisamente por eso es que, para muchos expertos, lidiar con la depresión es lidiar también con las causas subyacentes a ésta, tanto las individuales como las colectivas. Para quienes padecen depresión, saber más de si mismos –cultivar el amor propio–, así como explorar su psique, son dos necesidades apremiantes

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Maya Beano

Un ejercicio de empatía: que es (y que no es) la depresión

Quien padece depresión no sólo está triste: padece una enfermedad mental.

La depresión no es sólo un desbalance químico: es también una consecuencia social.

La tristeza es algo que todos sentimos pero que nos deja vivir: la depresión es insoportable y no permite vivir.

¿Cómo se siente un paciente depresivo?

Un paciente depresivo no puede hacer cosas cotidianas porque una especie de nube insiste en posarse en su mente, dejándolo sin poder ver, ni oír… y ni siquiera moverse.

El depresivo no ve colores, sino una realidad monocromática.

Ya no disfruta nada, se siente fatigado todo el tiempo, no puede pensar con claridad y se le dificulta concentrarse.

No puede siquiera leer o ducharse.

Y sobre todo: quien está sumido en depresión se aísla. Se siente solo incluso cuando está rodeado de personas.

¿Cómo se ve un paciente depresivo?

Un paciente depresivo no come o come en exceso, lo que ocasiona que su peso corporal varíe dramáticamente.

Suele reaccionar con lentitud o estar ansioso todo el tiempo – lo que puede leerse en su lenguaje corporal.

A veces tiene comportamientos erráticos, producto de su ansiedad.

Puede tener episodios de enojo intempestivo, o largarse en llanto de un momento a otro.

¿Y cómo saber que se pasó de la tristeza a la depresión?

Cuando se tienen más de tres episodios de tristeza en un periodo corto de tiempo es cuando se puede diagnosticar depresión.

También cuando algunos síntomas persisten, como irritabilidad, perturbaciones en el sueño, cambios de peso y sentimientos de culpa.

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Maya Beano

Una vez que nos sumergimos en la mente depresiva… ¿qué hacer en la superficie?

Una mala reacción individual a la depresión puede ser mortal. Pero lo malo es que esto no sólo depende de los individuos: existe una cultura anti-tristeza que, al tiempo que afirma la depresión a cada momento, estigmatiza a quien la padece.

Debemos dejar de fomentar una cultura de desprecio a la tristeza y de estigma a la depresión. Y debemos comprender las enfermedades mentales sin que ello implique generar en las personas depresivas una victimización. Porque cuando el enfermo de depresión llega a ser reconocido por la comunidad, lo suele ser como una victima. Pero esto resulta nocivo para el enfermo, ya que victimizarse sólo genera mayores culpas y arraiga la depresión.

Ni el enfermo ni la sociedad deben ser victimarios. Se debe actuar con empatía y amor ante la depresión, que es tanto una enfermedad como una condición social. Debemos por ello comenzar con cambiar nuestra forma de pensar y actuar ante la depresión, porque como dijo el paciente depresivo, Karl Nights, a CNN:

Nadie en la vida está solo, o nunca está tan solo como cree que está. Siempre hay un punto de contacto con el resto de la raza humana, incluso si no eres consciente de ello.

Reafirmemos nuestros lazos humanos luchando contra la depresión, tanto en lo simbólico como en lo real. Y recordémonos, junto con Virginia Woolf, que no hay barreras que puedan contener la libertad de la mente: mantengámosla así, libre también de toda depresión.

 

*Fotografía principal: Laura Makabresku



La ciencia concluye que la mayoría de tus amigos no son tus amigos

Sólo el 50% de quienes consideramos nuestros amigos comparten ese sentimiento. Pero esto podría no ser tan malo.

Cuando pensamos en el otro como un amigo, no solemos preguntarnos si el sentimiento es mutuo: la amistad es algo que simplemente damos por sentado. A veces, basta que haya algunos gustos en común para que consideremos que existe un vinculo con el otro. Pero, ¿y qué si quienes consideramos nuestros mejores amigos no sienten lo mismos por nosotros?

Un estudio del MIT analizó la amistad entre 84 compañeros de clase, de entre 23 y 38 años. Se les preguntó, en un rango de 0 a 5, qué tan cercanos se consideraban con cada persona en la clase:

  • 0 = “No lo conozco”
  • 3 = “Amigo”
  • 5 = “Mejor amigo”

Aunque 94% de los entrevistados esperaban que el sentimiento fuera recíproco…

sólo lo fue un 53% de las veces

 

Otros estudios han demostrado que la reciprocidad no es lo común en las amistades. Pero entonces, ¿cuál es la esencia de la amistad?

El filósofo romano Séneca, en cartas a compañeros que fueron publicadas bajo el título On True and False Friendship, señala que antes de que toda amistad se forme debe haber un momento previo de juicio, una especie de filtro que nos deje claro si debemos ofrecer al otro nuestra amistad, y más aún, que nos haga saber si el otro la valorará. Por eso, dice Séneca, este juicio previo debe incluir el diálogo:

Habla tan claramente con él como contigo mismo.

Estas consideraciones previas a la formación de toda amistad son una forma de preservar los más importantes valores de ésta, que tienen que ver con la lealtad, la empatía y la sinceridad. Para Séneca, estos juicios ayudaban a conservar la nobleza inherente a la amistad y a evitar que se corrompiera, por ejemplo, con mero oportunismo:

Estas son las relaciones que pesan como una pluma; una relación que es escogida por utilidad sólo será satisfactoria en tanto permanezca siendo útil.

Esto que nos recuerda Séneca es algo vital en estos tiempos de amistades digitales tipo fast food, porque la amistad es algo más que “agregar” a alguien a tu lista de amigos… ¿o te irías al exilio con cualquier amigo de tu Facebook?

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Así que si el otro no comparte nuestros sentimientos, no es algo que tenga tanta importancia. Muchos psicólogos creen que, en realidad, aceptar que siempre uno ama más que el otro es lo más sano que podemos hacer.

Admitir la desigualdad existente entre tú y el otro es alimentar tu empatía y tu propia capacidad de amar, más allá de miedos o egolatrías que nos hacen creer indispensable que los sentimientos sean recíprocos. Es también una manera de autocuidarnos, pues al dejar de lado falsas expectativas y sabiendo realmente lo que podemos esperar del otro, es posible que evitemos la codependencia y nos sintamos más libres en su presencia. De hecho, a la larga esto puede provocar el surgimiento de una amistad más profunda, no necesariamente a través de las afinidades con el otro, sino incluso a partir de las diferencias sustentadas en la sinceridad y el compromiso.

 

Pero, ¿cómo saber quién es tu amigo?

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Aunque la intuición es clave en toda relación, a veces las cosas tienen que clarificarse a través de la razón y la comunicación, como bien señaló Séneca en su correspondencia. Lo mejor es que comuniques lo que sientes, para evitar generar falsas ideas o expectativas. ¿Qué espera el otro de ti? ¿Cómo te percibe? ¿Qué futuro ve en su relación? Son algunas preguntas clave que es válido –y a veces muy necesario– formular si queremos mantener relaciones y amistades más sanas… y también más reales.

No cabe duda de que la amistad es algo muy difícil de cultivar, pero quizá todavía más difícil de mantener. Es mejor tener pocos pero grandes amigos a creer que podemos mantener amistades inquebrantables con todos aquellos con quienes nos cruzamos en la vida. Eso, en realidad, es algo que Facebook nos ha hecho creer. Pero lo cierto es que la vida real es muy distinta al universo virtual, sobre todo en lo que refiere a la amistad, ¿no crees?