En los últimos 100 años, la profana unión entre ordenadores, dispositivos electrónicos e instrumentos musicales dio pie al surgimiento de sonidos que desafiaban los logrados bajo el sistema temperado. Fijados en los estudios de academia, cambiando permanentemente las formas establecidas en la creación, ejecución  y percepción musical, vislumbrando pequeñas entidades desconocidas en el tratamiento sonoro. 

Yevgeny Murzin, un obsesivo ingeniero futurista, encabezó en la Unión Soviética una revolución tecnológica que buscaba, sobre todo, la experiencia sensorial. Luego de 20 años de trabajar con el sonido, Murzin logró diseñar el primer prototipo de un sintetizador, el ANS, siglas inspiradas en el nombre de Alexander Nikolayevich Scriabin, el compositor experimental y avezado a lo oculto.

El padre de la música ocultista, Scriabin, encontró en el ANS de Murzin el instrumento que coincidía mejor con sus tendencias filosóficas hacia la metafísica y la alquimia, como lenguaje de la conciencia. De igual manera, el ANS resultó atractivo para quienes capacitaban personas con deficiencias en el habla, y aquellos que buscaban traducir y comprender mejor el lenguaje de los delfines. 

 

¿Cómo funcionaba?

Este sintetizador analógico de corte esotérico basó su funcionamiento en la mecánica del sonido dibujado. La máquina funcionaba con una placa de vidrio, que a su vez servía como lienzo en el cual se podían plasmar símbolos, trazos espontáneos o dibujos gráficamente explícitos (sonogramas), que podían ser registrados durante la misma ejecución. El paso de luz a través de la placa vidriada era fotocaptado por unas 20 fotocélulas preparadas para amplificar y filtrar el sonido según la intensidad de las frecuencias sonoras, ante lo cual se representaban unos 720 tonos en total, con absoluta polifonía, lo que lograba armonías casi fractales. Los tonos graves o agudos eran medibles dependiendo de la ubicación del dibujo.

También podía adaptar un teclado, y respondía a la salida de sonido de forma análoga y gráfica, sistema que antecedió al famoso Fairlight CMI y otros equipos digitales actuales.

Músicos, desarrolladores, cineastas como el italiano Luigi Russolo y los rusos Boris Yankovsky y Arseny Avraamov utilizaron el ANS para la realización de sus obras. También se pudo escuchar el sonido del ANS en las películas de Andréi Tarkovski en los largometrajes de Solaris, Zérkalo (o El espejo) y Stalker (o La zona).

Hoy el ANS es tan sólo una reliquia que fascina, y es recordado como el dispositivo que reveló la siempre oculta semiótica de lo etéreo.