¿Cómo iluminar la conciencia? En todas las prácticas y religiones del mundo, y sobre todo en la sabiduría asiática, esta es una de las preguntas más relevantes. En la búsqueda de aquella iluminación, casi siempre existe un elemento obligado: la reclusión. 

El Shugendō (el camino del entrenamiento ascético) es una de tantas místicas inenarrables que buscan la iluminación, pero que precisamente conservan su carácter místico para nosotros porque son prácticas que se realizan en la reclusión (y más aún: en la reclusión de las montañas). Aunque se puede ahondar mucho en el sincretismo del Shugendō, originado en el Japón prefeudal, lo cierto es que es esencialmente una experiencia y, como tal, sólo experimentándola con todos los sentidos se puede acceder a ella.

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No obstante, el cineasta francés Mathieu Le Lay realizó un íntimo cortometraje, Kumano, que podría llevarnos a algo similar a la experiencia del Shugendō: sentir sus rituales, sus sonidos, sus colores y sus silencios en las profundidades de las montañas sagradas de Japón, que aunque quizá se nos presenten intransitables podemos conocer gracias a este brillante trabajo audiovisual.

Kumano es un cortometraje que logra casi fundirnos con esta práctica ancestral, siguiendo cautelosamente a un monje yamabushi (“el que se oculta en las montañas”) llamado Kosho Tateishi, quien realiza los rituales propios del Shugendō de manera tan natural como si no hubiese una cámara grabando sus acciones. A través de los rezos y el incienso podemos ver a Tateishi casi fundiéndose con los cuatro elementos que lo rodean en las montañas, lo cual nos hace comprender por qué el Shugendō es una práctica que ha perdurado por siglos, pues está enraizada en las montañas y en sus disciplinados practicantes.

Así, aunque el Shugendō sea una práctica que no podemos conocer a cabalidad, es también un cúmulo de conocimientos (que incluyen sabiduría tao y budismo) en los cuales podemos inspirarnos. El cortometraje Kumano es una forma brillante de acercarnos a dichos conocimientos y llevarnos una lección del Shugendō sumamente valiosa: tal vez no se tenga que buscar trascender en este mundo, sino vivirlo en tanto tengamos vida. Porque más allá de la muerte, hay un aquí y un ahora; una naturaleza que podemos absorber con los sentidos, y una felicidad inmanente que podemos experimentar si tenemos la disciplina para llegar a ella.