Conforme la tecnología avanza, los riesgos crecen. La red es tan vasta y profunda que todos estamos expuestos en ella. Uno de los riesgos que hoy en día afectan tanto a jóvenes como a una pequeña parte de adultos es el sexting.

Esta práctica se define como la difusión o transmisión de mensajes e imágenes de contenido sexual a través de un celular o computadora y, de acuerdo con Planned Parenthood, es hoy lo más común entre adolescentes. Aunque también los adultos la practican.

 

¿Cuál es el objetivo del sexting?

Algunos consideran que el sexting es una práctica común e inofensiva utilizada por jóvenes o adultos para mostrar interés en una pareja. En esta acción es posible que ambas partes de la relación compartan imágenes, o que sólo uno de ellos lo haga. En realidad, el sexting consiste en enviarle a la otra persona fotos de connotación sexual. Muchas veces, estas demostraciones conllevan riesgos que las personas suelen omitir con el fin de lograr la empatía o aprobación del otro.

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Sexting y sus formas de violencia

Por ser una práctica que se lleva a cabo en línea y que no implica contacto físico, se cree que no atrae riesgos violentos de tipo sexual. Sin embargo, el mundo virtual también contiene sus propias violencias, que son tan peligrosas como las físicas.

Incluso, la violencia en la red puede aumentar cuando las personas están imposibilitadas de salir y tener contacto físico (hablando un poco de la pandemia…). Por esta simple razón de aislamiento, el riesgo se cinrementa debido a que las personas buscan en la red una conexión sentimental y/o sexual.

De acuerdo con un estudio publicado en la revista JAMA Pediatrics, un 12% de los jóvenes han enviado sexts sin que alguien se los pida y cerca de un 8.4% los recibe sin su consentimiento. Esto demuestra que no se necesita de una decisión consensuada para encontrarse en una situación sexual digital.

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“El riesgo principal que podemos identificar es la pornografía no consentida, es decir, creación, distribución o amenaza de difundir contenido privado sexualmente explícito, sin consentimiento de la víctima”, indica la socióloga Valentina Arriagada.

Ese riesgo se puede traducir en muchos tipos de violencia: ciberacoso, cyberbullying, chantaje, extorsión, pornovenganza, etc. No obstante, en ocasiones el sexting es muy usado en la pubertad como una forma de explorar y experimentar la sexualidad porque no implica riesgos como embarazo o transmisión de enfermedades sexuales.

Asimismo, esta acción comúnmente se realiza en y durante una relación de confianza, donde la persona se olvida de que las imágenes pueden volverse públicas tras un rompimiento o incluso durante la relación, como una forma de control sobre el otro.

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Cómo evitar y enfrentar el sexting

Cuando se trata de la seguridad de los jóvenes, siempre se recomienda que los padres les hablen de sexualidad en general. El objetivo no es que los adolescentes eviten poner en práctica su sexualidad, sino que sepan discernir entre las acciones que los ponen en riesgo y las que no. De esta forma, ellos mismos tendrán y desarrollarán la capacidad de tomar sus propias decisiones con responsabilidad y pensando en su bienestar.

Ante todo, es mejor que los padres conozcan y comprendan los temas que hoy son populares entre los jóvenes, para poder abordarlos de la mejor manera. La brecha generacional es algo que hay que atender para mantener una comunicación saludable con los hijos.

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Además, no hacen falta grandes discursos. Con una charla clara y directa sobre riesgos y otras opciones será más que suficiente. Asimismo, es importante saber que ya existen leyes al respecto. En México, por ejemplo, se lanzó la Ley Olimpia a partir de la difusión de un video de una mujer con contenido sexual no autorizado.

Gracias a este acontecimiento, se impulsó una iniciativa que reformó el Código Penal de las entidades para tipificar conductas de ese tipo como una violación a la intimidad. En concreto, esta ley involucra distintas reformas encaminadas a reconocer la violencia digital y sancionar delitos que violen la intimidad sexual de las personas a través de los medios digitales.

Las herramientas están a nuestra disposición, la tarea que nos queda es utilizarlas con responsabilidad para saber actuar a tiempo y evitar este método de violencia que, en muchos casos, es silencioso pero muy perjudicial.

 

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