El sexo merece ser resignificado y redimido en nuestra sociedad, pues son demasiadas las bondades que nos provee el practicarlo. Muchas de ellas han sido estudiadas por culturas antiguas, como la china, para la cual la energía sexual es la fuente de la felicidad, siempre y cuando la práctica del sexo esté asociada a la espiritualidad.

Pero disciplinas occidentales como la psicología también se han interesado por esta energía; es el caso de Wilhelm Reich, quien siempre hizo hincapié en la importancia del orgasmo como un brío que impacta en la salud –para bien o para mal–, lo cual empata con las conclusiones de la neurociencia, pues se ha comprobado que la práctica sexual produce una gran cantidad de neurotransmisores como dopamina, prolactina y oxcitocina.

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Ahora, un nuevo estudio psicológico de la Universidad George Mason propone que el sexo es tan poderoso que una sesión puede dotar de sentido a nuestra vida.

En la investigación participaron 152 estudiantes y se estudió la relación entre la frecuencia de sexo, el estado emocional y el bienestar, que los psicólogos analizaron a partir de las entradas de un diario que cada participante debía escribir durante casi 1 mes. El 63% de los estudiantes eran monógamos, y el resto mantenían sexo casual o no tenían sexo.

Según concluyeron los investigadores tras estudiar metódicamente los resultados, el sexo da significado a la vida; pero sólo si la persona en cuestión tiene una pareja estable con la cual pueda experimentar afecto y placer simultáneamente a través del sexo, de manera cotidiana.

Al parecer, la posibilidad de que la energía del sexo sea positiva requiere de un compromiso profundo, de afecto real y placer, lo cual sólo se logra a través del diálogo y el consenso con el otro.

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Por supuesto que este estudio no es definitorio, pero en términos de cómo funciona la psique (y con ella el corazón, en el sentido metafórico), no cabe duda de que ayuda a pensar en la importancia de trascender el momento y el placer individual, y reemplazarlo por una confluencia energética de amor y placer mutuo.

Y es que además, como se comprobó en otra investigación reciente, el sexo casual está ligado a trastornos de la personalidad, lo cual es una señal de alerta: las relaciones casuales o polígamas no son malas per se, pero en ellas suele faltar el compromiso y la estabilidad que caracterizan –en ocasiones– a las relaciones monógamas.

En suma: el sentido de la vida está asociado al equilibrio interno y externo, así como a metas que, si son compartidas con otros, dotan de significado a nuestro estar en el mundo.

 

* Imágenes: Serie Wanderlust, de Sarah Anne Johnson