Desde tiempos antiguos la filosofía se sostiene del paganismo para dar vida a los seres elementales de la Tierra. Perceptibles en planos astrales distintos o superposiciones dimensionales, estos seres sólo son visibles para ciertas personas.

Para uno de los padres de la medicina moderna, Paracelso, los seres elementales se clasifican de acuerdo con cada elemento del planeta. Para el aire están las sílfides, para el agua las ondinas, para el fuego las salamandras y para la tierra los gnomos.

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Algunos hablan de la existencia de un quinto elemento que definiría el número del hombre, el 5. A elemento se le asigna el éter, sustancia psíquica que se relaciona con la evolución material y telúrica.

Si nos apegamos a la clasificación de los primeros cuatro seres elementales, éstos son representados en distintas leyendas en una intrínseca relación con la Madre Tierra. Como guardianes de los secretos de la Diosa Madre, estos seres desarrollan relaciones entre sí y en diferentes reinos.

Su simbolismo sugiere que son las energías de la naturaleza, aquellos seres que establecen las relaciones psicoconductuales en la Tierra. El libro de William R. Mistele presenta a estos seres elementales de la Tierra como los cimientos de las energías y patrones de la naturaleza.

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El significado simbólico de los 4 seres elementales de la Tierra

Ondinas o sirenas: los espíritus del agua; ellas incrementan la capacidad de sentir y acceder a las emociones (especialmente al amor). Son seres reconocidos por su conexión con los sueños, la sensualidad y la alegría erótica.

Sílfides: los espíritus del aire son los seres de la física y generalmente de las artes. Son altivas expresiones de la palabra y el intelecto, seres de maravillosa armonía y gran belleza que ofrecen transparencia y desapego.

Gnomos: estrechamente vinculados con la tierra, los nomos encarnan el deseo de trabajar la materia física. Estos seres transforman el mundo para que el valor de las cosas sea duradero.

Salamandras: La voluntad, el poder y la intensidad son las expresiones de las salamandras. Su naturaleza es incendiaria y las hace volátiles y peligrosas para aquellos que tienen contacto con ellas.

Es mágico pensar que estos elementos provocan el equilibrio y desequilibrio de todas las relaciones que podamos tener. Este entendimiento nos permite valorar la relación directa que tenemos con la naturaleza. Además, nos revela las múltiples formas en las que el lenguaje secreto de la Tierra nos entrega grandes tesoros.

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