6 señales de que sales con la persona correcta, según la ciencia

Con intuición, un poco de análisis y estas pistas puedes saber si esa relación será algo más que momentos de fugaz felicidad.

El amor es sacrificio, altibajos, pasión y cariño. El que crea que todo es color de rosa, debería empezar a replantearse si lo que quiere es realmente una pareja. Por el contrario, el que acepte los pros y contras de salir en serio con otra persona, sin duda no se arrepentirá.

En esta época en que la inmediatez es un must de la existencia, las relaciones amorosas parecen volverse más complicadas. Llevar a cabo una simbiosis profunda con otro es difícil y toma tiempo, pues incluye la creación de un sincretismo cotidiano y la renuncia a cosas que nos definen cuando estamos solos.

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Laura Makabresku

Lograr una estabilidad es, pues, complicado. Pero más complicado es saber si podremos conseguir estabilidad con alguien con quien salimos desde hace poco, pues cuando apenas estamos conociendo al otro suelen asaltarnos todo tipo de dudas sobre si es la persona correcta. Lo cierto es que es sano preocuparnos por embonar con quien salimos, sobre todo porque las supuestas afinidades que se encuentran en un perfil de Tinder o de Facebook no son para nada definitivas, y ni siquiera los gustos en común más profundos pueden ayudarnos a saber si el match será exitoso y si estamos intentándolo con la persona correcta.

Con un poco de intuición, un análisis sincero y a partir de estas señalas establecidas por la ciencia, podrás saber si escogiste a la persona indicada y te conviene poner todo de tu parte para que su amor no se termine.

 

Si esto pasa, estás saliendo con la persona correcta

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Fotografía: Sophie van der Perre

Sus vidas corren en líneas paralelas

Aunque cada quien puede tener distintas aspiraciones, es importante que éstas no sean abismales. Por ejemplo, si alguno de los dos planea hacer su vida en otro país, será mucho más difícil lograr que la relación sobreviva. Así que si encontraste a alguien con quien compartes proyectos en común –o simplemente esos proyectos se van alineando hasta lograr una cotidianidad inconsciente con el otro–, es mucho más factible que puedan estar juntos por mucho tiempo.

 

Sientes una mimetización

Entre los individuos con lazos profundos suele haber una cierta mímesis: se contagia la tristeza, la felicidad, la ansiedad, la excitación y todo tipo de emociones. Según la profesora de psicología Laura VanderDrift, si tu pareja está feliz cuando estás feliz o triste cuando estás triste, significa que te presta atención. Es decir, le generas gran empatía, algo que no sucede con cualquier persona y que señala un compromiso mayor. Incluso, esta empatía se siente como si ambos pensaran lo mismo al mismo tiempo –lo cual es producto de una sana y profunda convivencia–, y ¿qué puede ser más perfecto que una pareja que entiende cómo piensas?

 

Los pequeños toques siguen siendo electrificantes

Como afirma la experta en relaciones Lesley Edwards, si aun después de un tiempo de estar saliendo con esa persona –o en el peor de los casos, tras haber tenido peleas, rupturas o diferencias– todavía hay un contacto electrificante entre ambos, eso es una buena señal. Además el contacto físico, más allá del sexo, dice mucho de cuánto le importamos al otro. Existen formas de tocar y acariciar que son de cariño, amor o preocupación; si éstas persisten, es que los lazos no dejan de fortalecerse.

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Laura Makabresku

 

El sexo importa (desde diferentes perspectivas)

Si la relación lleva poco tiempo pero se llega a acuerdos para el sexo, esto puede indicar que es una relación fuerte, pues significa que ambos van en serio. Si no lo han planteado y tienes la inquietud de si estás saliendo con la persona correcta, deberías intentarlo; sólo quien esté interesado en una conexión profunda se interesará en hacer acuerdos para algo que puede ser tan libre como el sexo, pero que en una relación seria necesita de pactos y compromisos.

Por otro lado, en una investigación de datos realizada por la la plataforma Happify se descubrió que las parejas duraderas más felices son quienes tienen sexo dos o tres veces por semana, producto de una gran atracción física y sustancial. Si, por el contrario, este fuego se ha apagado, es momento de replantearse si necesitamos recuperar lo perdido, o abrir paso a un nuevo camino.  

 

Te hace crecer y transformarte

Hablando de mantener la identidad: una relación no significa perder del todo tu identidad. Un espacio de amor sano es aquel que nos permite seguir desarrollándonos en muchos otros sentidos. Además de las cosas que se comparten entre dos, una relación sana y próspera permite que tu persona individual pase a otro nivel de conciencia; que crezca y se transforme. Esto ocurre frecuentemente en las relaciones fuertes, esas que coloquialmente solemos decir que “nos cambiaron la vida”. Sin embargo, existen ocasiones en que una pareja nos ha cambiado ya la vida, que hemos aprendido mucho con ella, y parece no haber más. Las parejas suelen debilitarse si, como expresamos anteriormente, sus vidas no corren en líneas paralelas. Destino o ciencia, habrá que hacer algo, pues se corre el peligro del efecto contrario: no crecer más como individuos, o no permitir que la otra persona crezca. 

Otro punto importante es que si entre tú y tu pareja hay la seguridad de que puede haber libertad sin afectar la relación, y no incurren en desconfianzas o prohibiciones, están cultivando lo más importante para toda relación futura, como señala también Edwards.

 

Son más los pros que los contras

Según Jonathan Marshall, psicoterapeuta y asesor de relaciones, debemos hacernos una pregunta que podría parecer un poco cruel, pero que es necesaria: ¿qué podría haber de malo en nuestra pareja? Para Marshall esta pregunta es esencial, sobre todo pensando que planeamos aguantar los pros y los contras durante mucho tiempo. Por eso es importante ser sinceros e indagar en si para nosotros son más los puntos a favor en nuestra pareja; de no ser así, es justa y necesaria una evaluación más profunda, que incluya el diálogo con el otro.



Mucha felicidad también puede romperte el corazón (¿síntoma de una sociedad que no sabe amar?)

Vivimos épocas de libertad afectiva y emocional, pero no dejamos de hacernos daño. La pregunta es: ¿por qué?

Parece que la fórmula actual del amor involucra todo… menos al amor mismo. Las relaciones actuales son proclives a volverse tóxicas, a estar llenas de tristezas, amarguras, decepciones y arrepentimientos. Los corazones, frágiles como cristal, se rompen por montones.

Es tan común que nos rompan el corazón –o que nosotros hagamos añicos otro corazón– que ya existe una enfermedad cardíaca llamada “síndrome del corazón roto”, que curiosamente se desarrolla a partir de procesos de duelo, muchas veces detonados por la pérdida de la pareja amorosa.

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Pero, ¿desde cuándo el amor, esa atracción natural hacia otro miembro de la especie, se ha vuelto un amor de corazones rotos? Quizá no se trate de otra cosa más que de la única conclusión posible que podía tener el amor romántico, esa narrativa moderna que aún impregna nuestras relaciones sexoafectivas en la actualidad.

El amor romántico es un producto de la pasión: el cenit de relaciones humanas más libres, y una idea que proviene del pensamiento de la Ilustración y de las posibilidades emancipatorias que trajo consigo el siglo XIX. Esto quiere decir que el ideal de ser “felices por siempre”, que parece haber estado siempre ahí, no tiene en realidad más de 2 siglos de existencia.

El amor romántico es un sinónimo de libertad emocional

No obstante, el ideal del amor romántico no es sino eso: un ideal que se diluye en el drama cotidiano, y que últimamente ha devenido en un montón de relaciones tóxicas dentro de una sociedad que, al parecer, no sabe cómo amar.

 

¿Por qué dañamos y no amamos?

Pareciera que disfrutamos la agonía: de que nos hagan sufrir y hacer sufrir al otro. Pero no es así.

El problema es –admitámoslo– que hemos dotado al amor de características que en la realidad no se pueden cumplir. Podemos amar y ser amados, pero no podemos aspirar a ser “felices por siempre. Debemos saber acoplarnos, junto con nuestra pareja, a la adversidad. No podemos tampoco aspirar sólo a amar sin interrupciones, porque nuestro cerebro también está programado para odiar. Ni siquiera podemos asegurar que el amor sea sólo de una manera: monógamo, polígamo o como se quiera.

Debemos admitir que vivimos tiempos convulsos.

En ese sentido, nuestras relaciones y el amor en ellas deben poder sobrevivir a sus distintas etapas. La fantasía –como pensar que estamos destinados a estar con esa persona– es una especie de leña que debe servir para avivar el fuego. Pero ninguna llama sobrevive a un amor que se base sólo en ideales, porque idealizar sólo nos puede llevar a ser decepcionados: a que nos rompan el corazón. Porque un amor feliz es en realidad un amor que trasciende el romance idealizado y prioriza la amistad real. Y la amistad es difícil, porque significa compromiso, lealtad, y otros valores que la fantasía del amor romántico suele rechazar sistemáticamente.

Asumir el amor es asumir el riesgo de que nos rompan el corazón. Es asumir que las grietas, como dijera Leonard Cohen, están en todos lados: así es como entra la luz.

 

* Fotografía principal: Laura Makabresku



La ciencia de la felicidad en pareja (o sobre cómo nuestros actos pueden unir o destruir una relación): Infográfico

Lo que debes saber sobre la felicidad y algunos consejos de la ciencia para alcanzarla en tus relaciones con otros.

Todos anhelamos la felicidad y opinamos acerca de ella. Sin embargo, definir, medir y ponernos de acuerdo sobre cómo alcanzar la felicidad es complejo. Cada vez son más las disciplinas que se interesan en estudiar y “medir” de alguna manera qué nos hace felices y cómo obtenemos esta gratificación.

Los economistas han diseñado mediciones (elaborando ecuaciones) y otros instrumentos para saber qué países son los más felices. Pero, a pesar de lo subjetivo que pueda parecer definir la felicidad, los economistas reportan que hay suficientes datos estadísticos para considerar que el ingreso ecoómico, la estabilidad y la seguridad social, así como gozar de empleo y tiempo libre, tiene un impacto plausible en nuestra percepción de ser felices.

Sin embargo, no siempre esta percepción racional de felicidad se traduce en felicidad personal

Felicidad de la mano del otro

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Fotografía: Laura Makabresku

No podemos hablar de felicidad sin hablar de la vida en pareja: del amor al otro y del amor propio. Uno de los ingredientes más elementales en la vida de los seres humanos son las relaciones interpersonales. En el acto de socialización y comunicación con el otro surgen los deseos más primigenios del ser humano: establecer una relación de pareja es uno de ellos. Desafortunadamente, en una época como la nuestra, donde solemos llevar todo a los extremos (inmediatez o tradicionalismos sociales baratos), cada vez son más las personas que, sin darse cuenta, mantienen relaciones de pareja que no son estimulantes, mucho menos felices (y derivado de ello, comienzan a buscar estímulo en otros lugares), o bien, sin notarlo, se encuentran atados a una vida que ya no les pertenece. 

Es importante recalcar que, más allá del romanticismo o el amor al otro, cada quien debe tomar en cuenta el amor propio y valorar lo que realmente quiere. Y, no menos importante, se debe priorizar el acto de transición del romance al compañerismo, para que una relación funcione de verdad. 

Los expertos de la conducta, la sociología, la genética y la economía parecen coincidir en que los pensamientos, los hábitos, las actitudes y sobre todo las decisiones, son lo que verdaderamente moldea nuestra experiencia de satisfacción y alegría, y no fundamentalmente las personas con las que pasamos la vida. 

 

La ciencia detrás de una relación feliz

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Fotografía: Laura Makabresku

Aprender a y ser capaces de generar bienestar es una piedra de toque para la sociedad en ciernes. A continuación, esta infografía titulada “La ciencia detrás de una relación feliz”, realizada por la plataforma Happify, destaca datos clave que nos comparte la ciencia, para quien busca alcanzar formas alternativas de ser feliz, de la mano de otro individuo. 

Se lee, por ejemplo, que el factor determinante para que una pareja se sienta satisfecha con el sexo, el romance y la pasión es, sin duda, cultivar una poderosa amistad. De ahí que se piense que las parejas más felices hablan más (en promedio, 5 horas o más en 1 semana).

Practicar interacciones positivas en el día es también una forma de mantener una relación sana y feliz. Hacer un gesto significativo para la otra persona (cocinar la cena, o regalar un pequeño obsequio de poco valor material), decir un cumplido, revivir momentos juntos o mostrar interés por los logros o vivencias del otro son algunas formas de hacerlo. Siguiendo la infografía, las parejas felices tienen sexo dos o tres veces por semana (en promedio), como resultado positivo de lo anteriormente mencionado, y no en sí como un acto que vaya a causar la felicidad.

Según la ciencia, las parejas felices también practican la celebración de sus triunfos; sean pequeños o grandes, para ambos siempre serán grandes logros.

La infografía menciona, también, que vivir nuevas experiencias juntos incrementa notablemente la felicidad en pareja y la satisfacción con ésta. Ya sea que viajen a lugares remotos, frecuenten exposiciones museísticas, salgan a caminar, a cenar o inclusive vayan a un concierto, el tiempo juntos siempre será tiempo de calidad si saben afrontar en conjunto las adversidades, o bien, disfrutar juntos de lo que están experimentando.

Las parejas más felices sacan lo mejor de cada uno, y se ayudan el uno al otro a llegar a sus máximos ideales.

Cuando participan en una pelea muestran un poco de humor, expresan afecto, o conceden la razón a un punto que ha expresado el otro.

Basado en un estudio británico, quienes están más felices con sus matrimonios no tienen hijos y tienen sus carreras terminadas. Por otro lado, otra investigación mencionada en el infográfico describe que las parejas norteamericanas analizadas declararon que lo que hace feliz a sus matrimonios, en orden de prioridad, es el amor, hacer un compromiso de por vida y el compañerismo. Siguiendo las estadísticas, la experiencia de tener un hijo causa un impacto de felicidad de 33% en las parejas, mientras que un 67% experimenta una gran caída en la satisfacción matrimonial.

 


*También en Ecoosfera: Apuntes sobre la cosmovisión de la felicidad de Einstein

 

*Ilustración: James Chia Han Lee