En marco del Foro Permanente de Naciones Unidas para Cuestiones Indígenas, realizado en Nueva York el pasado mes de abril, tuvimos la oportunidad de dialogar con Francisca Calfin Alcapan, originaria de la comunidad Francisca Lienlaf Viuda de Calfin, mujer de medicina lawentuchefe, y Wilma Reyes Huenupe, de Calaucan de San Antonio y vicepresidenta de la agrupación de mujeres indígenas Taihuel de Valparaíso. Ambas, mujeres mapuches, con un profundo sentir de lo que representa la salud en términos de su cosmovisión y agradecidas por haber nacido en ese gran diseño donde sus abuelos fueron mujeres y hombres de ceremonia. Ahora, les corresponde continuar honrándolos mientras ellas peregrinan en esta tierra para reconstituir el tejido perdido e identificarse más con sus raíces.

En el  foro se escucharon ciertos organismos internacionales que continúan vinculando a los pueblos indígenas con la pobreza y sólo pretenden medir su bienestar en términos económicos; ante esto, Wilma mencionó que en el momento en que los catalogan de pobres:

Es porque nos ven que nuestras rucas (casas) están hechas de materiales de la tierra y ellos hace la comparación con estos grandes edificios de Nueva York, pero no se dan cuenta que los indígenas tenemos otro tipo de riqueza, aquella que pertenece a un sistema universal que incluye las flores, la medicina, el corazón y a los pueblos originarios.

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Francisca, mejor conocida como Panchita, mencionó que aquellos que los ven de esa manera es porque están pobres de su espíritu y han perdido las raíces de sus abuelos, ella se siente muy honrada de:

Tomarle el olor a las plantas, al agua, a la fruta, a las flores, a nuestros hermanos que abrazamos con sus diferencias y costumbres… somos ricas en conocimiento porque así lo da el gran universo y el gran cielo que nos da los cuatro abuelos-viento, que cuando quieren se transforman en huracán y ahí no hay científico que lo construya como las bombas nucleares, sino que todo pasa cuando tiene que pasar. Tenemos la madre tierra que es nuestra madre y nos embellece, entonces ¿de qué pobreza estamos hablando? Vergüenza da a estas alturas donde la política y las religiones traicionan a su propia madre naturaleza, nosotros como mapuches no nos sentimos pobres…

Durante siglos, la forma de ver la salud de muchos pueblos indígenas se ha considerado como algo relacionado al atraso e inclusive ligado a temas del “mal” en términos religiosos. Sin embargo, hoy en día, cuando el número de enfermedades se incrementa de manera exponencial y mucha de la medicina alópata más que curar a las personas las vuelve dependientes a un sistema, existen miles de voces de mujeres y hombres indígenas que tienen una conexión especial con la salud y la tierra.

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Wilma comparte que para ella “la salud no es sólo estar bien, sino también se consideran otros factores como el entorno y la espiritualidad”; representa otra cosmovisión que le enseña al ser humano la posibilidad de vivir de otra manera con “la observación, con el compartir, con el mirar la vida desde el punto de vista de los pueblos originarios”. Enfatizó que la salud ancestral representada por lawentuchefes o los machi debe estar a la misma altura que un médico convencional, porque ellos tienen su conocimiento ancestral desde que nacieron y no es algo que aprendieron ayer, es algo que lo traen en su ADN y lo van a continuar desarrollando para estar al servicio de la gente que viene en búsqueda de otra solución porque ya están cansados del sistema.

Durante un tiempo nuestros mujeres y hombres de medicina fueron tratados como brujas y tuvieron que esconderse, entonces hoy en día estamos reposicionando nuestro conocimiento de manera intercultural.

De acuerdo con ella, cuando la persona entiende la cosmovisión de los pueblos indígenas cambia su pensamiento, ya que:

en las cosas simples está la medicina, en las flores, las plantas, la contemplación. Aprovechemos estos espacios que tenemos que a veces no los valoramos. Aprovechemos el mar, el campo, el agua, el río, la montaña; todos esos son lugares sagrados de sanación. Abrazar un árbol, estar en el campo escuchando cómo corre el río, cómo baja una cascada, cómo pasan los pájaros, te sana…

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Panchita complementó diciendo que la medicina va en su propia semilla, por eso son guardianas:

la medicina es el agua, las frutas; la comida es la principal medicina, porque si nosotros no comemos nos enfermamos, todo lo que consumimos diariamente es pura medicina. Cuando hablamos también es medicina, cuando tenemos una bonita conversación podemos sanar a la persona que está enferma, que llora o que tiene pérdida de amor y familia, todo es medicina para nosotros. El pueblo mapuche por eso cuida su territorio, su agua, las piedras, el canto, porque ahí están los abuelos y las abuelas.

Añadió que hay médicos que se acercan con ella porque se dieron cuenta de que la medicina ancestral no es cualquiera, sino que es sanadora; en sus espacios de curación tienen mucha gente que está asistiendo, y por eso invita a que los visiten para compartir el aprendizaje. Continuo diciendo que “todo lo que da la abuela agua es medicina, aquellas con las que se curaban los tatarabuelos, todos tenemos el deber de cuidar el aire, ya que todos lo aspiramos…”. Muchas personas siguen en la búsqueda y no se dan cuenta de que “el tipo de vida que llevan es cansador y desgastante, da vergüenza ver cómo se sigue traicionando a nuestros hermanos que quieren llevar un buen vivir, nuestros jóvenes tienen que ser los guardianes de este conocimiento”.

Finalmente, compartieron un consejo para las generaciones que vienen atrás. Panchita señaló que en algunas comunidades hay jóvenes que se avergüenzan de ser mapuches porque su pueblo ha sido discriminado; por lo tanto, hace un llamado para que vuelvan a sus raíces, que vuelvan amar a sus ancestros, que no los conocieron, pero que están cerquita de ellos, que defiendan sus árboles, su agua, su territorio y que sean guardianes de su propia naturaleza por el bienestar de su familia y de su comunidad. Wilma comentó que cuando los jóvenes emigran a las zonas urbanas se les presentan dos situaciones:

o se adaptan a ese medio, al cemento, a la vida rápida, a la comida transgénica, o simplemente su espíritu le empieza a reclamar que tiene que volver a sus raíces. Si no tienen una familia, un Lof o una comunidad que esté atrás con su consejo, ese niño puede que se pierda en la ciudad y reniegue de su identidad, de su origen, pero si viene desde su comunidad con ese convencimiento, con su identidad bien formada, en cualquier lugar que esté va a seguir siendo lo que es y reconociendo su origen.

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Antes de terminar el diálogo Panchita dijo que cuando se levanta una piedra se le tiene que decir:

“Tanto que me has mirado y quiero llevarte conmigo, te levanto con cariño, te recibo con mucho amor, tú también trátame con cariño y a donde quieras estar, te voy a poner ahí, ya que tú también curas”.

Ambas asistieron al Foro como miembros del Concejo Indígena para la Protección del Territorio, las Tradiciones, las Lenguas y las Semillas (CIPROTER), integrado por personas del pueblo zapoteca, hñahñu, sápara, achuar, lickanantay, mapuche lafquenche, mapuche pehuenche y mapuche nagche provenientes de México, Guatemala, Ecuador, Perú y Chile.