¿No estás de acuerdo? Demuéstralo con buenos argumentos

Hay 7 maneras de argumentar tus ideas. Aprende a usarlas y luce tu retórica.

La retórica es un arma de doble filo. Sin duda, es necesaria en toda posición que sostengamos hacia una cuestión dada: desde una afirmación política hasta las diferentes perspectivas que cada quien tenga sobre un problema tan polarizado como, por ejemplo, las corridas de toros. Pero es que saber argumentar y, así, tener un debate sin polarizarlo, es algo crucial que debemos aprender a hacer, y que incluso nos puede ayudar a evolucionar sociedad.

Por eso, saber argumentar sin caer en trampas es importante. A no ser que se aspire a ser como los sofistas griegos, quienes según Aristóteles usaban argumentos que parecían válidos pero que no lo eran. Pero si no es el caso, y queremos poder argumentar sin causar disputas innecesarias, ¿qué debemos saber?

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Paul Graham, un programador de computadoras y doctor de Harvard, que es también una de las mentes detrás de la incubadora digital Y Combinator –creadora de Dropbox, Airbnb, Reddit y muchos otros servicios–, tiene algunos hacks para argumentar correctamente. No por nada ha sido apodado como el “filósofo hacker“.

Graham escribió en 2008 un ensayo llamado “How to disagree” (“Cómo estar en desacuerdo”),
el cual es una excelente herramienta para saber argumentar.

La principal inquietud de Graham era la manera en que Internet ha posibilitado el debate a nivel mundial entre todo tipo de personas. El problema es que la tendencia, en todo tipo de redes sociales, es no estar de acuerdo con el otro. Esto no es malo per se; sólo lo es cuando no permite una discusión fluida ni libre de disputas, lo que conduce, a su vez, a una falta generalizada de consensos. Esto no es muy bueno, si se toma en cuenta que una civilización libre depende en gran medida de los consensos.

Así que Graham inventó una pirámide con 7 niveles de desacuerdo, hecha para saber argumentar:

Nivel de desacuerdo 0: Poner nombres

Esto es, cuando sólo decimos cosas hirientes o crueles, llamando a alguien de cierta manera. Por ejemplo, “Eres un tonto”.

 

Nivel de desacuerdo 1: Ad hominem

Cuando nos limitamos a decir cosas presuntuosas o insultantes directamente hacia el otro. Es decir, atacamos a la persona y no a sus argumentos.

 

Nivel de desacuerdo 2: Responder al tono

Hay poca distancia entre atacar a la persona directamente y comenzar a concentrarnos en el tono que utiliza, sea de enojo, burla o del tipo “No me importa”. El problema es que esto es muy subjetivo, y dirige la discusión hacia lugares inciertos y más viscerales.

 

Nivel de desacuerdo 3: Contradecir

Cuando se logra contradecir el argumento es cuando la discusión está sobrepasando lo subjetivo y pasa más a los argumentos. No obstante, sólo contradecir indica terquedad: lo que se dice tiene que ser cierto, en contraste a lo que dice el otro.

 

Nivel de desacuerdo 4: Contraargumentar

Más allá de sólo contradecir, mostrar que se tiene un contraargumento demuestra que se está dispuesto a avanzar en la discusión, que ésta es mucho más seria y que no sólo se busca “ganarla”, sino convencer al otro. El problema viene cuando la discusión no puede avanzar más allá de dos apasionados argumentos, lo que termina diluyendo el punto inicial que dio inicio al debate.

 

Nivel de desacuerdo 5: Refutar

Según Graham, esta es la forma más convincente de estar en desacuerdo. No es sólo un contraargumento; consiste, más bien, en ser capaz de tomar al vuelo lo dicho por el otro y poder refutarlo. Pero no con la víscera, sino con datos duros y astucia –que no implique mentir–.

 

Nivel de desacuerdo 6: Refutar el punto central

Esta es ya una cuestión de táctica, y no sólo de estrategia. La refutación debe ser capaz de indagar en el punto central al que está llegando el otro y anteponer un argumento sólido que demuestre su invalidez. Esto no sólo servirá para un solo argumento, sino que podría desmontar toda la idea central que el otro sostiene.

Ahora sí, a debatir con sentido…

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Esto es lo que te puede permitir estar en desacuerdo sin tener que falsear ninguna información, ni tener que acudir a viles insultos. Lo bueno es que también te puede conducir, si es el caso, a darte cuenta de que eres tú quien no está en lo correcto, lo cual es algo que rara vez sucede en cualquier debate, ¿verdad? Pero que sin duda es síntoma de civilidad y empatía.

¿Te imaginas qué pasaría si pudiéramos decir más seguido “Está bien, tienes razón”? No sólo estaríamos ganando nosotros como individuos, siendo más abiertos a las ideas del otro y nutriéndonos de éstas. También sería una manera en que la sociedad entera podría avanzar.

Saber debatir sin polarizar, al tiempo que no regalamos nuestras ideas ni nos dejamos influenciar, es una forma de construir nuevos grados civilidad… de la cual últimamente estamos muy necesitados.

 

* Imágenes: Ana Tellez

 

 

 

 

 

 



Escucha el silencio: hacks para lograrlo

Según la sabiduría budista, lograr el silencio no implica que deje de haber ruido a tu alrededor.

La vida en un monasterio budista es diametralmente opuesta a la nuestra: repleta de rituales cotidianos que se comparten en silencio y que permiten contemplar al yo. Las meditaciones empiezan muy temprano, aunque en algunos templos lo primero que se hace es el soji: una tarea de limpieza para ordenar al mismo tiempo los espacios vitales y la mente, la cual se hace en silencio y con sumo respeto.

Así, muchas de las horas durante la vida de un monje transcurren en silencio, y no sólo durante la meditación. Porque la quietud sonora permite contemplarse a sí mismo, mirar hacia adentro con calma y sin distracciones, aún –o más todavía– cuando se está realizando una tarea cotidiana. Esto tiene beneficios espirituales, pero también neuronales, pues el silencio promueve el desarrollo de nuevas células en el cerebro, entre muchas otras bondades para el organismo.

Paradójicamente, estar en silencio se vuelve una manera de escuchar.

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Larm Rmah

Saber escuchar el silencio: en eso consisten las enseñanzas del Shurangama Sutra, uno de los métodos budistas para alcanzar la iluminación. Una de sus prácticas es llamada la Penetración Perfecta mediante la Escucha. Según el maestro dharma Hsin Tao, esta práctica consiste en no escuchar palabras ni conceptos, sino al silencio.

Escucha el sonido del no-sonido. Todo está quieto. Escucha la quietud interna y externa.

Esto se puede lograr en un paisaje sonoro tan ruidoso como el de las olas chocando contra las piedras de la costa. O incluso en un espacio urbano. La cuestión es poder convertir el sonido de estos entornos en silencio: eliminar el sonido de lo que se escucha.

Sólo tienes que escuchar sin generar ataduras. Ni al sonido, ni al silencio, ni tampoco a lo que hay entre los dos. Se trata de no sujetarnos a nada. Así, lo que escuchemos no se volverá un objeto en nuestra mente, ni tampoco el silencio, que por buscarlo con desesperación se puede tornar un monólogo incesante en nuestra mente.

Dice el maestro Hsin Tao que de esta forma logramos vaciar la conciencia.
Así escuchamos el silencio que nos ilumina.

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Lograrlo, por supuesto, no es sencillo. Pero podemos intentar practicar el silencio, como los monjes budistas, en tareas cotidianas. Evitar hablar o escuchar música, y sólo seguir los sonidos que produzca nuestra actividad, o lo que nos esté rodeando. Dejarnos llevar por ellos, sin ataduras, y ver a dónde nos conducen.

Adicionalmente, Hsin Tao tiene su propio método de 4 pasos basados en enseñansas del budismo zen y el Vipassana, el cual publicó en su libro The Way of the Heart, y que consiste en detener la dispersión de la mente y poder mirar la quietud de nuestro corazón y nuestra mente.

4 pasos para escuchar el silencio

1. Toma siete respiraciones profundas

Siéntate derecho con la barbilla ligeramente metida, los ojos parcialmente abiertos (para evitar soñar despierto) y la boca cerrada. Respira profundamente desde el dantian, el centro de energía ubicado justo debajo del ombligo. Con cada inhalación, ten en cuenta el aire que pasa a través de tu garganta y cómo pasa a través de la nariz con cada exhalación. Este proceso nos ayuda a respirar energía fresca, conocida como chi, y expulsar la energía obsoleta.

2. Mueve la atención de los ojos a la nariz, la boca y el corazón

Este paso está especialmente dirigido a detener o controlar la mente inquieta, que es como un mono que nos resulta tan difícil de controlar. Comienza moviendo suavemente tu atención de los ojos a la zona debajo de la nariz donde estás inhalando y exhalando. Déjala reposar ahí por un tiempo.

A partir de ahí, traslada la atención a la boca. Finalmente, cambia tu atención de tu boca a tu corazón. Trata de no contener pensamientos o imágenes. Nuestro corazón espiritual está vacío; no tiene forma o tamaño. Una vez hecho esto, comienza de nuevo desde los ojos. Repite siete veces.

3. Observa la respiración

Inhala y exhala naturalmente mientras fijas la atención y la trasladas, de la mente inquieta que es como un mono, a la respiración. Cuando alcanzas el estado donde “el mono” ya no se siente atado por la respiración, sino que disfruta de permanecer allí, entonces has llegado a la etapa en la cual puedes parar. Tu conciencia es suave y clara ahora, se vuelve una con la respiración.

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Ratnesh Rai

4. Escucha el silencio

Mientras que los tres pasos anteriores están destinados a detener la mente errante, dejándola descansar sobre la respiración, el cuarto paso de la escucha consiste en mirar.

Prepárate: comienza a relajar las orejas, cabeza, cuello, hombros y cada célula del cuerpo. Deja que todo el cuerpo se calme por completo. Cuando escuches sonidos desde el exterior, como una voz humana o el sonido de un automóvil que pasa, escúchalos como el sonido del silencio. Cuando te dices a ti mismo que los sonidos de distracción son silenciosos, se vuelven así. Sin embargo, si te dices a ti mismo que son ruidosos e inquietantes, eso es lo que serán.

Sigue escuchando el sonido del silencio en todo, manteniéndote completamente relajado. Escucha el silencio en las montañas y ríos, la gran tierra ancha, el cielo. Eventualmente, todo el universo caerá en un profundo silencio. Percibe ese mismo profundo silencio en ti mismo.

En este estado, no hay sonido alguno, y cuando escuchas, escuchas el sonido de ningún sonido. Cada pensamiento vuelve al silencio y se aquieta. Al practicar esta técnica, es importante no forzar nada cuando se escucha, sino permanecer relajado y escuchar de forma natural. En última instancia, es nuestra conciencia unificada con el vacío lo que realmente está escuchando el silencio. “Ser consciente del silencio” y “ver el silencio” son lo mismo. ¿Quién es consciente del silencio? ¿Quién ve el silencio? Es nuestra naturaleza iluminada la que está consciente y ve.

El siguiente paso en la práctica es permanecer en la claridad del silencio, y una vez que sepas cómo hacerlo, el último paso es iluminar tu propia mente al ver su verdadera naturaleza. Puede llevar bastante tiempo llegar a estas etapas, pero si mantienes tu conciencia del silencio, finalmente lo alcanzarás. Practicar lenta y constantemente es muy importante. Cuando sientas que tu mente comienza a vagar nuevamente mientras escuchas el silencio, regresa al paso dos y concéntrate en el movimiento de los ojos a la nariz y la boca al corazón, sin pensamientos ni imágenes en tu corazón.

 

 



“Hater ven, te quiero ayudar”: una romántica canción dedicada a todos los haters de Internet

Un tema para reflexionar sobre lo estériles e inútiles que son las críticas destructivas.

Ser un hater es más que ser un sujeto que gusta de molestar por Internet, polarizando cada cuestión y conflicto con comentarios tóxicos, en vez de constructivos. Se trata de toda una identidad: una basada en peligrosas ilusiones y ficciones que se cultivan en los entornos digitales. Pero también, el hater es producto de una sociedad involucionada, nihilista y adicta a las pantallas, que ha llevado a mucha de su juventud a vivir y relacionarse desde lo que David Sainz llama “las cloacas de Internet”.

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Sainz es un cineasta español independiente, creador de la serie web Malviviendo –cuya popularidad estalló antes que los youtubers– y que tiene mucha experiencia navegando en los entornos digitales. Ha sabido sacar provecho de éstos para reinventar las producciones audiovisuales, y confía en el potencial positivo que tiene el Internet para las nuevas generaciones.

No obstante, Sainz también sabe que el Internet es una cloaca plagada de fenómenos tóxicos, como el de los haters.

A estos trolls les dedicó la canción “Hater ven, te quiero ayudar”:

Ocurre con frecuencia que no hay mejor manera de decir las cosas que con humor. Y más si nos dirigimos a los haters: personas especialistas en hacernos enojar con sus difamaciones y críticas destructivas, incluso con comentarios sin sentido pero con mucha ira, hechos a partir de la seguridad que otorga el anonimato y la falta de autoridad en los espacios digitales. Eso que los psicólogos llaman el “efecto de desinhibición en línea”.

Pero, frente a su retórica generalmente poco fundamentada, es mejor batear a estas celebridades de Internet con una técnica infalible: la buena onda, o como canta Sainz: con un “Ven, te quiero ayudar”.

Porque existen haters que se han reformado, como demostró la columnista Patricia Hernández en una nota digital llamada 10 Former Internet Trolls Explain Why They Quit Being Jerks. En ella, Hernández recabó historias de haters de todo tipo: el clásico que odia Star Wars, el “listillo implacable” o el amo y señor de Yahoo Respuestas. Todos habían tenido interesantes razones para volverse internautas terroristas. Algunos aseguran haber estado pasando por malas relaciones de pareja en el momento de empezar su “carrera” de haters profesionales.

Pero cuando no se puede ayudar a un hater, ¿que se debe hacer? Ignorarlo: con humor y sarcasmo, como Sainz. No entrar en su espiral de odio, ni dejarnos enfrascar en esa forma torcida de relacionarnos.

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Ante la cultura del odio que propagan los más vulnerables a convertirse en haters, hace falta cultivar una buena convivencia en Internet y los entornos digitales.

Éstos son lugares a defender, pues no son neutrales.

Los entornos digitales pueden estar plagados de fake news o de noticias verdaderas y urgentes. Pueden estar plagados de buenas opiniones o de tóxicas críticas, como las de los haters. Pueden fomentar la unidad entre los diversos intereses de la sociedad, o la disolución en un caos separatista.

Así que no está de más reflexionar sobre el fenómeno hater, pero no como lo haría un hater –pensando en destruir desde su asiento–, sino concentrándonos en la construcción. En épocas como la actual, cuando los conflictos polarizan tanto a la sociedad, es urgente no contribuir siendo un hater, ni un fanático.

Debemos defender los buenos argumentos, las críticas constructivas y las discusiones que nos retroalimentan y nos hacen evolucionar.

Y si eres un hater en potencia, o crees tener la propensión, acá te va un mensaje: 

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