La ruralidad (moderna y sostenible) es sinónimo de futuro

Aunque van 70 años de estrategias de desarrollo que buscan superar lo rural, es necesario un entendimiento dinámico e innovador del campo para construir el futuro.

El campo debe ser una vía de progreso, y no un símbolo de atraso. Esta idea –que la misma ONU ha puesto en la mesa– resuena sobre todo en América Latina, donde la mitad de las exportaciones son agroalimentarias, y donde existe una vasta población que subsiste del campo, los bosques y otros ecosistemas naturales. 

El inequitativo contraste entre el desarrollo del campo y la ciudad es un peligro que puede afectar a la sociedad en el futuro cercano, pues mientras la urbanidad se ha concebido como símbolo de futuro e innovación y continúa siendo el lugar que mayores recursos recibe para su desarrollo, el medio rural se ha estancado principalmente por falta de recursos y abandono.

Según Julio Berdegué, subdirector general de la FAO, es necesario contar con el campo para cumplir con la Agenda 2030. 

Debemos fomentar una ruralidad moderna, dinámica, innovadora, pero llevamos 70 años con estrategias de desarrollo que buscaban superar lo rural, y eso no se cambia de un día para otro. Esto implica vencer muchas resistencias, porque hay quienes se benefician políticamente de que las cosas sigan siendo como son. Y tenemos que vencerlas por medios democráticos, que son más lentos, pero son los únicos posibles.

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Marvin Tolentino/Unsplash

 

Entender al campo y sus diferentes usos

Primero hay que redefinir qué es el campo y entender todos, gobiernos, empresas y ciudadanos, que puede haber una ruralidad moderna, sostenible y al mismo tiempo respetuosa de las tradiciones y culturas:

En una entrevista para El País, Joaquín Lozano, del Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola, señala:

Hay dos mundos rurales muy distintos. Por un lado hay una industria competitiva enfocada a la exportación, con acceso a tierras de calidad, y luego hay campesinos con tierras peores, a los que les falta acceso a los servicios básicos.

El funcionario hace énfasis en que existe una dualidad rural-urbana y que incluso la ruralidad está mal concebida, pues se minimizan sus problemas, y eso ha fomentado un rezago en términos de pobreza, hambre y salud.

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Robert Murray/Unsplash

Esos temas afectan mucho más a quienes viven en el campo, y todavía más, a las poblaciones indígenas:

Hay un concepto equivocado: en México una pequeña aldea de 2,501 habitantes se considera urbana, aunque la mitad de su población viva de la agricultura. Lo mismo en Chile y eso condiciona los recursos que vamos a destinar. Si creemos que el problema es pequeño, destinaremos menos esfuerzos.

Adicionalmente, ese problema de definición afecta los fondos que se reciben para el desarrollo rural. Sin embargo, Berdegué no cree que el problema principal sea la falta de recursos:

En muchos países el problema no es tanto de fondos como de la calidad de las políticas públicas. En muchos casos se hacen políticas asistenciales hacia la agricultura familiar, en lugar de en apoyarles para que ellos puedan superar la pobreza.

 

Las comunidades indígenas son la puesta en marcha de una democracia étnica real

Según explica la especialista Claudia García, a raíz de la tala inmoderada, la contaminación de ríos, la extinción de selvas y bosques, el fracking y el cambio climático, los indígenas se han asumido como activistas, a partir del derecho colectivo a la autodeterminación, entendida como una mayor participación y autonomía en el contexto del estado nacional.

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Levi Morsy/Unsplash

Algunos de los triunfos del activismo indígena:

  • Wirikuta, región sagrada huichol (México), donde los indígenas lograron que la empresa canadiense First Majestic Silver cediera la concesión de los terrenos y no se realizara el proyecto minero que se intentó imponer.
  • TIPNIS. 2,000 indígenas que durante más de 2 meses realizaron una marcha entre las ciudades de Trinidad y La Paz, Bolivia, para manifestar su rechazo a una carretera que atravesaba el territorio entre los Andes tropicales a 3,000m sobre el nivel del mar y la llanura amazónica a 180m.
  • En Colombia, los indígenas han luchado contra la fumigación áerea, logrando que la sociedad civil los apoye y se organice.
  • La guatemalteca Rigoberta Menchú recibió el Premio Nobel de la Paz en 1992 y el Premio Príncipe de Asturias en 1998 por su liderazgo social.
  • En Brasil, principal productor de azúcar a nivel mundial, los indígenas luchan contra una marca de refresco de cola que los ha despojado de sus tierras y ha contaminado sus ríos.
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Cristian Newman/Unsplash

 

México y América Latina en el uso de herramientas democráticas en el campo

Sin duda, el paso máximo de México hacia la sustentabilidad debe darse en el campo, lugar de prácticas milenarias, fuente de alimento de millones de personas y un sector que enfrenta numerosos retos en cuanto a calidad y apoyo a la industria local.

A México le urge una estrategia medioambiental clara. Por ahora, da la impresión de que entre los candidatos no existe una agenda en cuanto a estos temas correctamente desarrollada.

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Juan Ignacio Tapia/Unsplash

Julieta Ponce, especialista en nutrición, dice:

Los jóvenes ya no siembran. Y aunque volver al campo es la respuesta evidente, porque significaría poner la producción de alimentos en nuestras manos y, así, tendríamos acceso a comida saludable, el asunto es mucho más complicado. Los estilos de vida que persigue la juventud mexicana se relacionan poco con la vida del campo y no se puede forzar a la población a modificar sus intereses. Lo que sí podemos hacer es incentivar la producción campesina.

En este contexto, el gobierno mexicano debe implementar medidas de apoyo e impulso a la producción local, es decir, a las comunidades que viven de esta práctica.

De igual manera, es primordial hacer énfasis en el consumo responsable, privilegiando los productos locales, artesanales o con el sello Hecho en México, para promover la producción nacional a pequeña y gran escala.



Investigadores observan cómo se ve la tristeza en tu cerebro

Se trata de una inédita cartografía de la tristeza sobre el vasto territorio del cerebro.

La tristeza es como el clima: un estado psíquico fluctuante, que viene y va, quizá como una tormenta. la tristeza puede llegar en cualquier momento pero, por fortuna y hay que recalcarlo, también siempre pasará. No cabe duda que todos la hemos experimentado, pues se trata de una condición humana primigenia. Más aún, la tristeza es una energía que potencia nuestras capacidades sensoriales y cognitivas, pues nos hace experimentar el mundo de otras maneras.

Es por eso que la tristeza ha sido el sedimento de portentosas creaciones humanas. Y por eso –ya lo decía Virginia Woolf–, hay un tipo de tristeza que algunos no buscar mitigar, sino quizá comprender y aprovechar. Pero esa gran energía que compartimos colectivamente, ¿es asequible? Al parecer, sí.

Científicos estadounidenses pudieron ver cómo se ve la tristeza en el cerebro.

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Un estudio se realizó recientemente en la University of California sobre 21 pacientes de epilepsia, quienes estaban en un hospital esperando una cirugía que tardaría varios días. Los psiquiatras insertaron cables en las cabezas y sienes de los pacientes y midieron su actividad eléctrica durante una semana. De esta forma, los investigadores pudieron observar el tipo de comunicación eléctrica que se generaba en el cerebro de los pacientes.

Para su sorpresa, la comunicación entre redes específicas del cerebro, involucradas con la emoción y la memoria, coincidió en 13 de los 21 pacientes. La tristeza estaba asociada en ellos a un circuito neuronal particular en el cerebro, el cual conecta la amígdala, una zona del cerebro encargada de regular las emociones, con el hipocampo, principal almacenador de recuerdos.

Esto quiere decir que las emociones modifican cómo dialogan las zonas del cerebro entre sí, y cómo funcionan las redes neronales. Éstas han sido cada vez más tomadas en cuenta en estudios sobre el cerebro y la inteligencia, e incluso se ha develado que compartimos mucho más con algunos animales de lo que creíamos, debido al funcionamiento de estas redes.

Según dijo para NPR Vikaas Sohal, uno de los autores encargados del estudio:

Había una red que una y otra vez nos decía si se sentían felices o tristes.

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Así se ven los mapas de estas redes neuronales

El estudio podría llevar a trascendentes avances para una mayor comprensión de los trastornos emocionales, pues los investigadores cuentan ahora con una cartografía más clara de la tristeza sobre el vasto territorio del cerebro.  Esto podría ser especialmente importante en el caso de la depresión, pues saber más sobre las redes neuronales que activan y desactivan diversos procesos en zonas como la amigdala y el hipocampo puede ayudar a encontrar nuevos remedios a la depresión.

Podrían hacerse tratamientos específicamente para cambiar la actividad de estos circuitos neuronales.

Esta cartografía cerebral de la tristeza es una buena noticia para las millones de personas que padecen depresión, la cual será para el 2020, según la OMS, la primera causa de discapacidad en países como México. Y también es buena noticia para la conciencia contemporánea, pues con este tipo de evidencias científicas es posible cultivar mayor empatía colectiva hacia los trastornos mentales, que sin duda modifican nuestro cerebro de maneras hasta ahora desconocidas, pero que nos atañen a todos.

Imágenes: 1) videohive, edición Ecoosfera; 2) Johnny Keethon; 3) cell



Este documental sobre el campo en México te abrirá los ojos

Decenas de testimonios y pruebas que develan cómo el campo mexicano ha ido “secándose” desde que entraron las empresas biotecnológicas al país

En los años 50 del siglo pasado las empresas biotecnológicas ya habían acumulado un poder considerable y “entraron” a México vendiendo herbicidas que poco a poco han ido debilitando los suelos. Curiosamente, el uso de herbicidas va haciendo que las plantas cada vez necesiten más de estos químicos para crecer “sanas”. Así, se genera una dependencia pues los campesinos deberán comprar a estas empresas. 

El paradigma de la producción en masa, la “eficiencia”, la búsqueda por más kilogramos de cultivos por hectárea, ha permeado la ideología de los medianos productores, incluso de los pequeños, y el uso de los productos biotecnológicos son así un aliciente casi ineludible en la forma en que ahora en México se siembra el campo. 

En este contexto, el realizador Jorge Barbosa ha creado el documental El campo es como lo siembran, que narra cómo se han ido perdiendo la soberanía alimentaria y la biodiverisdad de semillas de cultivo en México, así como la fertilidad en la tierra, gracias a los agrotóxicos de las empresas biotecnológicas y sus semillas híbridas. Lo anterior sin mencionar que aún no está permitido legalmente el uso de maíz transgénico, lo que, seguramente, terminaría por agotar la diversidad de semillas en México. 

Muchos productores del campo (sobre todo los conocidos como medianos) creen que no existe una evidencia real para sostener que este tipo de aditamentos (agrotóxicos), semillas híbridas o en su caso transgénicas, representen una amenaza para el campo pues supuestamente, en términos de producción, el agrónomo puede obtener más producto por hectárea. Sin embargo, un documental como este muestra los efectos a largo plazo, que son devastadores. Esta recopilación de testimonios y evidencias es una prueba más de la necesidad de volver a las técnicas naturales, que incluso a largo plazo, serán más redituables para los productores.

 

El campo es como lo siembran, documental completo de Elementos Visuales en Vimeo.