Estos son los 10 ríos que más contribuyen a que los mares se inunden de plástico

Cada año, los ríos llevan millones de toneladas métricas de basura hacia el mar. Es fundamental resolver este problema.

Cada minuto, un plástico de algún camión de basura se tira al mar. Se estima que si este ritmo continúa, los océanos contendrán más plástico que peces para 2050.

Adicionalmente se calcula que los plásticos consumirán el 20% de toda la producción de petróleo en 35 años, frente a un estimado del 5% en la actualidad.

Una bolsa de plástico desechada al mar puede generar un daño considerable, especialmente en aguas más cálidas.

 

10 ríos que contribuyen a la contaminación de plástico

1. Río Yangtsé

Se estima que el Yangtsé arroja alrededor de 727 millones de libras de plástico al mar cada año. Los ríos con las mayores cargas de plástico se caracterizan por estar alrededor de una gran población, por ejemplo, el Yangtsé se encuentra en una zona donde hay más de 500 millones de personas.

 

2. Río Ganges

A pesar de que millones de indios dependen de él para sus necesidades diarias, el Ganges es considerado el quinto río más contaminado del mundo. Contiene desechos humanos y contaminantes industriales, pero proporciona agua a aproximadamente el 40% de la población de la India.

El río Ganges es responsable de la contaminación en la India con alrededor de 1,2 mil millones de libras de plástico.

 

3. Río Amarillo

Después del Yangtsé y el Yeniséi, este es el tercer río más largo de Asia y el sexto del sistema fluvial más extenso del mundo. Fluye a través de nueve provincias y desemboca en el mar de Bohai. El río Amarillo, que se dice que es la cuna de la civilización china, ocupa el tercer lugar en la lista de residuos de plástico, pero ese no es el único problema medioambiental con el que se le asocia. La contaminación ha hecho que gran parte del agua del río no sea potable. Se cree que alrededor del 30% de sus especies de peces también desaparecieron.

 

4. Río Hai He

Otro de los ríos de China, el Hai, ocupa el número 4. Conecta dos de las áreas metropolitanas más pobladas de China, Tianjín y Pekín, antes de desembocar en una de las rutas marítimas más transitadas del mundo, el mar de Bohai. Su flujo anual es sólo un trigésimo del Yangtsé, y la mitad del del río Amarillo.

 

5. Río Nilo

Considerado comúnmente como el río más largo del mundo, su cuenca abarca 11 países, incluidos Egipto, Sudán, Etiopía y Kenia. Alrededor de 360 ​​millones de personas viven en la cuenca del río, cuyas aguas sostienen la agricultura, la principal actividad económica de la región. Irrigación y evaporación significan que el río ni siquiera llega al mar en períodos secos. Aun así, entra en el número 5 en el ranking.

 

6. Río Indo

Es el río más largo de Pakistán. Su cuenca cubre aproximadamente 384,000 millas cuadradas de terreno abierto, de las cuales 204,000 se encuentran en Pakistán. El Indo ocupa el sexto lugar en la lista. Aunque mucho plástico entra a los ríos debido a la falta de infraestructura de residuos, los sistemas de alcantarillado también contribuyen a esta problemática.

 

7. Río Perla

Este río fluye a través de la ciudad de Cantón y entra al mar de la China Meridional entre Hong Kong y Macao. Las aguas residuales y los desechos industriales fluyen hacia el delta del río, manteniéndose a la par con la increíble tasa de expansión urbana de la región. Desde finales de la década de 1970, el delta se ha transformado de una región principalmente agrícola y rural a una de las áreas urbanas más grandes del mundo.

 

8. Río Amur

El río Amur se levanta en las colinas del noreste de China y forma gran parte de la frontera entre la provincia china de Heilongjiang y Siberia, antes de que se desvíe hacia el mar de Ojotsk.

 

9. Río Níger

Este es el principal río de África Occidental, que atraviesa Guinea, Malí, Níger, Benín y Nigeria. En este río se han encontrado desechos plásticos entre los que se encuentran el polietileno de alta densidad, el polietileno de baja densidad y el polipropileno.

 

10. Río Mekong

Este es el segundo río más largo de Asia y transcurre por China, Birmania, Laos, Tailandia, Camboya y Vietnam. Las presas también están teniendo un gran impacto ecológico y social en el Mekong. Alrededor de 20 millones de personas viven en el delta de este río, y muchos dependen de la pesca y la agricultura para sobrevivir. Ocupa el décimo lugar en la lista de sistemas fluviales que transportan la mayor parte de los 8 millones de toneladas de plástico que se arrojan al mar cada año.

 

Sustancias químicas y tóxicas en el océano

El proceso de descomposición de las bolsas libera sustancias químicas tóxicas que pueden ser digeridas por los peces y terminar con la cadena alimenticia.

Un estudio reciente encontró que sólo 10 ríos en el mundo llevan más del 90% de los contaminantes de plástico al océano.

Esos ríos arrojan colectivamente entre 0.47 millones y 2.75 millones de toneladas métricas de plástico –botellas y bolsas, así como fibras y cuentas microscópicas– al mar cada año, según los datos del informe Rivers of Plastic.

Millones de toneladas de basura llegan desde estos ríos, de los cuales, ocho están en Asia.

Dos ríos están en África, el Nilo y el Níger, mientras que los otros se encuentran en el continente asiático: el Ganges, el Indo, el Amarillo, el Yangtsé, el Hai He, el Perla, el Mekong y el Amur.

Tan sólo el Yangtsé vierte hasta aproximadamente 1.5 millones de toneladas métricas de desechos de plástico en el mar Amarillo.

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Bob Lamotte via Unsplash

Procesos de reciclaje de plástico y posibles soluciones

A pesar de la creciente demanda, sólo el 5% de los plásticos se recicla de manera efectiva, mientras que el 40% termina en vertederos y 1/3 en ecosistemas frágiles, como los océanos.

El resto se quema, con lo cual se genera energía, pero esto provoca que se consuman más combustibles fósiles para fabricar nuevas bolsas de plástico, tazas, bañeras y el resto de dispositivos de consumo que exige la economía.

Resolver el problema no será fácil, especialmente porque la industria está bajo presión para producir más para satisfacer la creciente demanda de los mercados emergentes.

Actualmente los bioplásticos son más caros de hacer que la petroalternativa, y los sistemas de reciclaje son ineficientes.

Se requiere de una serie de herramientas ecosustentables, tales como una educación ambiental y materiales facilitadores, para desarrollar sistemas que traten aguas urbanas contaminadas.

Adicionalmente, según las conclusiones del estudio citado, una mejor recolección y manejo de desechos en las regiones más contaminadas ayudaría a detener esta tendencia, pero también es crucial generar conciencia social al respecto.



Puedes aplicar para viajar gratis a Finlandia en verano y aprender a ser feliz

Al grito de “Encuentra tu calma, conecta con la naturaleza” los finlandeses recibirán a visitantes de todo el mundo para compartirles sus secretos a la felicidad.

Otra vez Finlandia ha ocupado el primer lugar en el ranking del World Happiness Report. Así, se corona en 2019 por vez consecutiva con la distinción “el país más feliz del mundo”, por arriba de otros 156 países. En este índice, que toma en cuenta variables como ingreso, expectativa de vida y “libertad”, el segundo y tercer puestos también fueron para países escandinavos, Dinamarca y Noruega. 

Para celebrar la noticia, Finlandia lanzó un curioso programa que se llama Rent a Finn (renta un finlandés). Consiste en ofrecer viajes gratis a visitantes de otros países para hospedarse con habitantes locales que se han ofrecido a compartir sus respectivas llaves a la felicidad.

Los ocho habitantes voluntarios, que radican en diversos pueblos o ciudades de Finlandia, mostrarán por ejemplo “la simplicidad de la vida en el Arquipiélago”, llevando a su huésped a acampar y navegar en un pequeño velero, o también podrás visitar un pueblo de Laponia donde acompañarás a Esko a recoger moras en el bosque o jugar juegos tradicionales finlandeses.

Por cierto, llama la atención de que las llaves que aparentemente llevan a la felicidad a los habitantes de Finlandia, todas tienen algo en común: la simplicidad y la naturaleza (y esta podría ser una buena pista). 

¿Quieres aplicar para visitar Finlandia?  

Si tras leer esto has sentido el llamado a buscar la felicidad en las latitudes del norte, regocijándote en la generosidad finlandesa, esto es lo que debes hacer:

1. Llena una forma en línea aquí

2. Grábate en video y explica por qué te gustaría ir y cómo te conectas tu con la naturaleza (agrega el video a tu forma).

3. Espera la lista de los elegidos.

 



Nuestro futuro, ¿sensibilizar la máquina o tecnificar el cuerpo?

El auge de los dispositivos tecnológicos en nuestra vida plantea preguntas de urgente relevancia.

Al menos hasta el siglo pasado, la categoría de lo humano era lo suficientemente amplia como para albergar toda la variedad de intereses, procedencias e ideas que pudieran surgir del homo sapiens, este homínido que seguimos siendo; sin embargo, con el avance mismo de la tecnología, la especie se dividió en dos grandes grupos: aquellos que tienen acceso a los gadgets de la economía de consumo y aquellos que no.

 
 
 
 
 
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Esta diferencia es importante no sólo desde un punto de vista económico sino desde un punto de vista ético: ¿es más humano aquel que puede comunicarse en tiempo real de un lado a otro del mundo, y por lo tanto decidir los destinos de las personas que no pueden hacerlo, o bien se trata simplemente de una sociedad de fetiches, donde los objetos (y el poseerlos) se vuelven más importantes que las relaciones sociales que tenemos con otras personas?

Por ejemplo: una persona de clase media o media-alta se encuentra asediado en nuestros días por gran cantidad de información que apela y exige su atención: notificaciones del smartphone, actualizaciones de la tablet, toneladas de correo electrónico (basura o de trabajo, lo mismo da), con lo cual el tiempo destinados a interrelacionarse con otras personas en el universo 1.0 (offline, o en “el mundo real”) se reduce considerablemente. Probablemente esa persona no quiera pasar demasiado tiempo en el universo 1.0 debido a que cree que tiene mayor control sobre su tiempo y su atención mientras está conectado. Pero la realidad es que el universo 2.0, con todas las ventajas y fascinantes vías de desarrollo y aprendizaje que ofrece, no es sino una interfaz de comunicación, una vía o un medio, si se quiere, para conseguir un fin: comunicarse, informar o estar informado; pero esto no es un fin en sí mismo.

 
 
 
 
 
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Hoy en día tenemos más herramientas que nunca para estar comunicados, pero hemos dejado de tener algo que comunicar. Las computadoras son nodos que integran información, pero que hasta hace poco eran incapaces de producirla; ellas eran la heramienta y nosotros la fuente. ¿Seguirá siendo así durante el presente siglo?

Puede ser que los seres humanos en las sociedades desarrolladas o en vías de desarrollo nos vayamos pareciendo cada vez más a nuestras preciadas máquinas: siempre despiertas, siempre conectadas, siempre listas para responder con más información de salida a la información de entrada que recibimos sin parar. Estamos programándonos inconscientemente para reaccionar a la información en lugar de para pensar: para discernir qué tanto de la información que recibimos es valiosa y cuánta es sólo basura. 

Al decir esto no nos consideramos dentro de la tendencia “apocalíptica” que Umberto Eco señaló en su famoso libro, Apocalípticos e integrados, sino que nos proponemos pensar hasta qué punto ya no somos capaces de ubicarnos espontáneamente en ninguno de los dos parámetros señalados por el escritor italiano. El humano de hoy en día se parece más a una interfaz autónoma que recibe y procesa información, en lugar de una mente capaz de crearla y darle forma: somos cada vez más una máquina sensible respondiendo a impulsos del entorno, una computadora humana que aprende a resolver problemas, a contestar correos, a tuitear a velocidades vertiginosas sin detenerse un momento a pensar sobre dónde está parado, o hacia dónde desemboca este tren del progreso.

La impronta de nuestro tiempo parece ser, como bien apunta Douglas Rushkoff, “programa o prepárate para ser programado”: ¿en qué lugar de la balanza nos colocaremos? ¿Dónde te situarás tú?

 

*Fotografías: Nirav Patel