En un evento privado, sin pretensiones y sutil, Richard Wright se despidió de “Echoes”. El tecladista callado de la famosa banda Pink Floyd, aunque no muy reconocido, le dio al grupo un toque conmovedor, vital y mágico al sonido de sus canciones.

Después de su entrenamiento en el jazz y su educación musical, era de esperarse que Wright desarrollara un sentido para la composición extraordinario. Porque, aunque no se sepa mucho, el tecladista aportó grandes elementos a la música de Pink Floyd.

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Uno de los casos más reconocidos fue “Echoes”, una canción que surgió de métodos experimentales y algunos accidentes felices como el sonido “ping”. Al igual que otras composiciones de Wright, esta melodía es un escaparate de los solos altísimos de Gilmour y de un delicado ritmo.

Por eso, esta última interpretación filmada es una actuación épica. Completando las virtudes de este talento musical, Wright nos enreda en su profundo conocimiento sobre los instrumentos. En retrospectiva, nada ha sido tan conmovedor como lo que muestra este video.

La magia ha sido recreada y “Echoes” vuelve a nosotros como nunca se había visto. Esta es la ultima vez que los fanáticos podremos vivir la experiencia de ver a Pink Floyd o una versión de ellos en otro escenario.

 

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