Una pequeña variación en este número podría revolucionar la física (y la realidad) como la conocemos

Una constante con la que los científicos se han topado a lo largo de la historia podría demostrar que la naturaleza también evoluciona a través del tiempo.

Para las ciencias exactas, las constantes representan valores confiables para entender el mundo a nuestro alrededor. La velocidad de la luz, la aceleración con la que la gravedad terrestre atrae los cuerpos en caída libre y muchos otros aspectos de la naturaleza se consideran invariables a través del tiempo.

¿Pero cómo podemos estar seguros de que la naturaleza no cambia? O dicho de otra manera, ¿cómo sabemos que una constante no evoluciona a través del tiempo?

Una de las constantes más misteriosas de la ciencia aparece en los cálculos astronómicos, en el funcionamiento de la química e incluso en la manera en que los átomos se forman. Es un número con el que científicos de diversas disciplinas se topan una y otra vez a lo largo de la historia: 1/137. Descrito por el radical físico Richard Feynman como “uno de los misterios malditos más grandes de la física: un número mágico que aparece sin que podamos entenderlo”, este número aparece en ámbitos como la relatividad, el electromagnetismo y la mecánica cuántica.

La constante de estructura fina del universo, también conocida como constante de Sommerfeld, es una constante que caracteriza la interacción electromagnética entre las partículas elementales cargadas. La importancia de esta constante, representada por la letra griega “alpha” (α), es que dependiendo de su valor es posible descartar o no la existencia de una estructura interna del electrón. Se compone de tres constantes: la velocidad de la luz, la carga electromagnética de un electrón y la constante de Planck. 

Por ejemplo, durante mucho tiempo se creyó que los neutrones, protones y electrones eran las partículas elementales de la materia. Pero tiempo después se descubrió que los protones y neutrones aún pueden descomponerse en elementos más pequeños, llamados quarks.

Actualmente los científicos creen que los electrones sí son partículas elementales y en esa suposición se basa el modelo estándar de la física de partículas elementales, la física mediante la que nos explicamos la mayor parte de los fenómenos macroscópicos a nuestro alrededor. Pero si la constante alpha presentara variaciones, ello podría significar un giro inesperado para la física tal y como la conocemos.

El pasado 13 de abril se realizó la medición más precisa de esta constante, medición llevada a cabo por científicos de la Universidad de California en Berkeley. Por primera vez se utilizaron pulsos láser en lugar de cálculos indirectos para llevarla a cabo. Los resultados confirmaron que las partículas hipotéticas que habían sido nombradas como “fotones oscuros” en realidad no existen.

Si la medición hubiera revelado la existencia de los fotones oscuros, el electrón hubiera dejado de considerarse una partícula elemental, lo cual habría revolucionado por completo la física. Debido a la importancia de esta constante, los científicos no han dejado de hacer pruebas para encontrar variantes en su comportamiento.

Este mismo año entró en operaciones ESPRESSO (por sus siglas en inglés: Echelle Spectrograph for Rocky Exoplanet and Stable Spectroscopic Observations), un instrumento instalado en el Observatorio Astronómico de Paranal con la capacidad de medir velocidades radiales con una precisión de 10 cm/s.

ESPRESSO también es capaz de medir variaciones en escalas de giga años (una unidad de tiempo equivalente a 1,000 millones de años) de algunas constantes físicas, como la constante de estructura fina del universo o la relación de masas entre el protón y el electrón.

Los encargados del programa esperan que para 2019, ESPRESSO revele información inesperada que podría revolucionar toda nuestra concepción del universo.

 

* Imagen principal: Richard Feynman en acción



Triunfo en la Amazonia: Ecuador cancela proyectos petroleros en tierras indígenas

Argumentan que el gobierno los convenció de cederla “con engaños, comida y refrescos”.

Después de una larga batalla legal, la nación waorani celebra el fallo de la Corte de Justicia de la provincia de Pastaza, en el Amazonas ecuatoriano. Gracias a dicho fallo se han vetado (al menos provisionalmente) proyectos de extracción petrolera en una zona de la cuenca del río Amazonas que contempla 180,000 hectáreas de territorio waorani.

La sentencia favorable se consiguió gracias a que los waorani argumentaron que su derecho constitucional a la consulta fue violado durante el proceso de licitación. El Estado afirmó que la consulta fue correcta y propuso hacer una nueva. Sin embargo, los waorani señalaron que los funcionarios del gobierno obtuvieron la aprobación del pueblo mediante mentiras y regalos.

amazonia-petroleo-ecuador-waorani-indigenas-extractivismo
La batalla legal comenzó en 2012.

“En la acción de protección, los waorani lograron el fallo a su favor al argumentar que existió una violación al derecho constitucional a la autodeterminación de los pueblos y a la consulta previa, libre e informada sobre planes de explotación de recursos no renovables en sus tierras.”

También en Ecoosfera: Con tecnología, la tribu Ka’apor está defendiendo el Amazonas

Según la ley de Ecuador, el Estado reconoce la jurisdicción indígena, pero mantiene la potestad del subsuelo. Pese a ello, el Ministerio de Energía y Recursos Naturables No Renovables señaló que el territorio en disputa “actualmente no se encuentra en proyectos de ser licitado”, lo que constituye una victoria histórica en la lucha por la protección de la Amazonia.

El waorani era solo uno de los 16 bloques petroleros que el gobierno puso a subasta en una región de 283,281 hectáreas sobre tierras indígenas. Este veto sentará un precedente legal importante para muchas otras naciones amazónicas que se mantienen en pie de lucha todavía por su territorio en el Ecuador.

 

La nación waorani comprende una población de unos 4,800 individuos, y su territorio abarca cerca de 800,000 hectáreas en distintas regiones del Amazonas.



Instagramers frecuentan lago tóxico para posar en selfies

A pesar de las advertencias de toxicidad, los instagramers se adentran en este lago para conseguir más likes.

Un fenómeno caricaturesco, pero que refleja dos cualidades de la actualidad, es el que acontece en un lago ubicado en Siberia. Se trata de un cuerpo de agua turquesa, al que se conoce como las “Maldivas de Novosibirsk” por su belleza. 

El problema es este lago es un repositorio de los deshechos de una planta de energía que se encuentra en los alrededores, y que el seductor y muy instagrameable tono del agua es el resultado de una alta concentración de calcio y óxido que proviene de los residuos tóxicos de las instalaciones de la Siberian Generating Company (SGK).

selfies-lugares-toxicos-peligrosos 

A pesar de las numerosas advertencias sobre no meterse al lago, muchos visitantes, comenzando por los “influencers” locales, no dudan en acercarse o incluso adentrarse con tal de lograr una buena selfie enmarcada por un precioso e inusual paisaje. 

Un instagramer que posó montado en un unicornio infalible y portando un pasamontañas explica así su búsqueda:

No es peligroso nadar aquí. Al día siguiente mis piernas amanecieron ligeramente rojizas y tuve comezón por 2 días. Pero luego todo pasó. ¿Pero qué no harías por lograr imágenes como esta?

 
 
 
 
 
View this post on Instagram
 
 
 
 
 
 
 
 
 

🇷🇺Работяги, плавать там не опасно🚨 На следующее утро мои ноги слегка покраснели и чесались дня два, потом все прошло 🙏🏽 Но что не сделаешь ради таких снимков😋Вода на вкус немного кисловата, похожа на мел 😝 🇺🇸It,s not dangerous to swim here. The next morning, my legs turned slightly red and itched for two days, but then everything went. But what wouldn’t you do for the sake of such pictures? The water tastes a little sour 🤮 #новосибирскиемальдивы #золоотвалтэц5 #золоотвал #золоотвалнск #тэц5

A post shared by Alex (@tweezer_nsk) on

La contaminación del ambiente, y el narcisismo digital son, sin duda, dos propiedades significativas de nuestros tiempos. Y ahí, en el lago tóxico de Novosibirsk, han concertado una cita.