Hombres le salvan la vida a un lobo al confundirlo con un perro (una increíble historia de conservación 🐺)

Un error de percepción salvó la vida de este cánido indómito.

Los lobos son animales de naturaleza noble y comunitaria. Y son los ancestros y parientes de nuestros mejores amigos, quienes han heredado estos rasgos. Pero contrario a los perros, los lobos son salvajes, y pueden dejarse llevar por primigenios instintos de ferocidad al entrar en contacto con los seres humanos. De ahí nuestro miedo y respeto hacia estos animales.

Antes de acercarse a uno de estos canes agrestes, cualquiera lo pensaría dos veces. Pero para este lobo, fue una fortuna que lo confundieran con un perro.

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En Estonia, tres hombres se encontraban trabajando en la presa de Sindi, en el gélido río Parnu, cuando vieron algo totalmente fuera de lugar: un animal nadando en el agua helada.

Por su forma y pelaje, creyeron que se trataba de un perro.

A sabiendas de que el animal no sobreviviría por mucho tiempo, los hombres se organizaron para rescatarlo. Ahí donde el hielo era demasiado espeso para que el cánido nadara, los tres hombres (Rando Kartsepp, Robin Sillamäe y Erki Väli) trituraron el hielo de la orilla y pudieron nadar más cerca y poner al animal a salvo.

Al sacarlo de entre los hielos, los hombres descubrieron que se trataba de un lobo.

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Tras la sorpresa, los hombres llevaron al animal –que sufría de un shock hipotérmico– a un refugio, donde pudo recuperarse para ser liberado a los pocos días, colocándosele antes un collar con GPS integrado para monitorear su ubicación, según informaron diversos medios.

Y es que en Estonia el lobo gris fue nombrado el animal nacional en 2018, entre otras cosas para promover la protección y cuidado de estos animales, de los cuáles hay 200 en este país báltico y que están en peligro de extinción en otros países, como México.

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Así que lo que hicieron estos hombres contribuyó a la conservación de este precioso ser. Y seguramente lo habrían hecho aunque supiesen que se trataba de un animal potencialmente peligroso. Porque, después de todo, Estonia lleva 150 años sin que se hayan registrado ataques de lobos a personas, y ya se ha comprobado que el lobo también puede ser amigo de los hombres.

Incluso han sido los lobos quienes han rescatado a humanos, como en el caso del español Marcos Rodríguez Pantoja, quien fue criado por lobos. Historias como estas nos dejan valiosas reflexiones sobre respeto y solidaridad entre humanos y animales, o animales y humanos.



La realidad no existe a nivel cuántico (¿alguna duda de que todo es una creación colectiva?)

Una investigación reciente comprobó que no hay tal cosa como “hechos objetivos”, ni en la ciencia ni en la vida.

Hace no mucho tiempo, una adolescente llamada Hillary Diane Andales ganó un premio por la manera en la que explicó, en una cátedra virtual de sólo 3 minutos, la teoría de la relatividad. La cuestión no sólo sorprende porque una jóven sea capaz de entender y dar a entender a otros algo tan complejo, sino porque su explicación parte de algo muy sencillo: la empatía.

Para entender la teoría de la relatividad, así como la mecánica cuántica, quizá no haya nada más eficaz que ser empático y saber ver a través de la mirada ajena. Eso es lo que hace la joven Andales cuando muestra cómo un 6 puede ser un 9 visto desde otra perspectiva. Pero si siguiéramos estrictamente esta línea, entonces la conclusión inevitable sería que la ciencia no descansa tanto sobre hechos irrefutables como sobre diversas alternativas.

Así, podríamos pensar que un científico jamás puede comprobar un hecho objetivo en la soledad de su laboratorio. Más bien, la ciencia es una creación colectiva –en el más amplio sentido en que podamos concebir tal aseveración–, porque la realidad es un complejo sistema del que todo observador es parte.

…Y cada observador tendrá una visión diferente de aquello que percibe.

Entonces, ¿todos somos científicos? No exactamente. La cuestión está en que nadie –ni siquiera un científico– puede ostentar la verdad absoluta sobre ningún “hecho objetivo”, porque esa realidad que los científicos estudian es una creación colectiva que todos percibimos y modificamos constantemente. Esto ocurre también a nivel cuántico, lo que ha hecho a los físicos cuestionar la realidad en todos sus niveles.

También en Ecoosfera: Científicos y filósofos están de acuerdo en algo: la conciencia humana es una alucinación colectiva

Los hechos alternativos de la física cuántica

Físicos de la Universidad Heriot-Watt realizaron un estudio a nivel cuántico para demostrar que en la cuántica no hay hechos objetivos. Utilizando cuatro máquinas con sofisticadas habilidades de interpretación, así como partículas cuánticas de luz –fotones–, demostraron que la realidad no existe como tal, y que la forma que ésta adopta depende de cómo son percibidos los hechos por cada observador.

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La prueba consistió en que dos de las máquinas, llamadas Alice y Bob, recibían un fotón desde una central externa. Después debían interpretar el mensaje y enviar un fotón idéntico a las otras dos máquinas, Amy y Brian. Lo sorprendente fue que éstos últimos interpretaron el fotón de manera distinta que Alice y Bob, incluso pese a ser máquinas con un alto grado de precisión. A este estudio se suman otros, que han demostrado cómo los átomos sólo cumplen su conducta al ser observados. Así que esto va más allá de nosotros y de las máquinas: es una cuestión nanométrica que no puede sino llevarnos a cuestionar la realidad.

Pero entonces, ¿vivimos un mundo irreal y de posverdades?

Algunos neurocientíficos coinciden en que la realidad es una construcción de nuestro cerebro, es decir, de nuestra percepción y capacidades cognitivas que modelan el mundo. Pero filósofos contemporáneos han cuestionado tales aseveraciones, ya que esto nos llevaría a basar nuestra existencia en una vieja –y ya superada– premisa cartesiana: la de “pienso luego existo”. El filósofo Alva Noë, por ejemplo, cree más bien que la percepción es una dialéctica entre nuestro cerebro y nuestro entorno: una relación que transforma aquello que concebimos como real.

Quizá la cuántica se vea también regida por esta dialéctica, en cuyo caso no estaríamos atrapados en las “posverdades” contemporáneas, sino que estaríamos pensando el mundo –y la ciencia– desde un principio de empatía: de intersecciones, intercalaciones e imbricaciones invisibles, presentes en cada nanométrico movimiento vital tanto como en nuestra realidad aparente. Un mundo construido por cada visión y cada acción, pero en el cual si rigen algunas leyes –aunque jamás absolutas–. 

Que la realidad no existiese podría convertirse en una verdad universal, aunque tan frágil como cualquier hecho objetivo puede llegar a serlo en un mundo de múltiples verdades, donde los hechos no pueden disociarse de los procesos individuales y colectivos (o visibles y cuánticos).

 

*Imágenes: James R. Eads