El cerebro es un territorio ciertamente misterioso. Tanto así que aún se siguen hallando nuevas zonas en su asombrosa cartografía. Y hasta hace no mucho, todavía se creía que el funcionamiento de este órgano podía comprenderse fácilmente con la famosa dicotomía hemisférica, según la cual cada lado del cerebro se encarga de funciones específicas.

No obstante, los avances de la neurociencia han develado que el cerebro es un órgano más parecido, si se quiere, al universo que a los polos de la tierra. Por eso, actualmente los neurocientíficos están investigando sobre una habilidad insólita que han llamado neurofeedback, o “retroalimentación cerebral”.

En el más reciente estudio sobre retroalimentación cerebral, que se publicó en marzo de este año en la revista NeuroImage, se comprobó que la retroalimentación cerebral es capaz de cambiar la materia blanca del cerebro en menos de 1 hora, es decir, aquella estructura que permite a las neuronas comunicarse a través de señales eléctricas. Las alteraciones a esta estructura provocan cambios en los patrones de comunicación, lo cual, básicamente, “reprograma” el cerebro.

 

¿Y cómo se reprograma el cerebro en sólo 1 hora?

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Los investigadores comprobaron el gran cambio que puede producir la retroalimentación cerebral a través de una simple prueba. Ésta consistió en leer la actividad cerebral de los participantes mientras imaginaban que tecleaban con los dedos –aunque en realidad permanecían inmóviles–. Tal ejercicio, como pudieron ver los investigadores en la pantalla de una computadora, provocó cambios en la materia blanca, que eran mayores en la zona conocida como “cuerpo calloso”, una fibra que conecta ambos hemisferios del cerebro y les ayuda a trabajar en conjunto.

La iluminación de esta zona del cerebro dotó también a los participantes de un mayor control de la misma, y los neurocientíficos comprobaron que hubo un reforzamiento de la red sensoriomotora.

Así, la retroalimentación cerebral podría convertirse en una portentosa herramienta para tratar desórdenes psíquicos de manera mucho más rápida y precisa, sin necesidad de fármacos ni extenuantes terapias. Aún harán falta muchas pruebas, pero estos primeros hallazgos son sin duda alentadores.

 

* Imagen principal: Kaitlin Rose Slattery