Un nuevo estudio asegura que, frente a la música clásica y electrónica, escuchar reguetón provoca mayor actividad cerebral. Los resultados del estudio mostraron una mayor activación en las regiones del cerebro encargadas del procesamiento de los sonidos y el movimiento. ¿Es posible hacer tal aseveración?

Una relación muy antigua

La relación entre la música y el hombre ha estado bajo la lupa de la ciencia desde tiempos muy antiguos. Y aunque la música es una invención del hombre, esta surgió de la relación del humano con su entorno. El hombre logró transformar los sonidos de la naturaleza en rítmicos y melodiosos patrones que terminaron convirtiéndose en el lenguaje universal, la música.

El arte musical ha estado presente desde los inicios de nuestra historia. Así que dilucidar el gran rompecabezas que representa la relación entre música y mente, es muy complejo pues lo presiden miles de años. Aún a nuestra fecha con todo el avance de la ciencia, no se ha podido descifrar del todo los efectos que produce la música en el cerebro, y ya ni siquiera hablamos de lo que la ciencia no ha reconocido todavía, el alma. Por ello cuando surgen estudios que tienden al reduccionismo se complica todavía más entender qué sucede realmente cuando escuchamos música.

El reguetón y la actividad cerebral

La neurociencia se ha encargado de poner bajo el microscopio al cerebro mientras se escucha música, con la finalidad de comprender qué sucede con la actividad cerebral a la par de tener una experiencia estética auditiva. Este mismo método utilizó un nuevo estudio del Hospital Universitario de Tenerife en Canarias y concluyó que escuchar reguetón provoca mayor actividad cerebral que la música clásica.

Para la investigación liderada por el neurocirujano Jesús Martí Fernández, se seleccionaron 28 personas sin formación musical previa, con gustos variados y una media de 26 años. Se les realizó una resonancia magnética funcional mientras los participantes escuchaban diferentes estilos musicales a los que se les suprimió la línea vocal. Curiosamente, de todos los estilos musicales presentados a los voluntarios, el reguetón causó una mayor iluminación en regiones del cerebro encargadas del procesamiento de sonidos y de las funciones motoras. La música electrónica por su parte, también mostró una mayor activación en las regiones motoras, aunque en menor medida comparada con el reguetón.

Esto podría deberse a que el reguetón utiliza una base rítmica que nunca cambia salvo en velocidad. Además, utiliza acordes de manera repetitiva que el cerebro interpreta como patrones predecibles. Quizá sea por esto que las regiones cerebrales que controlan las funciones motoras se enciendan, como un aviso de la preparación para bailar ante un ritmo repetitivo.

De lo cuantitativo a lo cualitativo

Como hemos dicho, la relación de la música y la mente es un rompecabezas infinito que se compone de las piezas más intrincadas. El dicho de “cada cabeza es un mundo” es tan cierto como que lo humano mismo tiende a la complejidad. En estudios neurocientíficos donde implica la experiencia estética, no todo se reduce a las partes per se (en este caso reguetón y cerebro), sino que intervienen un mar de factores aparte de ellos. Tanto los juicios de valor, el contexto, la idiosincrasia y la misma educación, es lo que nos forma como humanos, diferentes uno de cada otro.

Es decir, que los estudios cuantitativos muchas veces dejan de lado lo cualitativo para llegar a conclusiones que, si bien forman parte de una pequeña versión de lo verosímil, no representan la verdad absoluta. Para ello habría que recurrir al falsacionismo de Karl Popper, es decir que ninguna teoría es absolutamente verdadera hasta que se demuestre lo contrario y no exista contraejemplo capaz de refutarla.

Reguetón actividad cerebral musica clasica

¿Y el Efecto Mozart?

Para ejemplo de esto y basándonos en la misma línea musical, tenemos el Efecto Mozart. En una aseveración completamente opuesta a la de la tesis doctoral del neurocirujano Martí Fernández, el Efecto Mozart sostiene que es la música clásica, en específico la de Mozart, la que por su complejidad logra activar regiones cerebrales que tienden a la mejora de capacidades cognitivas. Esta teoría lleva estudiándose desde hace más de tres décadas en miles de personas. Aun así todavía no podría asegurarse que escuchar Mozart traiga mejoras a la atención.

Cuando se trata de música, parece que los estudios nos sirven únicamente como una base para comprender cómo es que nos entremezclamos con ella. Sin embargo, la verdadera esencia de lo que provoca, depende de cada uno y sus propios juicios de valor. No cabe duda que podemos generar vínculos inexplicables a través de las melodías, pero eso dependerá de cada uno.