Discutir en redes sociales podría ser la base de una democracia saludable

Para el filósofo alemán Jürgen Habermas, la salud de la esfera pública depende de la confrontación y el disenso de sus integrantes.

A menudo te habrás encontrado siguiendo una discusión en comentarios de Facebook, o una serie de tuits a favor (o en contra) de algo. Habrás notado que las discusiones no siempre se dan de la manera más civilizada y amable… Y es precisamente ese ánimo de confrontación y deliberación lo que, según el filósofo alemán Jürgen Habermas, hace que la esfera pública se enriquezca.

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Ecoosfera

Habermas lleva más de 4 décadas analizando las funciones del debate público en la esfera social. Fue uno de los primeros en notar los vientos de cambio durante los años 60 del siglo pasado, así como el auge y caída de estructuras políticas y sociales. Para él, una esfera pública se compone de partidarios de distintas posiciones políticas, a menudo enfrentadas entre sí; si tratamos de que todos se porten con civilidad, ciertas demandas sociales podrían diluirse en un falso consenso.

Dicho de otra manera, estar en desacuerdo con los demás es parte de la democracia.

Jürgen Habermas

Si evitáramos que los partidarios de distintas facciones políticas discutieran entre sí, las élites podrían aprovechar el consenso artificial para fingir que todo está bien, lo cual evitaría que las demandas de cambio de los distintos sectores accedieran a la esfera pública. 

 

El derecho a disentir

Y es que la capacidad de no estar de acuerdo con los demás es un rasgo relativamente joven en la política. Habermas localiza la idea de un público crítico hacia el siglo XVIII, cuando las monarquías absolutas se transformaron en repúblicas que debían dar cuenta de su administración a las masas por primera vez en la historia.

Fue en esta época en que nacieron los primeros periódicos como los conocemos; en el siglo XIX, la sección de cartas de los lectores fue una inclusión controvertida, pero que según Habermas funciona como un sistema de alertas para percibir modos de vida que no alcanzan representación en el discurso oficial.

El siglo XX fue uno de movilizaciones sociales sin precedentes, gracias a las cuales las mujeres, minorías racializadas y otros sectores poco representados de la sociedad accedieron a mayores derechos y oportunidades, precisamente debido a su capacidad de articular un disenso público: no estar de acuerdo hace avanzar a la sociedad.

Las redes sociales del siglo XXI, sin embargo, tienen un ingrediente sumamente peligroso: nos hacen creer que todos los miembros de nuestras burbujas discursivas (nuestras microesferas públicas) están de acuerdo con nosotros.

Esto es así gracias a los algoritmos de plataformas como Twitter o Facebook, que te muestran “contenido” según tus preferencias, por lo que no van a mostrarte a aquellos que tienen puntos de vista radicalmente distintos. Por ello, la próxima vez que te enfrentes a una discusión en redes sociales, piensa que estás participando en un ejercicio democrático a muy pequeña escala (y siempre puedes aprovechar la oportunidad para ejercitar tus capacidades de argumentación, con estos consejos de Pascal).

Es verdad que esta supuesta capacidad de discutir con los demás no siempre se aprovecha al máximo. Pero el lenguaje, afirma Habermas, es una mejor herramienta de confrontación que la violencia de las guerras. Para el filósofo alemán, el lenguaje no es sólo una facultad, sino que su aplicación en la vida diaria y en el discurso público conforma una “acción comunicativa”: decir algo es, ya en sí mismo, un acto político.

El lenguaje es la evidencia de la capacidad humana para razonar y resolver conflictos de una manera no violenta, lo cual no quiere decir que el lenguaje razonable tenga que domesticarse y volverse inofensivo. Las cuestiones morales y políticas dividen a las personas, pero su capacidad de raciocinio y de mutuo reconocimiento a través de la herramienta del lenguaje es la base fundamental de la vida social.

 

* Ilustración principal: Max-o-matic



Minimalismo digital: simplifica tu vida digital y recupera la realidad

Las tecnologías digitales son herramientas que nos conectan con el mundo, pero su uso compulsivo puede ser nocivo.

Conforme la tecnología avanza, parece que los usuarios nos convertimos en meros operadores de pantallas y administradores de notificaciones: siempre pendientes de los sonidos que vienen de nuestros teléfonos inteligentes, de los mensajes de las redes sociales, de las invitaciones a eventos a los que pretendemos ir pero no vamos. Y esta relación con la tecnología no sólo es agotadora, también ha sido estudiada como una enfermedad.

Y es que si has sentido que las mejores horas de tu día se van por el caño navegando entre redes sociales y mirando la vida virtual de los demás, tal vez no eres el único. En un estudio longitudinal de la Universidad de Yale y la de San Diego (publicado en la Revista Americana de Epidemiología) se analizó el uso de Facebook entre 5,200 personas.

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Brian Stauffer

Se encontró que el promedio de uso es de 9 horas al día, lo que se correlaciona con una mayor tasa de depresión entre los participantes de la investigación. La conclusión de los científicos es, por lo menos, alarmante: “Mucho de este deterioro tiene su origen en sus teléfonos”.

Si los teléfonos digitales, las tablets y las computadoras nos acercaron y conectaron, también fomentaron nuestro alejamiento del mundo. ¿Pero es justo culpar a las herramientas de lo que las personas hacen con ellas? Después de todo, un cuchillo puede servir para cortar una naranja o para… bueno, entiendes la idea. ¿Cómo hacer, pues, un mejor uso de nuestras herramientas?

 

Qué es el minimalismo digital

El profesor de ciencias computacionales Cal Newport no es alguien que esté en contra del avance tecnológico, especialmente de la tecnología digital: se trata de alguien que, precisamente por su experiencia en la materia (desarrollando dichas tecnologías), está en posición de proponer soluciones tajantes y necesarias para la adicción a redes sociales que experimentan muchos jóvenes.

Su solución se engloba en lo que llama “minimalismo digital”, que define como “una filosofía del uso de la tecnología donde concentras tu tiempo en línea en un pequeño número de actividades óptima y cuidadosamente seleccionadas, que respalden las cosas que valoras, y luego te desentiendas felizmente de todo lo demás”.

El FOMO (acrónimo en inglés de fear of missing out, o miedo de perderte algo importante que estaría pasando en tus redes sociales justo cuando no las revisas) es bastante real, y ha establecido una dinámica tóxica para nuestra atención y el uso de nuestro tiempo en línea. Lo que hay que entender sobre el minimalismo digital es que no está contra la tecnología, sino a favor de hacer un uso más consciente de las herramientas tecnológicas.

Existen usos críticos y necesarios de los dispositivos (como para trabajar o comunicarse), pero siendo honestos, pasamos la mayor parte del tiempo utilizándolos para entretenernos o postergar el trabajo y nuestras relaciones.

Para cambiar nuestra relación con la tecnología, debemos establecer una serie de parámetros y procedimientos de operación: poner horarios en los cuales nos prohibamos entrar a redes sociales para concentrarnos en el trabajo, y horarios en los que nos permitamos navegar en la red simplemente por diversión.

Si tienes FOMO, acércate a tus amigos, o recupera esa vieja práctica del siglo XX: llámalos por teléfono o queda con ellos para charlar (con el teléfono en modo silencio, claro). Deshacerte de hábitos tecnológicos compulsivos es posible, y una buena manera de comenzar es:

 

1. Diferencia entre tecnología necesaria y tecnología opcional

Revisar tu mail de trabajo es necesario; navegar en redes sociales es opcional. Usar apps de mensajería para comunicarte con tu familia es necesario; inundarlos de memes es un uso opcional. ¿Entiendes la idea?

 

2. Pasa 30 días sin utilizar tecnología opcional

Nada de redes sociales, nada de navegar hasta la madrugada en página tras página que no recordarás al día siguiente. Utiliza ese tiempo en hacer algo que valores: acércate a los amigos que hace meses que no ves, retoma un hobby divertido, inscríbete en alguna clase o taller, etcétera.

 

3. Es posible que tengas pequeñas recaídas en ese lapso

Después de todo, muchos nos comportamos como verdaderos adictos a la tecnología. No te culpes por ello, pero trata de distanciarte conscientemente de esas prácticas, y sustituirlas por cosas que realmente valores y te hagan sentir bien.

 

4. Luego de los 30 días, puedes admitir poco a poco nuevamente las tecnologías opcionales,

pero siempre bajo un horario y parámetros estrictos de uso. Por ejemplo, 1 o 2 horas de redes sociales al final de tu jornada laboral, Instagram y podcasts solamente en los trayectos, etcétera.

 

5. Para admitir una tecnología opcional de vuelta en tu vida,

asegúrate de que cumpla una función positiva y benéfica. No, quitarte el aburrimiento no es una “función benéfica”.

El mantra de este periodo de minimalismo digital será ver la tecnología como herramienta para respaldar las cosas que valoras, no como fuente de valor en sí misma. Tu atención es un territorio que la tecnología te ha arrebatado y capitalizado, a costa, muchas veces, de tu salud mental y de tus relaciones en el universo 1.0. El minimalismo digital es sólo una buena idea para recuperar tu atención y aprovechar las grandes ventajas de la era digital sin sacrificar tu paz mental.