El comediante inglés Sacha Baron Cohen es conocido mundialmente por sus personajes y actos provocadores, como Borat, el periodista racista de Kazajistán, y el rapero ignorante Ali G. Estos y otros personajes han permitido que el comediante desdibuje la barrera entre lo permitido y lo prohibido cuando se trata de periodismo y cine de realidad, pues ha logrado hacer algunas preguntas incómodas a diversos líderes y políticos del mundo. Ahora, el comediante arremete en contra de las redes sociales y sus CEOs.

Pero más allá de la sátira que lo llevó a la fama, Sacha Baron Cohen tiene una faceta oculta: la de él mismo, defendiendo con su propio rostro los derechos humanos y cuestionando la libertad de expresión y sus límites. Si lo anterior suena extremo, es porque lo es. El comediante dirigió un breve pero puntual discurso al recibir el Premio al Liderazgo Internacional de la conferencia ADL (la Liga Antidifamación contra el antisemitismo y el discurso de odio), en donde hizo blanco en contra de las redes sociales, a las que caracterizó nada menos que como “la mayor máquina de propaganda en la Historia”.

 

Imperialismo ideológico digital (en la era de las redes sociales)

Se necesita un provocador para reconocer a otro. Baron Cohen no está exento de críticas y demandas por “abusar” de su libertad de expresión; sin embargo, en el discurso referido argumentó que él mismo debe plegarse a ciertas normas y regulaciones, y que sus propias películas han sido editadas por los censores antes de llegar al público. La pregunta puntual que hace es: ¿Por qué las redes sociales y sus millonarios creadores no responden a las mismas regulaciones que quienes hacen cine y televisión?

El actor se refirió al discurso de odio del actual presidente de Estados Unidos, Donald Trump, amplificado por las redes sociales hacia sus millones de (ciegos) seguidores. También comparecieron en sus palabras los creadores de Twitter, Google y Facebook, a quienes señaló por beneficiarse del escándalo y las teorías de conspiración, así como de los negacionistas del Holocausto, entre otras lindezas, bajo el argumento de “darle voz a los dos bandos”.

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Las mentiras viajan más rápido que la verdad en las redes sociales

El tiroteo de la mezquita en Nueva Zelanda, que habría sido transmitido en directo por Facebook Live y tuvo un saldo de 51 personas asesinadas, fue el ejemplo que el actor usó para demostrar que el discurso de odio no se queda plácidamente en las pantallas, sino que se materializa como odio y violencia en el mundo real.

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Baron Cohen en su papel de Borat

“Piénsenlo. Facebook, YouTube y Google, Twitter y otros, llegan a miles de millones de personas. Los algoritmos de estas plataformas dependen de amplificar deliberadamente el tipo de contenido que mantiene enganchados a los usuarios: historias que apelan a nuestros bajos instintos y que disparan el enojo y el miedo. Es por eso que YouTube recomienda videos del conspiracionista Alex Jones [youtuber de ultraderecha, quien recientemente fue multado por un juez al proponer que la masacre de Sandy Hook fue un montaje] miles de millones de veces. Es por eso que las fake news tienen más visitas que las noticias reales, porque los estudios muestran que las mentiras viajan más rápido que la verdad. Y no es de sorprender que la mayor máquina de propaganda de la Historia haya servido para propagar la teoría de conspiración más vieja de la Historia: la mentira de que los judíos son, de algún modo, peligrosos. Como lo dijo un titular, ‘Sólo piensen en lo que Goebbels pudo haber hecho con Facebook’ [refiriéndose al ministro de propaganda de Hitler, durante la Alemania nazi]”.

 

Libertad de expresión no es libertad de audiencia

Mark Zuckerberg, de Facebook, ha debido comparecer en numerosas ocasiones frente a la justicia estadounidense por el papel de la plataforma social en la diseminación de fake news, así como de propaganda de ultraderecha. El billonario suele defenderse argumentando que la audiencia merece tener libertad de elección. A este tipo de razones, Baron Cohen responde que son “ridículas”, pues “no se trata de limitar la libertad de expresión de nadie” sino “de darle a la gente, incluyendo a algunas de las personas más criticables del planeta, la mayor plataforma en la Historia para llegar a terceros”.

Y es que “la libertad de expresión no es libertad de audiencia”, pues “aunque siempre existirán racistas, misóginos, antisemitas y abusadores de niños”, todos podemos estar de acuerdo “en que no debemos darle plataforma libre a fanáticos y pedófilos para amplificar sus opiniones y llegar a sus víctimas”.

 

Redes sociales y discurso de odio

Los comentarios de Sacha Baron Cohen deben recordarnos que las ventajas de las “benditas” redes sociales no vienen gratuitamente y sin responsabilidad. Los “Seis de Silicon [Valley]” (Zuckerberg de Facebook, Sundar Pichai de Google, así como sus fundadores, Larry Page y Sergey Brin, además de Susan Wojcicki de YouTube y Jack Dorsey de Twitter) han conseguido cambiar definitivamente el panorama de Internet en unos pocos años. Pero estas ventajas, que los han hecho millonarios, no los eximen de responder, en tanto particulares, por el mal uso que algunos usuarios hacen de estas herramientas, como la diseminación del discurso de odio. En palabras de Cohen, estos seis ejercen un “imperialismo ideológico“:

Seis individuos que nadie eligió, de Silicon Valley, imponen su visión al resto del mundo sin dar cuentas de ello a ningún gobierno y actuando como si estuvieran por encima de la ley. Es como si viviéramos en el Imperio romano y Mark Zuckerberg fuera el César. Al menos eso explicaría su corte de cabello.

Comediante, ante todo.

 

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