Olvidar es una forma sutil pero efectiva de violencia cuando hablamos de personas desaparecidas. Cuando una persona pierde el registro en la memoria personal y colectiva, se esfuma su historia particular, su rastro en el mundo pero, sobre todo, se invisibiliza el sistema que hizo posible su ausencia. La memoria, entonces, puede ser un ejercicio profundamente político. Así nació el proyecto Recetario para la memoria

Este libro reúne recetas de Las Rastreadoras del Fuerte, un grupo de madres y familiares de Los Mochis, Sinaloa. Las recetas reflejan los platillos favoritos de sus familiares desaparecidos, a quienes buscan desde el año 2014. El proyecto fue coordinado por la fotógrafa Zahara Gómez Lucini en colaboración con las familias. 

El libro contiene una serie de textos relacionados con la desaparición forzada en México, escritos por expertas en el tema como la periodista Daniela Rea y María De Vecchi Gerli, defensora de derechos humanos e integrante de ARTÍCULO 19

Desde la intimidad de la cocina y reclamando el fuego de la lucha:

el Recetario para la memoria es un homenaje para aquellxs que ya no están y para quienes aún resistimos al olvido. Es un libro para aprender recetas nuevas, para convertir lo individual en colectivo, para alimentar nuestra memoria y nutrirnos de resistencia.

 

De la memoria del poder al poder de la memoria 

Sí, la memoria puede ser un acto político. Cuando pensamos en la memoria, comúnmente imaginamos un almacén estático al que podemos regresar una y otra vez a consultar información; como si pudiéramos tomar un álbum y ver una fotografía vieja. Y a eso que está guardado lo establecemos como un hecho real, inmóvil e inmutable, de manera que el único verbo que se le adjudica a la memoria es recordar (como una una acción unidireccional). Sin embargo, en la vida práctica esta definición del verbo resulta insuficiente para dimensionar el poder que tiene la memoria. 

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Nuestra memoria en realidad tiene una relación bidireccional con nuestra autoconciencia. En este sentido, la manera en la que recordamos el pasado depende, al menos parcialmente, de la persona que creemos que somos. Así, la memoria a veces se altera a partir de los cambios por los que atraviesa nuestra autoconciencia. Y este proceso aplica tanto en la escala individual como en la colectiva. Esto quiere decir que la memoria no sólo se trata de ver el pasado, sino que el ejercicio de recordar da forma al presente y traza rutas futuras. La memoria puede ser política, entonces, porque participa de los discursos de realidad e informa a las personas para que puedan tomar mejores decisiones.   

Es posible que no conozcamos a las personas desaparecidas que se rescatan en este libro a través de sabores, ingredientes frescos y calor hogareño, pero no deja de ser nuestra historia. Todos los problemas están entretejidos. No importa qué tan distantes parezcan, podríamos encontrar la forma de entender cómo se relacionan las desapariciones forzadas con un robo en la calle o cualquier dilema de corrupción. Olvidar al otro es una forma de olvidarse a sí mismo. 

 

El Recetario para la memoria

Olvidar es más fácil que recordar, porque no nos compromete, no nos ata a nada. Por eso, hacer memoria de los desaparecidos es tan importante. Invocar los recuerdos de estas personas es el primer acto de resistencia. Además, el 50% de las ganancias que se generen con la venta del Recetario para la memoria será destinado a Las Rastreadoras del Fuerte, como un apoyo para que puedan continuar con la búsqueda de sus familiares.

Se han impreso cerca de 1,000 copias del libro, las cuales se distribuyen en el territorio mexicano y se han vendido alrededor del mundo en países como Estados Unidos, Canadá, España, Italia, Alemania y Costa Rica. 

Este proyecto es una muestra de que la resistencia no tiene límites creativos, de que cualquier acto, por más pequeño o sencillo que sea, puede ser revolucionario. El Recetario para la memoria es una forma de apostar por una lógica de comunidad desde un espacio íntimo, como la cocina, que nos permite hacer nuevas preguntas y plantarnos frente al problema desde nuevas perspectivas. 

 

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