Desde que la película The Matrix retomó la teoría de que podríamos estar viviendo dentro de una simulación, el mundo se percibe distinto. Las visiones sobre la simulación han variado, pero ninguna ha brindado suficientes argumentos como para convencernos de que el mundo real no es real.

Aunque, sinceramente, debemos cuestionarnos tanto la teoría de la simulación como lo que llamamos “el mundo real”. Sin embargo, un nuevo elemento nos hace reconsiderar la teoría de la simulación: el desarrollo de la computación.

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Alguna vez Philip K. Dick, escritor americano, aseguró que estábamos viviendo en una realidad programada por computadora. Al proponer dicha hipótesis Dick fue tomado como loco; no obstante, años después la idea ha sido retomada, y muy en serio, por muchos, entre ellos el magnate Elon Musk y el físico Neil deGrasse Tyson.

 

¿Qué cambió nuestra percepción?

En el tiempo en el que surgieron Pacman y otros videojuegos, las personas creían imposible que se pudiera crear una representación tridimensional del mundo. La poca potencia informática fue el elemento que definió el límite de los paradigmas de la simulación. Hoy, la informática nos rebasa de formas que jamás imaginamos. Hemos llegado al punto en el que no sólo la simulación se volvió creíble, sino que es tangible.

La historia de los videojuegos se ha anclado a la informática moderna. Como resultado, tenemos mundos virtuales que en ocasiones no se distinguen del mundo físico. Observamos texturas, colores, modelado en 3D y todo tipo de tecnología que permite convertir a la simulación en un “mundo real”.

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La simulación y los nuevos mundos

La realidad virtual logró lo que muchos habían intentado durante años: hacer de la realidad una simulación. Las experiencias se vuelven auténticas, se viven y se trasladan a lo que consideramos como realidad.

Poco a poco, la simulación permea los límites que alguna vez se creyeron infranqueables. De ser teoría, una teoría de filosofía o videojuegos se traslada a las ciencias para hacerse aún más visible para todos. Compañías como Neuralink de Elon Musk buscan crear chips que mejoran el cerebro humano con el fin de controlar con la mente el mundo virtual.

En 100 años o menos podríamos estar controlando con la mirada los dispositivos. Ahora bien, aquí hay un riesgo presente. La simulación puede sobrepasarnos y habrá un momento en el que existan más seres simulados que orgánicos.

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Lo que sabemos de la realidad que presenciamos, vivimos y sentimos está aquí, está en ti y en mí. Pero ese modo de existencia puede estar en riesgo si un mundo simulado se fusiona hasta volverse nuestra realidad.

Por supuesto, estas visiones han causado conflictos, pero a nosotros nos interesa más cuestionarnos por qué queremos abandonar nuestra propia naturaleza para diseñarnos por completo en una simulación.

Tal vez sea eso, la necesidad de diseñar y tener en nuestras manos el control. Cada día nos alejamos más de nuestra esencia natural, aquella que nos mantiene en el mundo físico y palpable. En este sentido, la simulación actúa como una herramienta de liberación para ser más de lo que observamos. Tú qué piensas, ¿preferirías vivir en un mundo virtual o en este?

 

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