La polémica sobre la superioridad racial se volvió a encender hace unos días cuando James Watson, Premio Nobel, declaró que los negros son menos inteligentes que los blancos por sus genes. Este racismo científico no es nuevo: desde hace décadas la definición de la inteligencia no ha estado exenta de esto y, de hecho, las pruebas de IQ lo demuestran.

Afortunadamente, la genética contemporánea tiene a gente más congruente entre sus filas. La American Society of Human Genetics (ASHG) cuenta con 8,000 miembros, y recientemente publicó una declaración en la cual afirman categóricamente que la “pureza racial” no existe, y que la raza no es sino un constructo social.

 

Básicamente, ¿todos somos mestizos?

Según plantea la ASHG, a estas alturas es imposible que exista “pureza racial”, debido a la mezcla genética, misma que explican en estos términos:

La mayoría de las variaciones genéticas humanas se distribuyen como un degradado, por lo que no se pueden asignar con precisión las distinciones entre grupos de población. Existe una considerable superposición genética entre los miembros de diferentes poblaciones. Tales patrones de variación del genoma se explican por los patrones de migración y mezcla de diferentes poblaciones a lo largo de la historia de la humanidad.

Así, según estos genetistas­, el concepto de “pureza racial” es un sinsentido científico. El cual, por cierto, sólo es una mentira para justificar los vituperios y políticas de “gobernantes” como Donald Trump y Jair Bolsonaro.

Si bien la genética de una persona influye en sus características fenotípicas, y la raza autoidentificada puede verse afectada por la apariencia física, la raza en sí misma es un constructo social.

De alguna forma esto apuntaría a algo polémico: que todos somos mestizos. Biológicamente esto es así, y no sólo porque la ASHG lo diga, sino porque está sustentado en muchísimos estudios genéticos hechos por otras instituciones científicas.

No obstante, identificarnos como parte de una etnia o grupo es importante.

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Como bien dicen estos genetistas, la raza es un constructo social. Pero eso no quiere decir que algo así como “la raza” (o deberíamos decir: la etnia) no exista, ni mucho menos que no sea necesario como uno de los elementos identitarios que nos permiten navegar la existencia.

Un ejemplo interesante del peso que tiene la raza en las comunidades humanas está en Bolivia, un país predominantemente indígena donde, no obstante, hasta hace poco aún había esclavitud. En este país andino se eliminó la categoría de mestizo en las papeletas de los censos de población, porque la nueva Constitución, hecha en 2009, reconoce 36 identidades que llama “histórico-culturales”.

La idea detrás de esa curiosa categorización es que el término mestizo no es una identidad, así que, aunque biológicamente todos seamos mestizos, necesitamos fundamentos étnicos que nos brinden un reconocimiento identitario con otros seres de la gran comunidad que es cada nación. Por eso Bolivia es un país pluricultural, pero donde se respetan las ricas culturas que alberga en su territorio.

Quizá lo más importante para nuestra evolución, y lo demuestran los genetistas humanistas y el ejemplo de Bolivia, es que aprendamos a navegar las diferencias sin olvidar que somos parte de un gran todo. En esta utopía, cualquier racismo, y más el científico, es inaceptable.