¿Sabes cómo se veía tu perro hace 100 años? (Fotos)

Existen inusitadas diferencias entre algunas de las razas de perros actuales y sus ancestros. Pero, ¿sabías que estos cambios podrían tener consecuencias en la salud de los canes?

En el mundo se pueden encontrar todo tipo de razas de perros, cada una con sus distintivos y peculiares rasgos. Esto es producto de la crianza selectiva de razas, la cual ha generado a lo largo del tiempo más de 300 razas de perros.

Algunas de estas razas de perros son milenarias, como el xoloitzcuintle mexicano o el Inca Orchid (“perro sin pelo”) de Perú. Otras tienen unos pocos siglos de existencia, como el pomerania, que fue pensado para ser un perro de compañía. Lo curioso es que esta crianza selectiva ha sido hecha en todo el mundo, lo que ha dado rasgos específicos a los perros de cada región, como se puede apreciar en la interesante cartografía canina hecha por la artista Lili Chin.

Sin embargo, esta manipulación genética ha ocasionado diferencias sustanciales entre los perros actuales y sus ancestros de hace 100 años. El blog Science of Dog hizo una galería de comparación entre algunas de las razas más populares, a partir de fotos actuales y otras tomadas del libro Dogs of All Nations de 1915, que puedes consultar en línea en caso de que no hayamos incluido a la raza de perro que tienes. Aquí reproducimos un poco de estas comparaciones, con algunos nuevos agregados.

 

Razas de perro y sus ancestros

Bulldog inglés

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Bulldog terrier

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Pastor alemán

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Pastor de las islas Shetland

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Fox terrier pelo de alambre  razas-perro-antes-despues-cambios-geneticos

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San bernardo

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Pitbull francés

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Pug

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Setter inglés

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Boxer

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Galgo inglés

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¿Qué consecuencias puede tener esto sobre los perros?

El problema de las razas de perro es que la manipulación genética, que busca resultados concretos (por ejemplo, que un perro de compañía sea todavía más compacto), no toma en cuenta las consecuencias negativas para la salud que los cambios forzados pueden tener para los canes. Y hasta hace poco, tampoco se había considerado lo que la invariabilidad genética podía ocasionar a las diversas razas de perro: enfermedades (respiratorias, cancerígenas, cerebrales) y problemas físicos hereditarios, entre otras cosas.

Las diferencias entre estas razas de perros y sus ancestros son algo más que una curiosidad. En realidad se trata de mutaciones que pueden ser muy perjudiciales para su salud, y que terminan afectando su calidad de vida. Es el caso del pastor alemán, cuya composición ósea, sobre todo de la pelvis, se ha deteriorado tanto que a cierta edad la mayoría de estos perros sufren complicaciones para caminar.

Por eso los expertos recomiendan que ya no adquiramos razas de perro, sobre todo aquellas cuya salud está más deteriorada por la invariabilidad genética. Es mejor que optemos por adoptar compañeros mestizos, quienes tienen mejores esperanzas de vida y sin duda nos agradecerán de por vida el haberlos escogido a ellos. Por supuesto que, si ya tienes un perro de raza, sólo informate a fondo sobre las complicaciones que podría sufrir, e intenta tomar la mayor cantidad de medidas preventivas que puedas, para que su calidad de vida sea la mejor posible.

 



Amarnos a nosotros mismos en tiempos ensimismados

¿Será posible reinventar al amor propio y llevarlo más allá del culto al individuo?

Amar es desgarrarnos para cosernos; rompernos para pegarnos. Amar es alejarnos para volver, dañarnos para curar. Amar es el más extravagante de los hábitos: un acto efímero en su eternidad. Un péndulo de Foucault oscilando infinitamente.

De entre estas ambivalencias e incertidumbres que constituyen la esencia de esta pasión humana, se alza un aparente antagonismo entre el amor al otro, por un lado, y el de aquel que guardamos para nosotros mismos, por otro.

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Ilustración: Henn Kim

Ambos pasan en nuestros tiempos por una crisis que los hace parecer irrealizables y, en ocasiones, también irreconciliables: no hay tiempo de amar a otros porque estamos muy ocupados procurándonos a nosotros mismos. O no nos amamos porque estamos muy ocupados salvando el mundo.

No obstante, amarnos a nosotros parece ser, verdaderamente, el principio desde el cual se desdobla el resto de nuestros actos. Por eso Ron Padgett, nuestro Paterson de carne y hueso, escribe:

Take care of things close to home first. Straighten up your room before you save the world. Then save the world.

(Encárgate de las cosas cercanas a casa primero. Arregla tu cuarto antes de salvar el mundo
Luego salva el mundo)

Parece urgente amarnos si queremos ser capaces de amar a otros en algún momento. Porque si no nos amamos, ¿cómo amar a otros? Tal parece la aritmética de las relaciones humanas: su lógica intrínseca.

Pero el amor no es reductible a operaciones matemáticas. Recuperar el amor propio en estos tiempos es más difícil, quizá, que nunca en la historia. Somos presa fácil de los vacuos discursos sobre el amor, cuya retórica cínica invita a amarnos desde el narcisismo y la mezquindad. Existen también los sustitutos inverosímiles: en lugar de amar, nos sumimos en nuestra psique depresiva y cultivamos un odio que poco a poco nos carcome.

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Ante esas condiciones decadentes, es urgente plantear hipótesis radicales. ¿Qué tal si la única forma de recuperar el amor propio fuera admitiendo que no hay una hoja de ruta que nos marque cómo hacerlo? Suena desolador: si algo buscamos son respuestas tangibles, concretas y que nos den soluciones inmediatas.

Pero amar es precisamente lo contrario a todo ello. Amar –afortunadamente– no es una ciencia, y por ello no existen métodos para aprender a amarnos ni para amar a otros. Por eso, aún en nuestros tiempos ensimismados, el amor sigue siendo un resquicio de libertad para quien se atreve a mirar desde ahí.

Aunque quizá una de las pocas cosas que se pueda afirmar sobre esa cosa contradictoria que es el amor (cuya semántica, por cierto, es el mayor reto de los lingüistas) es que, tanto aquel amor que nos profesamos a nosotros mismos, como el que profesamos a los demás, son indisociables. Ambos tienen una autonomía relativa, tanto como nosotros la tenemos de los demás. Pero su aparente antagonismo o dualidad es producto de nuestra época, y no es sino una ilusión, como muchas de las que sustentan nuestras creencias.

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El amor es una totalidad que sólo puede sobrevivir como tal, retroalimentandose cada una de sus partes de lo uno y lo otro. Hay necesidad mutua, incluso cósmica, entre los tipos de amor, tal y como la hay en el individuo para con los otros, a quienes necesita para poder ser y desdoblarse en sus infinitas posibilidades.

Si algo resume esta idea en una cotidianidad sólo aparentemente sencilla, pero en realidad sumamente compleja, es esta otra metáfora de Padgett en su poema Love:

That is what you gave me

I become the cigarette and you the match

Or I the match and you the cigarette

Blazing with kisses that smoulder towards heaven

(Eso fue lo que me diste: yo me convertí
en cigarrillo y tú en fósforo
o yo en fósforo y tú en cigarrillo
brillando con besos ardiendo hacia el cielo)

El amor propio sólo puede cultivarse cuando aprendemos a ser ya sea el cigarrillo o el fósforo. Es una relación dinámica que ocurre todo el tiempo, todos los días. No hay principios ni finales. No hay identidades definidas permanentemente. Sólo fósforos, cigarrillos y las chispas que simbolizan la valentía que implica amarnos y amar en un mismo tiempo.  

 

*Ilustración principal: Sivan Karim 

 



Este mapa muestra de qué país son todas las razas de perro que conoces

Casi la mitad de las razas de perro del mundo vienen de sólo 3 países.

Existen más de 300 razas de perro: las características únicas de cada una no son casualidad, sino que son producto de la cría selectiva de razas de perro nativas. Ésta se ha hecho desde hace miles de años, en el caso de algunas razas, y desde hace un par de siglos en el caso de otras.

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Gracias a ello es que en la actualidad contemos con una gran variedad de razas de perro, que difieren sobre todo en tamaño, pelaje y carácter. Pero lo curioso es que toda esta variedad proviene en su mayoría, según el mapa Dogs of the World elaborado por Lili Chin, de sólo tres países:

Gran Bretaña y Francia tienen 57 razas de perro registradas,

mientras que Alemania tiene 47 razas de perro registradas

Para darte una mejor idea puedes consultar el mapa, donde cada país adopta el tamaño de la cantidad de razas que tiene (sólo por practicidad), mostrando así una predominante Europa que le ha dado al mundo el 80% de las razas de perro oficiales.

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Parece que el eurocentrismo está presente también en el mundo canino, pues incluso la raza de perro oficial de Cuba –que es también la única en la isla– es de origen europeo. Esto se deduce de que en Cuba desaparecieron los perros autóctonos durante la conquista, siendo el havanese, también llamado “bichón habanero”, reproducido en la isla para ser perro de compañía de la aristocracia, el que a la larga se convirtió en el perro oficial.

No obstante, tanto en el continente americano como en Asia, las razas son de lo más interesantes y exóticas. Es el caso del xoloitzcuintle mexicano, el Inca Orchid de Perú o el Shiba Inu de Japón. Así que más allá de cantidades, lo cierto es que cada cultura ha aportado algo valioso al mundo de los canes.

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Ahora, si no sabes de qué país proviene la raza de tu perro, puedes averiguarlo viendo a detalle esta interesante cartografía canina, a la que puedes hacer zoom en Doggie Drawings. También puedes adquirir este mapa para apoyar a la artista Lili Chin de Los Ángeles, quien además elabora bellas ilustraciones de nuestros perros favoritos.