Cerca del siglo XVIII, la variabilidad humana y los fenómenos de la evolución comenzaron a estudiarse. La antropología física analizó los restos de seres humanos con el propósito, según los naturalistas, de clasificar a los seres humanos de acuerdo con sus rasgos. Por primera vez se habló de una “raza” humana. ¿Por qué esta clasificación no es correcta, como la clasificación de los animales?

Respecto al reino animal, las clasificaciones por razas surgieron para definir agrupaciones de seres con características singulares debido a su hábitat. En el caso del ser humano, el concepto de “raza” tuvo un origen distinto. La variabilidad humana no se clasificó a partir de un régimen de selección del medioambiente (como se hace con los animales), sino que los rasgos característicos se percibieron como un reflejo de las distintas poblaciones culturales del mundo.

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Sin embargo, en un giro estrepitoso para la humanidad, ciertas características se usaron como base para instaurar una jerarquía entre los seres humanos. El colonialismo y la esclavitud llevaron a las poblaciones europeas (principalmente) a pensar que la ciencia podía justificar las acciones en contra de todos aquellos que no eran considerados “superiores”.

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¿Cómo surgió el concepto de “raza” humana?

Las herramientas para justificar la discriminación de los seres humanos fueron varias y diversas. Una era la craneología, que estudiaba las características morfológicas de los cráneos humanos. Los parámetros de análisis eran establecidos por los investigadores, y por esta razón muchas “ciencias” terminaron siendo clasificadas como pseudociencias.

Por suerte, muchos expertos intentaron no caer en los preceptos que el colonialismo y otras ideologías trataron de instaurar en relación con las diferencias humanas. Poco a poco surgieron estudios claros que señalaban la inconsistencia del concepto de “raza” humana. Una de las principales razones por las que terminó decayendo científicamente este concepto es porque no implicaba una clasificación unívoca y de parámetros irrefutables.

Con el tiempo se ha comprendido que resulta incorrecto definir la variabilidad humana porque el ser humano no es estático ni estéril como el concepto de “raza”. Eventualmente la ciencia se deshizo de esta concepción errónea, pero el término siguió anclado en la esfera social.

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Eliminando la idea de la clasificación humana

La ciencia terminó por aceptar la existencia del ser humano bajo la primicia de una sola especie: el Homo sapiens. Se hizo referencia al ancestro de cada persona y no se tomaban en cuenta ni sus caracteres fenotípicos, ni el área de donde provenía.

Sin embargo, en los últimos tiempos la noción de raza permutó hacia el racismo. La idea de que hay “razas” humanas sigue vigente (aunque luchemos fervientemente por eliminarla). A pesar de que la ciencia probó que no hay ninguna evidencia real sobre la existencia de grupos humanos superiores, acabar con las ideas pseudocientíficas de miles de años de duración es complejo.

Hoy, más que nunca, todos trabajamos para lograr que se acepte y comprenda la idea de que biológicamente todos somos distintos y nuestras características físicas jamás deben definir nuestro lugar en este planeta.

 

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