Hay invenciones que redefinen las relaciones humanas o que, por lo menos, le dan un sentido distinto a esa conectividad. El Internet es sin duda el referente más cercano, pero la radio también lo fue en su momento. Los que tenemos la oportunidad (y el privilegio) de estar encerrados en casa, podemos reflexionar sobre las condicionantes de los vínculos contemporáneos. Con un poco de suerte, el confinamiento jerarquiza las prioridades desde lugares más cercanos que nos permiten apreciar los aspectos más sencillos de la vida. Por eso, desde esta nueva dimensión de realidad, te invitamos a escuchar con otros oídos lo que pasa en diferentes partes del mundo a través del mapa interactivo de Radio Garden

Este proyecto de investigación digital de la radio te permite recorrer todos los continentes y sintonizar estaciones de varios países. Fue desarrollado entre 2013 y 2016 por el Instituto Holandés de Sonido y Visión, junto con la plataforma Transnational Radio Knowledge y algunas universidades europeas como la Universidad Martín Lutero de Halle-Wittenberg.

 

 

Historia (breve) de la radio

La radio depende de ondas electromagnéticas. Éstas fueron descritas por primera vez en 1873 por James Clerk Maxwell, cuando le entregó a The Royal Society el resultado de 4 años de investigación. Maxwell tituló su trabajo Una teoría dinámica del campo electromagnético. Poco tiempo después, en 1888, el físico alemán Heinrich Rudolf Hertz demostró la existencia de las ondas, probando así la teoría de Maxwell. En 1943, tras un pleito entre inventores, la Suprema Corte de Estados Unidos otorgó los derechos de las patentes de la invención de la radio a Nikola Tesla y no al italiano Guillermo Marconi.

A diferencia de otras formas de radiación electromagnética, las ondas (y en este caso, el sonido) necesitan un medio material para propagarse. Hasta el momento, parece imposible pensar en un panorama donde la tecnología se abstraiga a tal grado que sea independiente del mundo de las cosas. El Internet depende de kilómetros de cables que cruzan calles y océanos, y la radio necesita antenas, bocinas y micrófonos. Por eso, la exploración de este jardín digital (Radio Garden) puede ser, paradójicamente, una gran forma de conectar con nuestro cuerpo, con ese receptor de sonido que procesa información y la digiere, no necesariamente de manera exitosa, a través del movimiento.

 

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