Escucha a Sean Lennon y otros artistas cantar un precioso himno en defensa de la naturaleza (Video)

Rachel Carson y Joni Mitchell inspiraron a un grupo de músicos para interpretar una popular canción de resistencia, y a favor de la naturaleza.

El título original del libro Primavera silenciosa (1960) era Los hombres contra la naturaleza (Men Against Nature), una forma muy cruda y literal de la bióloga Rachel Carson para dar un mensaje sobre una realidad inevitable: el cambio climático.

Antes de publicar el libro que la marcaría para siempre como la primer activista ecológica de la historia, Carson recordó que la poesía suele ser una manera sutil y poderosa de mover corazones y mentes, por lo que decidió titularlo como actualmente se conoce. El título es una referencia al grave problema que los pesticidas provocan tanto en las plantas como en los animales, lo que tiene como consecuencia una primavera silenciosa.

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Rachel Carson / The Wildlife Society

En los años 70, una peculiar artista destacó al sumarse a las poéticas y estridentes ideas de Carson: Joni Mitchell. La cantante de 27 años escribió “Big Yellow Taxi” (de la cual Bob Dylan hizo una versión), canción inspirada en el libro de Carson y que se convirtió en el himno del movimiento proambiental.

Ahora, el grupo The Decomposers (Sean Lennon, Amanda Palmer y Zoe Keating) revivió esta genial obra musical que celebra y, a su vez, defiende el derecho de la naturaleza a cohabitar con nosotros este planeta sin ser destruida. Se trata de una reivindicación de la necesidad de escuchar y aplicar un claro mensaje: el mundo es nuestro, en tanto nos reconozcamos como parte de la naturaleza y aprendamos a vivir en tal armonía. 

Conformada por la vocalista Amanda Palmer, el guitarrista Sean Ono Lennon y la chelista Zoe Keating, la banda ha lanzado el sencillo en colaboración con la escritora Maria Popova y el Consejo de Defensa de Recursos Naturales en Estados Unidos, para recaudar ingresos a partir de las descargas y utilizarlos en beneficio de la naturaleza.

Aquí puedes escuchar esta nueva y preciosa versión en vivo:

 

¿Y tú cómo actúas contra la destrucción del planeta?



David Byrne: El poder de la canción para dar voz es eterno (playlist 🎧)

Este playlist curado por Byrne muestra el poder revolucionario que resuena en décadas de canciones.

La década de los 60 es considerada por muchos como el punto más álgido de la canción de protesta pero, para el talentoso músico y autor David Byrne, la música como acto político está viva y presente. 

 

La protesta nunca pasa de moda

Porque lo que también es cierto es que las décadas que le sobrevinieron a las grandes canciones de protesta de los 60 no se quedaron atrás, sino que expandieron su voz hacia muchos otros géneros musicales. Fue el caso de la psicodelia, el punk, el hip-hop y hasta el brit pop, entre otro montón de subgéneros musicales que han resultado contraculturales por la selección de temas incómodos y verdades que nadie se atrevería a subrayar. 

Es innegable que Bob Dylan, junto con otras leyendas del folk, tomó lo mejor del momento político para sentar las bases del activismo musical a nivel masivo, pero el playlist curado por David Byrne que aquí te presentamos se remonta hacia las raíces de nuestra era.

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Byrne con Talking Heads, en 1980

Byrne, que con la experimentación continua de Talking Heads dejó una huella imborrable en la música de este siglo, sabe que las canciones seguirán influyendo en la sociedad siempre que no cesen las injusticias. Inspirado en esto, su playlist es un viaje por más de 3 décadas de sonido inconformista porque, si bien nos lo deja en implícito…

además de gozo, la canción instiga sentimientos vitales para la protesta política: la insatisfacción y el deseo de cambio.

Por ejemplo, en “Strange Fruit” (“Extraño fruto”) de Billie Holiday, lanzada en 1937, resuena la indignación impetuosa a una esclavitud que había durado siglos; misma que, como prueban las creaciones contemporáneas de Kendrick Lamar y Janelle Monáe, sigue más que vigente hoy en día:

De los árboles del sur cuelga una fruta extraña. / Sangre en las hojas, y sangre en la raíz. / Cuerpos negros balanceándose en la brisa sureña. / Esta es una extraña y amarga cosecha.

Titulada “The power of the song to give Voice is eternal” (“El poder de la canción para dar voz es eterno”), la selección musical  de David Byrne condensa una variedad de géneros musicales inesperados, que van desde la grandiosa Billie Holiday hasta los Pet Shop Boys. A más de uno le sorprenderá ver a personajes como Kesha o Rihanna, pues la protesta, para Byrne, ha tomado toda clase de formas. Y si excavamos un poco más hondo, descubriremos en ellas la misma voluntad de cambio de Dylan o Tom Waits. No hay forma o género que la protesta no pueda tomar.

Ya lo decía Kandinsky, uno de los artistas más innovadores del siglo: la música, como el arte abstracto, no se limita a representar la realidad, sino que revela su lado más imperceptible. Al hacerlo, expande a su vez las capacidades de todos los sentidos. La música fortalece las conexiones neuronales y nos hace más empáticos.

La música, desde la consigna más básica hasta la composición más compleja, sella su marca indeleble en la conciencia colectiva. Su conexión íntima con las emociones es tal que nada, ni el Alzheimer, puede desvanecer nuestros recuerdos sonoros.

Tiene acceso a una parte de la conciencia que, por naturaleza, está destinada a evolucionar más allá de lo racionalmente cognoscible. En este sentido, la canción siempre será radical.

Acá puedes ver la lista de canciones que forman parte del playlist.



El mar no sólo es azul: una poética explicación de Rachel Carson sobre la riqueza cromática del océano

Los colores del mar son un lenguaje de vida.

El mar puede ser del azul más cristalino, pero también de un rojo encendido o un verde viscoso. Y en sus profundidades se convierte en un inhóspito sitio para los sentidos, pues ahí no llega el sol: los colores se anulan y permanece sólo el negro más lúgubre –con la excepción de los destellos de luz de sus habitantes–.

La razón de este cromatismo oceánico puede explicarse mediante la ciencia, ya que las tonalidades que adquieren las aguas del mar son consecuencia de factores tanto físicos como biológicos. Pero también puede explicarse con poesía, como lo hizo Rachel Carson, la enérgica pionera del movimiento ambiental.

 

 
 
 
 
 
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Esta mujer fue prófuga de los convencionalismos. Para hablar de la destrucción ambiental en la década de los años 50 del siglo pasado –cuando nadie más lo hacía–, Carson escribió un peculiar ensayo que empezaba a manera de cuento, titulado Silent Spring. Así pretendía llamar la atención sobre un problema que sigue vigente, aún más ahora que entonces, y proclamar que la verdadera riqueza está en la Tierra.

Pero algunas décadas antes, Carson había trabajado para el gobierno estadounidense en la primera agencia de conservación ambiental fundada en aquel país. Fue entonces cuando le pidieron un informe para el el U. S. Bureau of Fisheries, que por su estilo poético y literario fue inservible para el frío mundo de la burocracia. No obstante, el pequeño texto se convirtió en un ensayo titulado Undersea, publicado en Atlantic Monthly en 1937, y que más tarde sería la base para el libro The sea around us.

Con una imaginación desbordada, esta alquimista fusionó ciencia, poesía, literatura y política en un esplendoroso lenguaje, el cual logra quizá lo que Carson más deseaba: despertar curiosidad y empatía por esos mundos que nos rodean: por sus criaturas, sus ineludibles fenómenos e incluso por su estética gama cromática.

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Rachel Carson explicó así, en The sea around us, el por qué del azul del mar (ese lugar de leyes inexorables):

Para los sentidos humanos, el patrón más obvio de las aguas superficiales está indicado por el color. Las aguas azules y profundas del mar abierto, lejos de la tierra, son el color del vacío y la esterilidad; las aguas verdes de las zonas costeras, con todos sus matices variados, son el color de la vida. El mar es azul porque la luz del sol se refleja en nuestros ojos desde las moléculas de agua o desde diminutas partículas suspendidas en el mar. En el viaje de los rayos de luz hacia el agua profunda, todos los rayos rojos y la mayoría de los rayos amarillos del espectro han sido absorbidos, de modo que cuando la luz vuelve a nuestros ojos, son principalmente los fríos rayos azules lo que vemos. Donde el agua es rica en plancton, pierde la transparencia vítrea que permite esta penetración profunda de los rayos de luz. Las tonalidades amarilla, marrón y verde de las aguas costeras se derivan de las diminutas algas y otros microorganismos tan abundantes allí. La abundancia estacional de ciertas formas que contienen pigmentos rojizos o marrones puede causar el “agua roja” conocida desde tiempos remotos en muchas partes del mundo, y tan común es esta condición en algunos mares cerrados que le deben sus nombres: el mar Rojo y el mar Vermilion son ejemplos.

En la reflexión de Carson, los colores son un lenguaje del mar: ellos nos transmiten mensajes de vida. Porque los colores son, de hecho, un reflejo de vida, proveniente del fitoplancton, del plancton o de cualquier otro ser cuyos pigmentos se reflejen en nuestros ojos.

 

 
 
 
 
 
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En cambio, la profundidad del mar es un sitio inhóspito, por lo menos para nosotros. Pero Carson estaba segura de la exquisitez de vida que ahí se alojaba, en ese lugar “divorciado del mundo”, como lo describe. Una vez que se desciende a esa zona fótica, más allá de los 700 metros, se pierde el contacto con la luz.

Cuando los verdes se desvanecen, a 1,000 pies sólo queda un azul profundo, oscuro y brillante. En aguas muy claras, los rayos violetas del espectro pueden penetrar otros 1,000 pies. Más allá de esto, sólo está la negrura del mar profundo.

Ahora, una explicación más científica y menos poética:

El ojo humano contiene células que detectan radiaciones electromagnéticas de cierta longitud de onda, las cuales corresponden a los distintos colores que vemos en el arcoíris. El agua absorbe mejor la luz de las longitudes de onda más largas, es decir, rojas, naranjas, amarillas y verdes.

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Sólo resta el azul, que al ser de una longitud más corta es menos absorbido por las moléculas, y por lo tanto llega más profundo en el mar, convirtiéndose así en el color predominante.

Ahora, lo que se sabe sobre el color de los océanos y las investigaciones al respecto están llevando a algo que a Carson le habría alegrado: la recopilación de datos vía satelital que están ayudando a los científicos entender los efectos del cambio climático y sus posibles soluciones.

Porque, por cierto, el cambio climático está amenazando también los colores del mar, pues está poniendo en riesgo a la población de fitoplancton (el mayor productor de oxígeno del planeta y culpable de los mares turquesas). Esto es algo más contra lo cual luchar… si se quiere, de maneras tan poéticas como Rachel Carson.