* por Sofía Mateus

 

Según el último reporte de la ONU Medio Ambiente, anualmente mueren 7 millones de personas de manera prematura por la mala calidad del aire, pero alrededor de 2 millones mueren por enfermedades respiratorias causadas por la contaminación del aire, de los cuales 800.000 son niños menores de cinco años (*). Compuestos como el carbón y otros combustibles, son los responsables de que un tercio de las muertes que se dan en el mundo, sean por cáncer de pulmón y enfermedades crónicas respiratorias, lo que enciende la alarma de salud en áreas urbanas donde se desencadenan estos problemas ambientales.

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Ante este panorama resulta alarmante que sólo el 12% de las ciudades del mundo han podido implementar medidas de mitigación para mejorar la calidad del aire y controlar las causas de muertes anualmente. Eso significa que hay demasiadas ciudades de Latinoamérica que no han podido implementar estrategias para la reducción de los gases de efecto invernadero que han afectado no sólo la calidad del aire, sino la temperatura del planeta. 

Por eso llamo a la sociedad civil para que, desde su rol de actores no estatales, tome la iniciativa de actuar para el cuidado de los ecosistemas urbanos; para que se propongan nuevas actividades como jornadas de reforestación en sus ciudades para disminuir los impactos ocasionados por la quema de combustibles.

Otro caso es el de las ciudades donde sí existe la política que regula la calidad del aire, y sin embargo no se actúa de manera adecuada, como es el caso de Bogotá. Allí han establecido estaciones de monitoreo para medir la cantidad de material particulado emitido por automóviles en diferentes puntos de la capital con el fin de obtener información que permita estudiar la situación actual en la cual se encuentra la ciudad. Desafortunadamente, esta red de monitoreo, implementada desde hace poco, no ha sido del todo bien vista, debido a que los equipos usados para hacer las mediciones correspondientes no funcionan a determinadas horas y días, lo que significa que no se pueden obtener datos que permitan evaluar el estado de la calidad del aire en tiempo real, por lo que no casi no sirve para definir las estrategias para reducir la contaminación en el aire.

Por lo anterior, podemos deducir que el problema de raíz no es la emisión de GEI por sí misma, sino la sobrepoblación, que ha aumentado la demanda de recursos en el planeta y que cada día se encuentran más comprometidos. Por esta razón, se hace un llamado a toda la población, hombres, mujeres, jóvenes, niños y niñas a que desde ya exijamos no sólo nuestro derecho ambiental de gozar de un ambiente sano, como se estipulaba en 1972 en la Conferencia de las Naciones Unidas en Estocolmo, sino abogar también por los deberes ambientales que tenemos todas las personas con nuestro planeta para así vivir en armonía con el ambiente.

Por último, quisiera dejar la siguiente pregunta, para que cada vez que alguien les diga que lo que un activista ambiental, voluntario o profesional, en el área que defienda y promueva el desarrollo sostenible en su territorio no tiene ningún valor, ustedes le puedan decir: ¿desde hace cuánto tiempo el ser humano entró en guerra con la naturaleza? y de esta manera incentivar el diálogo y debate sobre la importancia del cuidado de nuestros bosques para mejorar la calidad del aire, reducir los impactos del cambio climático y garantizar una vida plena a todos los ciudadanos del mundo.

 

* Fuente de consulta: UNEP