¿Qué hacer cuando algunas personas resultan molestas?

¿Qué hacer cuando otras personas son molestas, frustrantes, desconsideradas, irritantes? Según la filosofía zen, la mejor práctica es un cambio interno.

Es común que otras personas te molesten con frecuencia. Además de nuestras interacciones habituales con familiares, amigos y compañeros de trabajo, los hábitos de la gente en las distintas redes sociales nos pueden irritar muchísimo.

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Collage: Richard Vergez

 

¿Qué podemos hacer cuando otras personas son molestas, frustrantes, desconsideradas, irritantes e incluso agravantes?

Bueno, asumiendo que no estamos en peligro real y no necesitamos tomar medidas para protegernos, a menudo la mejor práctica es un cambio interno en lugar de tratar de modificar el comportamiento de la otra persona. Esa sugerencia en sí misma puede ser frustrante para algunos:

¿Por qué deberíamos cambiar nuestro comportamiento cuando la otra persona es irritante?

Con un simple cambio, se puede ser feliz con cualquier otra persona. Pero si tratas de cambiar a todos los demás, vas a ser miserable.

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Collage: Richard Vergez


En esta metáfora, imagina que la superficie de la Tierra estuviera cubierta de fragmentos de vidrio; podrías tratar de encontrar una cubierta para todo el mundo para que puedan caminar cómodamente, pero nunca acabarías de hacerlo. En cambio, si tan sólo te cubrieras los pies, podrías caminar bien.

Esa es la idea de modificar tu propia mentalidad, para que puedas lidiar con individuos irritantes.

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Collage: Richard Vergez

 

Conquistar al enemigo sin atacarlo: una enseñanza del budismo zen

La revista Zen Habits sugiere las siguientes prácticas para enfrentar estas situaciones:

Cada vez que te sientas irritado por cómo se está comportando alguien más, primero observa cómo tu mente comienza a crear una historia de resentimiento sobre esa persona. La historia puede tratar de justificar, reforzar o explicar cómo es que esa persona siempre actúa de esa manera irritante o por qué es desconsiderada.

Esta historia no es útil. Te hace infeliz, empeora tu relación con los demás, te convierte en alguien que no quieres serComo decía Allan Watts: “una persona que piensa todo el tiempo, no tiene más en qué pensar que en los pensamientos mismos, de esta manera pierde el contacto con la realidad y está destinado a vivir en un mundo de ilusiones”.

 

Entonces, la práctica es soltar la historia

Reconoce que no te gusta la forma en que el otro se está comportando. No estás contento con tu experiencia actual, pero de esa manera estás rechazando esta parte de la realidad, rechazando una parte de la vida. Considera abrirte a toda la vida, sin rechazar nada. Acepta y dale la bienvenida a esa emoción difícil.

Reflexiona sobre un río que fluye agua abajo. Imagínate deseando que fluya río arriba. Simplemente te daría tristeza desear que el río fuera diferente de lo que es. Ahora imagina que la otra persona es el río. Desear que fueran diferentes sólo trae infelicidad.

Ve a los otros tal y como son y abre tu corazón a ellos, tal como son. Velos como seres humanos que sufren, con defectos y hábitos que pueden ser irritantes, pero en realidad son muy humanos.

 

* Collage: Richard Vergez



El fabuloso hábito de cultivar la calma para enfrentar la frustración (una enseñanza zen)

Conocerse a uno mismo es la única vía para no dejarse gobernar por el exterior (y sus intentos de frustrarnos).

La frustración florece cuando nos sentimos atados a algo que no responde a nuestras necesidades, y más aún, cuando ese algo sale mal. Pero ante todo, se trata de una emoción que surge cuando nos dejamos dominar por acontecimientos externos, sobre los cuáles no tenemos un control total –como quisiéramos–. 

Por eso, no hay nada más importante que cultivar la calma y la paz constantemente, de manera que éstas florezcan en momentos de frustración y podamos navegar sobre tablas de resistencia las oleadas de aquello que no podemos controlar.

Kodo Sawaki fue un itinerante conocedor y divulgador del zen japonés que, si algo sabía, era cómo deshacerse de las cadenas del mundo material. Entre sus enseñanzas están las recolectadas en los extractos de The Dharma of “homless Kôdô”. Ahí podemos hallar algunas pistas sobre cómo eliminar los pensamientos obsesivos que nos hacen presa de la frustración, empezando por la necesidad primigenia que para ello tiene el “regresar a uno mismo”.

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Por ello, Sawaki nos dice:

Siéntate firme en el lugar, más allá de toda pregunta acerca de si eres grande o no.

¿Te imaginas poder valorar tu presente más allá de estar pensando qué tan grande eres según los estándares? Eso es lo que proponía este maestro, para quien sólo así las circunstancias se convertían en algo más que una mala excusa para nuestros fracasos. Así que, cuando estés frustrado frente a tu computadora, frente a algún trabajo o frente a alguien, sólo respira el momento y afírmate en el autoconocimiento.

Otra cuestión importante a tomar en cuenta fluye de la mano con esta constante introspección, y es la de saber que podemos trascender las circunstancias:

Actualmente, los jóvenes mafiosos y rufianes suelen decir “Mis circunstancias eran malas”, como una excusa para cuando cometen un crimen por el cual son arrestados. ¿Qué clase de circunstancias son buenas o malas? Qué pena que, a pesar de que eres un ser humano, no estás consciente de tu verdadero ser. ¡Esa sí que es una mala circunstancia!

No existen recetas mágicas para vivir una vida feliz y sin frustración. La única manera de transitar la vida, siguiendo las enseñanzas del maestro Sawaki, es cultivando el interior, la calma, y sabiendo siempre que la existencia se basa en contradicciones que nadie puede explicar. ¿De qué sirve, entonces, frustrarse? De nada. Pero es parte del camino. La pregunta es: ¿Podemos evitar frustrarnos? No. Sólo podemos cultivar la paz para evitar que nos gobierne el desasosiego que traen consigo algunos momentos.

En el libro Kodo Ancient Ways, de Kensho Furuya, encontramos una última pista sobre la importancia de evitar a toda costa que todo gire a nuestro alrededor, como única forma de evitar la frustración. Se trata de algo que Kodo Sawaki decía con regularidad:

La mitad de lo que la gente hace en su vida no tiene sentido y es un derroche.

Podrá parecer una perspectiva negativa o desalentadora. Pero sólo así el maestro podía llegar al punto que quería. Y es demostrar que aquello de que todo depende de nuestro esfuerzo personal y que mientras más nos esforcemos mejores seremos, no es una ley de vida. De no estar al tanto de ello, la frustración será inminente y constante.

A fin de cuentas, diría el maestro Sawaki, todos nacemos desnudos. Por más nombres, ropas e insignias que nos pongan, y por más papeles y documentos que acrediten nuestra existencia, lo cierto es que seguiremos así: desnudos. Viendo la vida con esa simplicidad es indudable que la frustración –y otros sentimientos parecidos, como la ansiedad– no es sino una nube pasajera a la cual tenemos que aprender a mirar sin miedo ni despecho, ni mucho menos enojo.

¿Y cómo cultivar la calma? Sawaki lo explica en un hermoso y simple poema, “Zazen poem“. Aquí un fragmento:

Practicando el zazecalmadamente en el dojo
Haciendo a un lado los pensamientos negativos
Obteniendo nada sino una mente sin deseo
Esta dicha está más allá del paraíso.



Estimula tu creatividad aprendiendo a cocinar

Cocinar satisface el apetito y los sentidos, y también abre nuevos caminos para tu creatividad.

Una de las características más sorprendentes del cerebro humano es la plasticidad neuronal, la capacidad de crear nuevas conexiones por la vía del aprendizaje. Siempre que aprendemos algo nuevo, nuestro cerebro crea nuevas rutas para poder llevar a la práctica dicho conocimiento. De ahí la importancia de mantener nuestra mente estimulada, expuesta a otras realidades que lleven la vastedad del mundo a nuestro microcosmos personal.

Podemos leer, memorizar algunos poemas, aprender a tocar un instrumento musical o a bailar, sincronizar nuestro cuerpo con nuestro pensamiento, salir a caminar y, en general, intentar esas actividades que despiertan los sentidos y nos muestran un territorio hasta entonces ignorado, un territorio que exploramos y después volvemos parte de nuestra cartografía, de los recursos con los cuales nos acercamos al mundo; en una palabra, de la creatividad con la que vivimos.

En este sentido, un ámbito quizá inesperado que mantiene en forma dicha creatividad es la cocina, conocimiento y práctica tan cotidianos que quizá por eso mismo pueden considerarse menos valiosos de lo que son.

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El empresario Faisal Hoque publicó en el sitio de Business Insider un testimonio a propósito de la relación que experimentó entre aprender a cocinar y una súbita potencialización de su inventiva. La necesidad inicial que viene con la independencia de la familia se convirtió con el tiempo en un gusto adquirido, fomentado por la curiosidad cultural de mirar la gastronomía como un crisol donde se funden herencias, apropiaciones y modificaciones, reservando un margen para el toque personal, la experimentación, la búsqueda de un modesto sello original.

Por otro lado, la cocina también tiene a su favor su condición social. Históricamente ha sido una práctica que convoca y con la cual se comparte, el alimento en sí y todo aquello que encuentra a su alrededor: la comida reúne y fortalece.

En su artículo, Hoque refiere un antiguo texto escrito en el siglo XIII por el maestro Eihei Dogen, Tenzo Kyōkun o Instrucciones para el tenzo. En el budismo zen, el “tenzo” es el jefe de la cocina en un monasterio y, dado que el zen es la vida en sí, cocinar también es una forma de volverlo presente. “¿Cómo hubiera podido saber que estas actividades son en sí la práctica de la Vía?”, comenta Dogen cuando refiere que pasó un momento observando al cocinero realizando sus labores.

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La referencia de Hoque no es casual. Después de todo, la “atención presente” en la que se fundamenta el zen es también uno de los principios básicos de la cocina. ¿O no es frecuente que un aprendiz de cocinero se corte los dedos porque estaba distraído mientras cortaba las verduras? En este sentido, cocinar nos sitúa en nuestro presente, el presente de los requisitos, el presente de lo ya completado, el presente de lo que hacemos en este momento y también el presente que está ya a la vuelta del segundero, ese presente cuya infinitud se condensa en la olla que hierve y la boca que prueba.

Otras dos cualidades de la cocina son, como mencionamos antes, la experimentación y, eventualmente, el dominio. Como en otras disciplinas artísticas, quien cocina se enfrenta a una vasta tradición de procedimientos establecidos, normas, tiempos y más. Pero si el aprendiz es un poco atrevido, si en un instante de lucidez decide dejar el recetario e ir por cuenta propia, comienza entonces a abrir nuevas vetas en su cerebro. Tal vez se equivoqué, es cierto. Tal vez la combinación de ingredientes no resulte tan apetitosa como creía, pero el solo hecho de intentarlo ya ha sido provechoso para sí mismo. “Como en la música o la poesía, cocinar requiere de entender conexiones y armonías”, dice Hoque.

Por otro lado, en cuanto al dominio, éste se consigue con el tiempo, el esfuerzo, pero sobre todo el amor. Cuando amamos lo que hacemos, naturalmente nos volvemos mejores, una conclusión defendida también por Alan Watts. Nos volvemos mejores y, recíprocamente, también mejoramos aquello que tanta satisfacción nos provee. 

Así que, si te faltaban argumentos, ahora ya tienes algunos. Aprende a cocinar, cocina, comparte y, de paso, mira cómo tu creatividad se expande a nuevos horizontes.