Una explicación extraordinaria de lo que es la conciencia

¿Entender qué es la conciencia nos puede ayudar a evolucionar como seres humanos?

La idea de “tener conciencia” ha permeado en la sociedad actual. Pero, ¿qué es eso que llamamos “conciencia”? Curiosamente, la mejor explicación nos la podría dar la ciencia, algo que a la postre resulta útil para responder preguntas que surgieron en las postrimerías del siglo XX (de la mano de la ciencia ficción) y que siguen sin respuesta. Por ejemplo: ¿puede un robot tener conciencia?

Hasta ahora ningún robot ha superado la prueba de Turing, que evalúa la “conciencia” en la inteligencia artificial desde 1950. Pero es innegable que la tecnología en la actualidad es una extensión de nuestro cerebro; tanto así que, como algunos aseguran, el Internet podría cobrar una especie de conciencia de sí mismo en un futuro cercano.

Pero para saber si esto podría ocurrir, tenemos que saber antes qué es la conciencia según la ciencia. Para Michio Kaku, profesor del City College en Nueva York y gurú de física en los medios digitales, definir la conciencia científicamente es posible

Para Kaku, la conciencia es un producto de la evolución. Pero, ¿en qué basa tal aseveración?

 

La física de la conciencia

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En una una entrevista concedida a Nautilus, Kaku se pregunta lo siguiente:

Los físicos hemos estado fascinados por la conciencia desde siempre […] ¿Hay una conciencia cósmica?

Para responder a esto, el científico aplica los mismos principios de la física que se utilizan para saber más del universo. Se trata de estudiar las correlaciones entre lo micro y lo macro y buscar comprender ciertos comportamientos para saber cómo funcionan en el tiempo. A partir de estas correlaciones, Kaku cree que la física puede indagar los misterios de la conciencia.

 

La conciencia: ¿producto de la evolución?

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Si la conciencia tiene ciertas “leyes”, las mismas están influenciadas por el espacio y el tiempo, como lo puede estar una molécula. A esto Kaku le llama “teoría de la conciencia en el espacio-tiempo”. Y para él, puesto que la conciencia podría estar alojada en el cerebro (más específicamente, en la corteza prefrontal, que se activa cuando tomamos decisiones o nos preguntamos dónde estamos), entender la conciencia y estudiarla requiere de comprender el cerebro y sus leyes en el espacio-tiempo:

“Mañana” es un concepto que tu gato no entiende […] Nosotros entendemos el tiempo de una manera que los animales no.

Y es ahí donde podemos rastrear la conciencia: en nuestra –valga la redundancia– conciencia del tiempo, o los tiempos. Porque nuestra conciencia de nosotros y los otros es también una conciencia de que estamos en un tiempo que va siempre hacia adelante.

Eso no significa que seamos sólo máquinas biológicas que se reproducen y buscan sobrevivir –aunque fundamentalmente sí lo somos, según Kaku–. Pero la naturaleza nos dio nuestras emociones como parte de una necesidad evolutiva. Esas emociones son parte de la conciencia humana. Es la conciencia la que nos despliega las posibilidades que la propia vida nos presenta, más allá de la supervivencia o la reproducción. Por eso somos distintos a nuestro gato.

 

¿Entonces, puede un robot o Internet cobrar conciencia de sí mismos?

Incluso si un robot fuera capaz de saber más que nosotros y hacer planes, no sería más consciente, según la definición de Kaku, porque no sería consciente de sí sólo por tener mucho conocimiento. Lo que nos hace conscientes no es el conocimiento, sino todos los procesos que nos hacen humanos, incluidas las emociones. Éstas no son sólo un cúmulo de conocimiento, sino parte de un proceso evolutivo que se ha extendido durante milenios.

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Arte: Trash Riot

Así, de acuerdo con la definición de Kaku, los robots no pueden tener conciencia porque la conciencia es fundamentalmente producto de la evolución, específicamente, la humana (porque los animales no han evolucionado como nosotros). Por eso el método de la física se puede aplicar al entendimiento de lo que es la conciencia, por lo menos si queremos entenderla a un nivel científico e histórico.

A la definición científica que hace Kaku de la conciencia no le falta belleza. Lo que se desprende de dicha definición es que el ser humano es realmente único. Pero no debemos sentirnos superiores por ello, sino al contrario; debemos tomar con humildad y responsabilidad lo que, según Kaku, la evolución nos ha dado: la conciencia.

 



Los animales también sienten (la ciencia lo avala)

Como los humanos, los animales también sienten, ríen, lloran.

Hace apenas unas décadas, los seres humanos aún se consideraban el centro del reino animal. La superioridad de la mente humana, en comparación con el resto de las criaturas, era incuestionable. Estas ideas estaban tan arraigadas que incluso se pensaba que los animales no tenían la capacidad de sentir. Hoy en día sabemos que esto es rotundamente falso: los animales sienten como nosotros. Además, muchos tienen conciencia de sí mismos. La evidencia científica para demostrarlo es amplia y abarca a un centenar de especies. 

Los animales ríen, lloran, llaman a sus seres queridos. Se ha demostrado que los elefantes, una de las especies más estudiadas, tienen una conciencia desarrollada. Además de ser extremadamente inteligentes y contar con capacidades de cálculo matemático, forman lazos familiares duraderos. También pueden sufrir heridas psicológicas y una especie de estrés postraumático. Si esto no es suficiente para afirmar que la conciencia animal es extremadamente similar a la nuestra, hay todavía más casos que mencionar. 

 

Los animales también sienten 

Si nos adentramos más en el ámbito de la conciencia, quizá lo primero que venga a nuestra mente son las emociones, y sobre todo, la capacidad de expresarlas. Los humanos podemos reír a carcajadas o sentir enojo, pero no somos los únicos. Las ratas se ríen cuando les hacen cosquillas. Además, en un estudio publicado en Science Magazine, se demostró que estos roedores prefieren salvar a un compañero en apuros que comer su comida favorita. ¿Qué significa esto? Que las ratas, como muchos otros animales, sienten empatía por sus congéneres.

La empatía es un rasgo crucial de la conciencia, porque lleva a la formación de lazos fuertes, como la amistad. En otro estudio se demostró que las ovejas reconocen las caras de sus compañeras, incluso después de años de no verlas. Esto nos lleva a un punto todavía más profundo: la idea de que los animales de una misma especie son todos iguales también es falsa. 

La personalidad es un rasgo que también se expresa en los animales. En otra investigación exhaustiva, publicada en ScienceDirect, se tomó a la personalidad optimista y pesimista como variables medibles. Los científicos encontraron que los niveles de ansiedad y síntomas depresivos en ciertos animales llevaban a una personalidad más pesimista, aspecto que se notaba  cuando algunos sujetos expresaban menos expectativas que otros antes de recibir un premio. 

Las pruebas no se reducen al comportamiento, también son biológicas. Algunos mamíferos marinos, como las ballenas y los delfines, poseen un sistema límbico cuatro veces mayor al  nuestro. Este sistema abarca áreas del cerebro relacionadas con las capacidades sociales y los sentimientos. Si dichas zonas han evolucionado de tal manera en estos animales, es por una razón: son habilidades que utilizan todo el tiempo.

La cantidad de estudios que podríamos seguir enumerando es gigantesca. No hay lugar a duda: en gran medida, todos los animales tienen la capacidad de sentir. ¿Cómo es que nos ha tomado tanto tiempo considerarlo? Hay un sinfín de razones detrás de esto, pero todos podemos ponernos de acuerdo en una cosa: si los animales sienten emociones “humanas”, ¿no deberían ser nuestros iguales? 



Las aves rapaces de Australia que están aprendiendo a controlar el fuego

Estas aves utilizan el fuego como arma de caza.

Las primeras fogatas marcaron un hito en la evolución de nuestra especie. El dominio del fiero elemento permitió alumbrar, calentar y cazar. Aparte de los humanos, ninguna otra criatura había iniciado un fuego deliberadamente… hasta ahora, pues al parecer, algunas especies de aves rapaces de Australia han aprendido a controlar el fuego.

¿Por qué estas aves están jugando con fuego? Varios observadores han visto al milano negro y al halcón berigora recoger ramas encendidas para luego llevarlas a otros lugares y dejarlas caer. Esta conducta lleva tanto tiempo que ya ha sido estudiada. Según una investigación publicada en el Journal of Ethnobiologyparece relacionarse con un instinto básico de estas especies: la caza. El fuego es un peligro para las lagartijas, víboras y roedores que les sirven de alimento. Para estas aves, sin embargo, el fuego es un arma. 

El milano negro y el halcón berigora provocan un pequeño incendio con las ramas que dejan caer. Después, reciben a las pequeñas especies que emprenden la huida a pocos metros del mismo. Este audaz sentido de la estrategia se asemeja al de los humanos a un nivel sorprendente. Si aprender a controlar el fuego fue la catálisis de toda nuestra civilización, ¿qué significará para estas aves? 

Por el momento, podemos adjudicarlo al impredecible flujo de la evolución. Tiene todo el sentido que las aves naturalmente busquen maneras de alimentarse de forma más eficiente. Pero el punto que sobresale es la inteligencia que estas especies han sido capaces de desarrollar. Hasta hace poco tiempo, la idea de una conciencia animal no estaba en el horizonte. Seguramente esto se debe, más que nada, a nuestra falta de atención. 

Varios animales poseen una sensibilidad impresionante y compleja que abarca todos los ámbitos de la conciencia humana: la comunicación, los lazos sociales, la capacidad de cálculo. Si algo nos acaban de demostrar estas aves es que los humanos no somos -ni seremos- los únicos en constante transformación.

 

* Fuentes

Mark BontaRobert GosfordDick EussenNathan FergusonErana Loveless y Maxwell Witwer “Intentional Fire-Spreading by “Firehawk” Raptors in Northern Australia,” Journal of Ethnobiology37(4), (1 Diciembre 2017). https://doi.org/10.2993/0278-0771-37.4.700